martes, diciembre 30, 2025

Cuento de Navidad 2025

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Servidor se limitó a contar una mínima anécdota. Mi amigo Óscar Maif y su prima, Jarita Chiloeches, le dieron empaque de ilustración.


Que 2026 nos trate bien a todos.


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martes, abril 29, 2025

La jaula de los monos

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La jaula de los monos

No sé qué extraña conjunción de olores que me ha asaltado esta mañana en una calle ha hecho que me traslade a la vieja y enorme jaula de monos que había en el Parque cuando yo era niño.

En aquellos años de poca conciencia ecológica, convivían en tal prisión toda clase de simios: una pareja de chimpancés, varios mandriles, macacos gibraltareños, monos aulladores, diminutos titís. La algarabía constante de esa república vocinglera y hedionda la azuzaban además los espectadores que no dejaban de arrojar a los monos cacahuetes, trozos de plátano, chicles, pan duro y hasta cigarrillos encendidos porque los chimpancés eran contumaces fumadores. Las peleas en el interior eran feroces y las conductas reprobables: los primates simulaban coitos, se masturbaban como exhibicionistas, o excretaban mostrando el culo (muy colorido en el caso de los mandriles machos) al público congregado. Todo aquello, claro está, que mezclaba el maltrato animal de los mordiscos junto con el atentado a la moral que suponían las continuas prácticas sexuales de los micos, hizo que la delegación municipal de Parques y Jardines decidiera el cierre y desmantelamiento de la memorable jaula de los monos de tan felice memoria.

Bien, sirva todo lo escrito para comentar que, en efecto, el olor que me llegó hace unas horas actuó como magdalena proustiana y me llevó a aquella jaula y a sus desgraciados y apestosos prisioneros, un olor que, no sé a qué rara relación obedecía, lo asocié siempre con el de un corrupto betún de los zapatos.

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Alta luna de Jueves Santo

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Alta luna de Jueves Santo

Anoche, bajo la alta luna llena de Parasceve,
volvió a cumplirse el rito del Santo Jueves
en todos y cada uno de sus puntos.
La liturgia que vengo obedeciendo desde hace
cuarenta años se desarrolló por completo.
Ella estaba allí y yo frente a ella.
Una sola vez al año la miro y soy mirado por ella.
En la calle san Esteban, perfumada de incienso, cera y azahar
el gentío es ajeno a los símbolos que compartimos,
a nuestro particular lenguaje gestual repetido
un año más, una primavera más,
una Semana Santa más.
Ella, un año mayor; yo, un año mayor. 
Aquí seguimos. En este mundo los dos.
Ella, dentro; yo, fuera.
No hacen falta palabras para que la ceremonia
se represente como una oración teatralizada 
en el pequeño reducto
brillante de celofanes, de reflejos vidriosos.
¿Lo de siempre?, me pregunta ella.
Lo de siempre, contesto yo, y a continuación
soy servido con amabilidad 
un año más, una primavera más,
una Semana Santa más.
Ante mí, mirándonos envejecer,
dispone el bocata de chorizo,
las dos latas de Cruzcampo
y la bolsa chica de BocaBits.
Lo meto todo en la pequeña mochila.
Hasta el año que viene, señora, le digo yo.
Hasta el año que viene, caballero, contesta ella.
Salgo. Me esperan en la placita
donde toda la belleza se da cita,
un año más, una primavera más,
una Semana Santa más.
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jueves, enero 09, 2025

Lecturas de 2024

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LECTURAS de 2024

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Así a lo bruto, sin glosas, paso a limpio mi lista de lecturas de 2024. Mi base de datos, que inauguré en 1993, me confirma que nunca desde entonces había leído tan poco (aunque he superado la sima del pasado año). Aún sigo analizando el porqué de esta situación mía, donde algunos de sus ingredientes son sin duda la pereza, la mala vista, el maldito Instagram y el paulatino desinterés por la ficción. En fin, excusas.

Lecturas y (*) relecturas

1. “Baumgartnen” Paul Auster
2. “La verdad en Tres días del 33” Ramón Pérez Montero
3. “Esperando a los bárbaros” J. M. Coetzee
4. “El fin de la ciencia” Manuel Lozano Leyva
5. “Retratos españoles” Ernesto Giménez-Caballero
6. “El bombero de Pompeya” Miguel Ángel García Argüez
7. “La Historia empieza en Sumer” Samuel Noah Kramer
8. “Crónica de un asesino de Buenos Aires” Claudio Goldoni
9. “La antigua Esparta” Juan Miguel Casillas
10. “Españoles de tres mundos” Juan Ramón Jiménez
11. “La juventud de Cervantes” José Manuel Lucía Megías
12. “Una historia particular” Manuel Vicent
13. “Persiguiendo a Einstein” Antonio y Eduardo Acín
14. “Sátiras, epístolas, arte poética” Horacio
(*) 15. “Tan triste como ella y otros cuentos” Juan Carlos Onetti
16. “La vida breve” Juan Carlos Onetti
17. “Confesiones de un inglés comedor de opio” Thomas de Quincey
18. “Mi prima Rachel” Daphne du Maurier
19. “Destino y destiempo de Max Aub” Antonio Muñoz Molina
20. “Te golpearé sin cólera y otros cuentos” Antonio Muñoz Molina
21. “España en 1700” VV. AA.
22. “Las posibilidades” David Eloy Rodríguez
23. “39 (simples) cuentos filosóficos” VV. AA.
24. “La mano en el fuego” Juan Antonio Bermúdez
25. “La madurez de Cervantes” José Manuel Lucía Megías
26. “Teoría general de sistemas” Ludwig von Bertalanffy



Felices Fiestas en general y con el Tío Camborio en particular 2024/2025

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martes, julio 16, 2024

Sardinas

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¿Cuál es la ración de sardinas adecuada, independientemente del saque que tenga cada uno? (hablo de gente moderada y de las sardinas tirando a grandes propias de la Costa de la Luz). Pienso que un mínimo de 3 ejemplares y un máximo de 6. Todo lo demás es gula y despropósito. Además, un cólico con vomitona de sardinas es inolvidable.

A mí me gusta comerlas con tenedor y cuchillo, si es con palita de pescado, mejor, ejerciendo sobre ellas una virtuosa labor cisoria cercana a la quirúrgica. Pinchando el gaznate, eviscero el pescadito, le doy la vuelta y recorto luego la aleta dorsal sacando dos lomos limpios (les dejo puesta la crujiente piel porque me gustan mucho los microplásticos y los metales pesados): uno de los desespinados lomitos lo deposito a lo largo del cuchillo y p'adentro que va; el otro, lo extiendo en un rebanadita de pan previamente lubricado con la grasilla que suelta el ex-pez clupeiforme de bellos ojos, y p'adentro también. En el plato quedan limpias las raspas con su cabecita y su colita.

En ningún momento toco el cadáver con los dedos, principal objetivo.

Una sencilla ensalada de lechuga, tomate y cebolla es el mejor acompañamiento. O un picaíllo de tomate, cebolla, pimiento y pepino. Para beber, cerveza, verdejo, albariño, vinho verde o txakolí. Cualquiera vale, siempre y cuando esté muy frío.

Tras ello es aconsejable una buena siesta de horita y media sobre fresca sábana de algodón, teniendo como casi imperceptible fondo alguna sonata de Beethoven y/o el runrún del ventilador si es usted de clase humilde. Ojo, la ingesta de sardinas y la práctica del sexo no se llevan bien. Absténganse.

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jueves, julio 11, 2024

Robinson sufría y yo me alegraba

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Manuel Vicent recuerda en su libro lo que dijo Borges en uno de sus relatos: a consecuencia de someter a la esclavitud a los negros, disfrutamos hoy del blues y del jazz. Y yo pregunto, ¿existiría la literatura en un mundo feliz, justo, organizado? Pues seguramente, pero carecería de todo interés. En el cóctel de la literatura, el amargo zumo del sufrimiento es el principal ingrediente, declaró Gunda Paxcallo.

Ayer, al abrir una puertecilla y verlos ahí dentro —los conservo todos— después de mucho tiempo, recuperé un recuerdo: el placer completo que representaba para mí cuando niño el reunir el dinero suficiente para poder comprar en la papelería-librería de Luis Nogales, en la avenida de los Teatinos, un libro de la colección Historias Selección de Bruguera. Salía solo de casa y allá me dirigía, pues aquel era un gozo estrictamente solitario, llevando las monedas justas apretadas en el puño. El propio Nogales —gordinflón, calvichi, con bigotito— ponía sobre el mostrador los ejemplares que entonces tuviera. ¡Qué difícil era elegir solo uno! Mi decisión la determinaba casi siempre la portada, pues apenas conocía títulos fuera de los habituales.

Todavía me emociona el verdiazul que tanta profundidad daba al mar donde, luchando contra las olas, Robinson Crusoe se salvó del naufragio agarrado a un trozo de mástil; un color que tanto me perturbó y que tantas promesas de placer contenía. Allí estaban la felicidad (mía) gracias al padecer de otro (Robinson).


Compruebo ahora que en el mercado electrónico de libros de segunda mano, se puede conseguir un ejemplar de él en perfecto estado por poco más de 1 euro. Qué tristeza.

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lunes, mayo 20, 2024

Génesis

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Expulsados Nuestros Primeros Padres del Paraíso por el Ángel de flamígera espada enviado por el Creador, sintieron vergüenza de su propia desnudez. Fue así que cubrieron con urgencia sus naturas con sendas hojas de parra. ¿Pero cómo fue que las sujetaban? 

Muy sencillo. La primigenia mujer, Eva —dotada ya del conocimiento que le había proporcionado el comer la fruta del Árbol del Bien y del Mal— confeccionó unos cordones con fibras vegetales que ataron a sus cinturas y de los que colgaron las hojas. Se sintieron aliviados.

Pero fue que Eva quedó preñada llevando en su seno a Caín y comunicó a su hombre que el cordón de fibras le apretaba el vientre. "Necesito que se vaya ampliando conforme engordo", le dijo. Y Adán, que ya se ganaba el pan con el sudor de su frente, hizo un cintillo con la piel de una cabra que llenó de una fila de agujeritos. "Aquí tienes, mujer. Cada mes ganarás un agujero", le dijo. "¿Pero con qué lo sujetaré en torno a mí?", le preguntó. Y Adán, que ya conocía el fuego y el arte de la metalurgia, fabricó durante el nuevo amanecer una pieza que solucionó la incomodidad. Y como la pieza fue destinada a Eva, la llamó... Evilla.

Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

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miércoles, abril 10, 2024

Así lloró Zaratustra

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Laboriosamente, ayudado de su bastón, Zaratustra subió de nuevo el camino y requirió la presencia de Ahura Mazda entonando el Canto de Llamada acompañándose del sistro:

—¡Oh, Uno en la Unidad, alabado sea tu Ser en el Ser! ¡Imploro tu ayuda! 

Momentos después, un viento súbito agitó las ramas de los sicomoros haciendo huir a los pájaros. Un punto en el cielo apareció sobre el Montículo de los Guijarros y se corporeizó en el Águila Sagrada que cabalga el Uno. Brillaba como el oro su barba rizada.

—Aquí me tienes, Zaratustra. Mueve tu lengua.

—Tuve anoche un sueño, Señor de la Altura. Yo caminaba sobre las aguas del lago de Uruk acompañado de una mujer. Una mujer bella como el sol cuyo cuerpo desnudo solo al marfil y al nácar pudieran compararse. Sin decir nada, aquella mujer me ofreció una copa de un vino que escanció de una jarra de barro humilde. Lo rechacé diciendo que el vino nubla el entendimiento. Entonces, la mujer se metamorfoseó en una serpiente que arrollándose a mi cuerpo hacía por asfixiarme. Desperté alterado. ¿Qué puede significar mi sueño, Sabedor de Lo Todo? 

—A veces los sueños son tan confusos como la confusión del vino, pero el tuyo es claro. La mujer es tu alma, Zaratustra, y el lago por el que camináis es tu carne mortal.

—¿Y el vino?

—¿El vino? ¡Po tríncame el pepino!

Y dicho esto, Ahura Mazda emprendió el vuelo sobre el Águila Sagrada de las amplias alas, no sin dejar tras él un rastro de carcajadas.

Así lloró Zaratustra.


miércoles, abril 03, 2024

Mi amigo Witt

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Seguramente no os lo vais a creer, pero debo confesaros que yo cultivé cierta amistad con Wittgenstein (en otra vida, claro). Era un tipo adusto, malajón y no le gustaba nada que en la conversación se empleara la ironía. Me llamaba Sapp, pronunciando con fuerza la pe final. Yo lo llamaba Witt. Nos entendíamos bien, ya que él hablaba el español con mucha perfección, aunque con un marcado acento gallego, cuestión que nunca me aclaró.

Era además, tacaño, muy tacaño. Hay que ver, con la de pasta que tiene tu familia y lo poco que te gastas, joder, que no me has invitado ni a una cervecita, le decía yo. Entonces me contaba lo de su renuncia a la herencia familiar. Pues haberte quedado con un poquito de parné, mamón, que eres de la Virgen del Puño, le respondía.

Un día me llevó a conocer a su mentor, a Bertrand Russell. A éste también había que echarle de comer aparte. Un estirado, un clasista británico. Con su pipa y su camisa de cuello alto, que parecía la de Mortadelo. Cuando lo vi en persona me recordó a una de esas marionetas de Guardianes del Espacio o del Capitán Escarlata. Os acordáis, ¿no?. Bueno, seguro que mi legión de lectores jóvenes no sabe de qué hablo.

Lo curioso es que en esa reunión a la que asistí, Witt y Russell apenas hablaron. Russell se levantaba de vez en cuando de su sillón orejero y se servía una copa de jerez. Ni ofrecía. Otro sieso tacaño. Total, que nos fuimos tan en silencio como llegamos. A las pocas yardas de caminar juntos, Witt se despidió de mí. Pero antes, y con su curioso acento gallego me hizo el regalo de un aforismo exclusivo: Yo soy él como tú eres él como tú eres yo y estamos todos juntos

No lo vi más. Bueno, miento; en otra vida me crucé con él en la calle de la Morsa (iba el hombre pensando en las musarañas con un cuaderno marrón en las manos). Lo mismo se hizo el sueco.

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