domingo, marzo 28, 2021

Kratos Morretöl, "Camino a Flochiz" (1912)

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Los inviernos pasados en Flochiz, pueblo natal de sus abuelos paternos, siempre supusieron para Kratos Morretöl el mejor de los recuerdos, y no porque el pueblito y su entorno fueran especialmente bellos, ya que, hasta en los días más templados, los amaneceres llegaban acompañados de pertinaces nieblas que no se disolvían hasta bien entrada la tarde, lo que hacía que el lugar resultara un tanto lúgubre. Pero todo lo compensaban las historias que su abuelo, el viejo capitán Claudes Morretöl, le contaba acerca de los personajes fabulosos que habitaban los bosques de Flochiz, como por ejemplo, el Broco, una criatura mitad hombre y mitad oso, que se apoderaba de los pantalones de los caminantes siempre que fueran de pana; o la Zurpathopeya, una gigantesca rata que devoraba a los que se internaban en el bosque a hacer sus necesidades mayores. Todas estas historias, contadas al amparo de la chimenea, llenaban de inquietud al pequeño Kratos, que nunca dejó de sentirse intranquilo cuando, ya estudiante de artes y siempre vigilante de su espalda, plantaba su caballete entre la floresta para plasmar en sus lienzos muchos lugares de la villa, como este "Camino a Flochiz" que hoy muestro; el camino que, no sin temor, tantas veces recorrió acompañado de su abuelo, cuando ambos regresaban del molino de comprar harina para que la bondadosa abuelita Graâkila elaborara las deliciosas tartas de nata y sardinas ahumadas que tanta fama le habían dado en la región.  


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miércoles, marzo 24, 2021

Kratos Morretöl, "El faro de Prari" (1911)

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El propósito de restablecerse de su estado de postración, llevó a Kratos Morretöl a aceptar la invitación de su amigo, el compositor Antone Volvos, para pasar unas semanas de asueto en la localidad costera de Prari. Allí, alojado en casa de Antone —una pintoresca construcción situada a los pies del viejo faro— y de su esposa, la gentil Marüka, Kratos tuvo la oportunidad de conocer a Marüketa, la hija del matrimonio, de la que se enamoró perdidamente. Sea que los días fueron meteorológicamente espantosos y que Marüketa rechazó sus proposiciones galantes, pues la joven tenía proyectado ingresar al año siguiente en el monasterio de Purto Sancte, hicieron que la noticia, lejos de recuperar a Kratos Morretöl de su melancolía, lo decidiera a despeñarse por los acantilados durante una noche de tempestad, tanta fue la desesperación en que lo sumió el amor contrariado de la muchacha; pero la oscuridad del exterior lo confundió y en vez de arrojarse por la parte del mar, lo hizo por el lado donde, pocos metros más abajo, unos peñascos ofrecían refugio a un grupo de cabras. El impacto fue terrible, dando como resultado la dislocación del húmero izquierdo del artista más la fractura de cuatro costillas y el que una de las cabras le devorase buena parte del sombrero. De aquella aciaga estancia en el hogar de los Volvos es el cuadro "El faro de Prari" que hoy ofrezco y que se expone actualmente en el Museo Departamental de Vullinas, su ciudad natal
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