miércoles, marzo 24, 2021

Kratos Morretöl, "El faro de Prari" (1911)

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El propósito de restablecerse de su estado de postración, llevó a Kratos Morretöl a aceptar la invitación de su amigo, el compositor Antone Volvos, para pasar unas semanas de asueto en la localidad costera de Prari. Allí, alojado en casa de Antone —una pintoresca construcción situada a los pies del viejo faro— y de su esposa, la gentil Marüka, Kratos tuvo la oportunidad de conocer a Marüketa, la hija del matrimonio, de la que se enamoró perdidamente. Sea que los días fueron meteorológicamente espantosos y que Marüketa rechazó sus proposiciones galantes, pues la joven tenía proyectado ingresar al año siguiente en el monasterio de Purto Sancte, hicieron que la noticia, lejos de recuperar a Kratos Morretöl de su melancolía, lo decidiera a despeñarse por los acantilados durante una noche de tempestad, tanta fue la desesperación en que lo sumió el amor contrariado de la muchacha; pero la oscuridad del exterior lo confundió y en vez de arrojarse por la parte del mar, lo hizo por el lado donde, pocos metros más abajo, unos peñascos ofrecían refugio a un grupo de cabras. El impacto fue terrible, dando como resultado la dislocación del húmero izquierdo del artista más la fractura de cuatro costillas y el que una de las cabras le devorase buena parte del sombrero. De aquella aciaga estancia en el hogar de los Volvos es el cuadro "El faro de Prari" que hoy ofrezco y que se expone actualmente en el Museo Departamental de Vullinas, su ciudad natal
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