domingo, marzo 28, 2021

Kratos Morretöl, "Camino a Flochiz" (1912)

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Los inviernos pasados en Flochiz, pueblo natal de sus abuelos paternos, siempre supusieron para Kratos Morretöl el mejor de los recuerdos, y no porque el pueblito y su entorno fueran especialmente bellos, ya que, hasta en los días más templados, los amaneceres llegaban acompañados de pertinaces nieblas que no se disolvían hasta bien entrada la tarde, lo que hacía que el lugar resultara un tanto lúgubre. Pero todo lo compensaban las historias que su abuelo, el viejo capitán Claudes Morretöl, le contaba acerca de los personajes fabulosos que habitaban los bosques de Flochiz, como por ejemplo, el Broco, una criatura mitad hombre y mitad oso, que se apoderaba de los pantalones de los caminantes siempre que fueran de pana; o la Zurpathopeya, una gigantesca rata que devoraba a los que se internaban en el bosque a hacer sus necesidades mayores. Todas estas historias, contadas al amparo de la chimenea, llenaban de inquietud al pequeño Kratos, que nunca dejó de sentirse intranquilo cuando, ya estudiante de artes y siempre vigilante de su espalda, plantaba su caballete entre la floresta para plasmar en sus lienzos muchos lugares de la villa, como este "Camino a Flochiz" que hoy muestro; el camino que, no sin temor, tantas veces recorrió acompañado de su abuelo, cuando ambos regresaban del molino de comprar harina para que la bondadosa abuelita Graâkila elaborara las deliciosas tartas de nata y sardinas ahumadas que tanta fama le habían dado en la región.  


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