viernes, marzo 27, 2015

Damero Mardito, nº 66 (marzo)

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  DESEO DEL NIÑO BRUGUERA

"¡Oh! Quedarse turulato
ser feliz como un calamar
disfrutar como un dromedario
darle a uno un soponcio,
defuncionarse
ser un merluzo
ser un berzotas
ser igualico
que el difunto
de su agüelico
y exclamar ¡sapristi!
antes de abandonar
este mundo cruel
dejando bajo los pies
una nubecilla de polvo
en la viñeta final".

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Solución al Damero anterior (nº 65)
A. Malilla, B.Sofoco, C. Pollazo, D. Inverness, E. Lagrato, F. Luchad, G. Arina, H. Nacer, I. Estrella, J. Recalces, K. Estéreo, L. Devanaré, M. Sangría, N. Inflamada, Ñ. Narrad, O. Intenso, P. Émulo, Q. Sayón, R. Tovén, S. Relles, T. Acudid.

Acróstico: M. Spillane, "Red siniestra".
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viernes, febrero 20, 2015

Damero Mardito, nº 65 (febrero)

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Continuidad de los niños de sexto

Viendo ayer junto a mi hijo mayor una magnífica biografía de Louis Armstrong en el canal televisivo "Beca", le comenté que el día que murió el genial jazzman yo tenía al igual que él, once años (igual que mi hijo, se entiende). 

El recuerdo de aquel domingo de julio es muy vivo. Era tarde-noche y la familia, como no podía ser de otra manera, se encontraba sentada frente al televisor, atentos los hombres a los resultados de la jornada futbolística con resguardos de quinielas en las manos (¿había Liga a primeros de julio? Seguro que me engaño). Llegada la hora, comenzó un Telediario y allí fue donde dieron la noticia del fallecimiento del gran "Satchmo", acompañada, imagino, de variada iconografía del finado. Mientras los televidentes de la casa permanecían ensimismados con la narración del locutor, a mí no se me ocurrió otra cosa que comenzar a dibujar en el margen de una página del periódico una caricatura de Armstrong. 

En 1971 yo aún poseía el talento dibujístico que luego el tiempo se encargó de desvanecer. Comencé dibujando una cabeza grande, de negro, con ojos redondos y saltones y una boca enorme que enseñaba unos dientes y unos labios igualmente enormes. Con el boli lo ennegrecí todo y luego dibujé el traje blanco y la mano que sostenía la trompeta y sujetaba un pañuelo. El resultado me llenó de satisfacción porque además el parecido era considerable. Pero luego decidí que mi Armstrong no llevaría pantalones, por lo que esbocé unas piernas negras que asomaban bajo la chaqueta. Muy ocurrente era yo. El caso es que mi idea me llevó a otra y ahí acabé con el cuadro: con trazos exultantes completé la caricatura dibujando entre las piernas un enorme pene que llegaba al suelo. Un pene gigantesco, de esos que como en el chiste, tienen prepucio, pucio y postpucio. Una tercera pierna que San Juan de la Cruz no hubiera dudado en calificar de pollón de mil demonios. 

Terminado el trabajo y lleno de gozo por tan divertido resultado no dudé en mostrar la obra a la familia. Quedaron desconcertados, claro. Sobre todo mamá y la tita. El único que se atrevió a romper el bochorno de tal silencio fue mi padre que con mano velocísima me arreó tal guantazo en la nuca que me hizo dar con la frente en la mesa. "¡A ver si aprendes a respetar a los muertos, niño!" me dijo haciendo pedacitos mi genial dibujo. 

Sap. 18 sept. 2003 
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Solución al Damero anterior (nº 64)
A. Soplar, B. Fideos, C. Orcadas, D. Roñoso, E. Tahona, F. Escudo, G. Sidecar, H. Eneldo, I. Loción, J. Anhielo, K. Melindre, L. Aliento, M. Nemo, N. Trigo, Ñ. Esculpo, O. Addenda, P. Linterna, Q. Boquete, R. Así, S. Nimios, T. Ellis, U. Sinecura.

Acróstico: S. Fortes, "El amante albanés".
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miércoles, enero 14, 2015

Damero Mardito, nº 64 (enero)

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LA EXPIACIÓN DE PARREÑO

Fueron al menos dos años los que dedicó Lorenzo Parreño a decidir qué instrumento musical aprendería a tocar en el Conservatorio de su ciudad, Jaramilla. A todos los que examinó les fue encontrando una pega: el arpa era aparatosa, el oboe necesitaba de mucho soplar, el violín era complicado, el pífano un poquito cursi... y él lo que quería, lo que necesitaba era algo contundente que le ayudara a aliviar sus tensiones y a aminorar la angustia vital que lo iba invadiendo día por día; así que finalmente se decidió por el bombo. "Un buen bombo y una buena maza es cuanto me hace falta” —se dijo— “Ah, y un frac para cuando me haga músico de verdad".

Fue así que matriculado en las clases de percusión, se especializó al cabo de un lustro en el aporreo del dichoso bombo, instrumento con en el que confirmó que había encontrado salida a sus pesares. Así que cuando, formando parte ya de la orquesta filarmónica de Jaramilla, emprendió por vez primera la partitura de la Novena de Beethoven, golpeó con tanto entusiasmo el bombo, que en cada nota vertió con creciente brío muscular su preocupación por el cambio climático del planeta, por los refugiados de las guerras, por la explotación laboral de los niños en el Tercer Mundo, por la trata de blancas por parte de las mafias eslavas... Cada golpe de la maza percutía en el parche con doblada fuerza y lo hacía congestionarse; la cara roja y la calva sudorosa fueron señales preocupantes de un próximo colapso, lo que obligó al director a detener la ejecución de la obra ante la estupefacción del público.

--¡Pero por favor, Parreño, aténgase a la cadencia que marca la partitura porque de seguir golpeando así el bombo se nos va a desgraciar!

--¡Calle, calle y continuemos, don Federico (don Federico fue el director invitado en la temporada de conciertos de 2027) se lo pido por favor! ¡Mi bombo y yo hemos venido al mundo a redimir los pecados de los hombres!

Y dicho esto y en vista de que Lorenzo no deponía su actitud, don Federico agitó de nuevo la batuta y la sinfonía se retomó con golpes de bombo cada vez más fuertes: "¡Por la codicia de muchos, por el egoísmo de los poderosos, por la injusticia de quien debería impartir justicia!" salmodiaba Lorenzo a grito pelado, llevando tanto a sus compañeros como al público por medio del ensordecedor aporreo  a una catarsis que acabó en aullidos de exaltación y que al terminar la obra de Beethoven, como en una sesión de santería caribeña, hizo que el bombo siguiera resonando a los compases de la "Marcha Radetzky" con el público enfervorecido, presa de la histeria colectiva y con un Lorenzo Parreño que con los nudillos descarnados y los ojos fuera de las órbitas, seguía gritando con cada golpetazo: "¡Yo soy la voz que clama en el desierto!, ¡yo soy el camino, la verdad y la vida!¡Bienaventurados los que tienen hambre porque ellos serán saciados!"

Cuando finalmente, el bombo quedó destrozado a mazazos y Lorenzo Parreño, víctima de una embolia, evacuado del escenario por los servicios médicos de urgencia, la interpretación del tema “El relicario” del maestro Padilla, tranquilizó a espectadores y ejecutantes y pudo seguirse el desarrollo del programa sin mayor contratiempo. Sobre el escenario, entre los contrabajistas y un señor que tocaba el xilófono, quedó el bombo de Lorenzo, que hecho astillas y con el parche ensangrentado como un tambor de Calanda, daba cuenta de lo acontecido durante aquella velada musical cuyo recuerdo se desvaneció como un sueño a los pocos minutos.


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Solución al Damero anterior (nº 63)
A. Derogan, B. Ondeas, C. Ungirás, D. Grafiosis, E. Lamparón, F. Alumbrar, G. Somera, H. Payazo, I. Ramplón, J. Efebo, K. Sordao, L. Tuyos, M. Óperra, N. Náyade, Ñ. Inglesia, O. Majorera, P. Payés, Q. Amanda, R. Chiclán, S. Turrón, T. Omisa.

Acróstico: Douglas Preston, "Impacto". 

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lunes, enero 05, 2015

2014. Resumen del año lector.

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Para algunos ojos ajenos, pertenezco a ese grupo de codiciosos que anota en un cuaderno las lecturas que se van sucediendo en el año y escribe junto al título del libro y el nombre del autor, si se trató de una relectura, si el libro lo saqué de la biblioteca, si lo leí en formato electrónico… Pero no creo que nada de esto lo haga por codicia (aunque en la compulsión lectora se adivine una neurosis de coleccionista, una neurosis más que podría corregir un psicólogo competente) sino como constatación de cuán frágil es la memoria y, hasta llegado el caso, cómo lo trastabillea todo.

Leyendo listas de años pasados, el asombro no cesa al advertir que de la mayor parte de lo leído no recuerdo nada. Libros enteros quedan resumidos en una escena, en el gesto de un personaje o en una línea de diálogo. ¿Dónde queda lo demás, se almacena en algún sitio? Confío en que toda esta sustancia que no recordamos --que se va depositando como una especie de limo en el fondo de un charco-- sea la materia de la que estamos formados.

Hala, pues a ver quién tiene estampitas repes...


Lecturas de 2014

1. “El coronel no tiene quien le escriba” Gabriel García Márquez.
Relectura. Para mi asombro, conserva toda la frescura de la primera y segunda vez.

2. “Doña Perfecta” Benito Pérez Galdós.
Relectura. Novela de tesis de Garbie y por tanto con personajes estereotipados y grandes dosis de cartón piedra de las que carecen las posteriores Novelas Contemporáneas.

3. “Demasiada felicidad” Alice Munro.
Mi estreno con doña Alicia me dejó demasiadamente frío.

4. “Walden” H. D. Thoreau.
La pregunta es: si este hombre se encontraba tan a gustito solaina en su plan de Juan Palomo, ¿cómo que volvió a la civilización?

5. “Itálica y los italicenses” Antonio Caballos Rufino.
El mejor ensayo para conocer la camarilla bética que se organizó en torno a Trajano y Adriano –emperadores ambos con premio–, ilustres nativos del lugar. Imprescindible para el curioso del tema.

6.“En la orilla” Rafael Chirbes.
Hasta ahora, el gran novelón de la crisis que soportamos. Punto pelota. Su lectura llega a ser dolorosa.

7. “El aguador de Sevilla” Francisco Robles.
Dos intrigas paralelas en torno a Velázquez. Para echar el ratillo.

8. “¿Esto es paranormal?” Richard Weisman.
Bueno, un poco de desengrasante nunca viene mal.

9. “Un día de estos” José Iglesias Blandón.
El autor escribe tan bien cuando se pone en plan realismo sucio americano, que a veces es difícil entenderlo.

10. “El hermano bastardo de Dios” José Luis Coll.
Relectura. Agridulce material memorialístico del que fue pareja de hecho de Tip.

11. “El beso de la mujer araña” Manuel Puig.
Me temo que el tiempo ha triturado la historia que plantea.

12. “Dos viajes en automóvil” Miguel Delibes.
Delibes es casi siempre caballo ganador. A través de estos dos viajes (año 80) por Alemania y el Benelux, se constata por comparación, cuánto ha cambiado este país nuestro desde entonces.

13. “El túnel del tiempo” Murray Leinster.
Una novela que se agotó en las diez primeras páginas.

14. “La taberna” Emile Zola.
Tremendismo naturalista en estado puro en una tensión que no decae ni un segundo. Novelón.

15. “Tres historias de fantasmas” Susan Hill.
El gusto y maestría de los british por las ghost stories se percibe aquí pero de manera irregular. Una historia me gustó, las otras dos, no.

16. “14” Jean Echenoz.
Bueno, sí. Pero tampoco para tanto, ¿no?

17. “Diarios, 1” Iñaki Uriarte.
Divertidas reflexiones y vivencias de un señorito donostiarra en toda regla.

18. “El mar” John Banville.
Gran novela. A los que ya nos alcanzó el tiempo, su lectura nos puede dar en to el bebe.

19. “Los adioses” Juan Carlos Onetti.
Bueno, sí, también, estooo… Decididamente, tengo un problema con Onetti.

20. “El héroe discreto” Mario Vargas Llosa.
Un Vargas Llosa “asequible”. El tercio final posee una estructura de culebrón que mosquea, pero que luego se juzga ineludible.

21. “En busca del unicornio” Juan Eslava Galán.
Muy divertida novela. Muy conseguida parodia en forma y lenguaje de algún cronista de Indias.

22. “Moby Dick” Hermann Melville.
Ochomil veraniego. Me interesó más la parte enciclopédica sobre cetáceos, que las peripecias del pelma de Ahab.

23. “Las preguntas de la vida” Fernando Savater.
Horrendo título para uno de los mejores libros con que tropecé este año. Dirigido a estudiantes de bachillerato, mi plena burrez en materia filosófica agradeció mucho esta inmersión. Merece relectura con boli y libreta al lado para completar los “ejercicios” que propone este epicureísta de trasojado mirar.

24. “La piel de zapa” Honoré de Balzac.
Con Balzac nunca se falla. ¿Cuántos han chupado de su ubérrima teta (que en vez de leche merengada daba tinta china)?

25. “La vida eterna” Fernando Savater.
Complemento perfecto para Las Preguntas de la Vida citadas más arriba.

26. “Los filósofos” Ted Honderich.
Manual biográfico de la Oxford University. Salvo algunas figuras, pestiñazo para el profano.

27. “Los cuerpos extraños” Lorenzo Silva.
La más floja de las entregas de la parejita Bevilacqua/Chamorro.

28. “En las cimas de la desesperación” Emil Cioran.
Se pueden calificar de irrefrenables las ganas que le asaltan al lector de despeñarse tras subir a esas cimas.

29. “Bestiario” Julio Cortázar.
Relectura para conmemorar el centenario. Se contienen tres o cuatro cuentos imprescindibles para el hombre modenno.

30. “El libro de las últimas cosas” John Connolly.
Versión negra de varios cuentos de hadas entrelazados. El autor es un petulante.

31. “Los hombres mojados no temen la lluvia” Juan Madrid.
La mejor novela negropolicial del año.

32. “Los liberales” Francisco García Pavón.
Relectura de una coleccioncilla de relatos deliciosos sobre un tiempo ido e irrecuperable.

33. “Mira por dónde” Fernando Savater.
Relectura. La parte dedicada a la infancia y adolescencia de esta autobiografía es otra delicia. Un verdadero canto a los placeres de la literatura y los tebeos.

34. “La filosofía contada con facilidad” Javier Sádaba.
Más bien, debió titularse “La filosofía contada con sosería”.

35. “Viaje al final de la noche” Céline.
Tras un principio trepidante –digamos que 100 páginas– la novela se convierte en un muermo indecible.

36. “Spinoza: filosofía práctica” Gilles Deleuze.
No me enteré de un solo renglón. Nada en absoluto. Frustración completa ante mi tito Benito.

37. “Dora Bruder” Patrick Modiano.
Primera toma de contacto con este hombre, recién nobelizado. Si te gusta Auster, te gustará Modiano. Y a mí me gusta Auster.

38. “Memorias encontradas en una bañera” Stanislaw Lem.
Rollazo completo. La terminé solo por comprobar en qué grado se puede llegar a aburrir a un bienintencionado lector.

39. “El balcón en invierno” Luis Landero.
Junto con la de Chirbes, la mejor novela española del año. Siento por Landero un afecto especial.

40. “Las armas y las letras” Andrés Trapiello.
Imprescindible y esclarecedora para conocer a los autores de la literatura que se hizo en la República y durante la Guerra Civil.

41. "Mi tío Oswald” Roald Dahl.
Algo repetitiva al final, nada iguala a esta cachondez delirante.

42. “Las Historias Naturales” Joan Perucho.
Aquí hay tela que cortar. Realismo mágico mezclado con erudición borgiana y camelo socarrón.

43. “El Giocondo” Francisco Umbral.
Retrato terrible de la beautiful people matritense de finales de los 70. El asunto a tratar es indiferente con Umbral. Nadie ha cronificado como él.

44. “El molino de viento y otras novelas cortas” Camilo J. Cela.
Había que tener muy poca vergüenza para dar a la estampa chuminadas de tal calibre después de haber escrito tres o cuatro obras imprescindibles de la lite española.

45. “La felicidad de los pececillos” Simon Leys.
Agradable, ligera. Me esperaba un poco más.

46. “En el café de la juventud perdida” Patrick Modiano.
No sé. Me ha resultado como un poco más de lo mismo. Entiendo que ser parisino es un plus muy valioso al enfrentarse con Modiano. El Street View, también.

47. “En casa” Bill Bryson.
Interesante repaso de la historia de la vida privada  doméstica (anglocentrista) a través de los enseres domésticos. Un exceso de ‘parece que’, ‘se cree que’, ‘puede ser que’, lastra la fiabilidad de tanto dato inverosímil. En todo caso, Bryson, y salvo pasajes algo áridos como los dedicados paradójicamente a los jardines, es siempre entretenido.

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De todos los títulos y dejando aparte las relecturas, el podio de este año lo ocuparían:

“Las preguntas de la vida" Fernando Savater.
"El balcón en invierno" Luis Landero.
"En la orilla" Rafael Chirbes.

Por contra, el premio "Babuchazo de Muermo Triple Cero" va dirigido aaaaa:

“Memorias encontradas en una bañera” Stanislaw Lem.
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lunes, diciembre 22, 2014

Damero Mardito, nº 63 (diciembre)

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 Vocaciones sin vacaciones


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La vocación de hacerse mecánico dentista, se despertó en Pedrito Ormaechea desde la edad más temprana, pues nada más tener acceso a ese material inédito y moderno que fue la plastilina, se dedicó a hacer moldes de los dientes que extraía a todos los borricos muertos que se encontraba por el campo. ¡Y no solo borricos! En pocos meses y gracias a la técnica de rellenar los moldes de plastilina con una aleación de estaño y plomo, Pedrito atesoró una valiosa colección de dientes y muelas de ovejas, cabras, vacas, perros y de los citados burros.

Fue el dominio y perfección de tal arte lo que le llevó a considerar el fabricar para su abuela Domitila (propietaria de una administración de Loterías) una dentadura postiza completa confeccionada con dientes de origen ovino y vacuno y con la inclusión de colmillos de un perro de aguas. Toda vez que los dientes metálicos los atornilló en unas láminas de plástico azul (porque las había recortado de un cubo de fregona) que hacían las veces de encías, el efecto que causaba el conjunto en la boca de la anciana señora, era sorprendente, pero a la vez, funcional, así que fue tanto el éxito de la dentadura postiza, que muchos vecinos desdentados le encargaron sendos modelos donde el bueno de Pedrito no dudó —siempre a gusto del cliente— en combinar muelas y caninos de diversos animales. Incluso a su primo Paquito Morilla, el delantero centro del equipo local de fútbol, el Centellas C. F., le sustituyó sus incisivos cariados por unos de liebre que le daban un cómico aspecto pero que eran inmejorables para efectuar una de sus grandes pasiones, esto es, roer los huesos de los pollos asados.

Con el tiempo, ¡oh, el tiempo, esa cosa tan jodidamente inaprehensible!, Pedrito Ormaechea obtuvo el deseado título de mecánico dentista, abrió un gabinete-taller en una selecta calle de la localidad y se casó con Antoñita Moreno, alias la Coneja, llamada así no por sus dientes sino por su facilidad para parir pequeñuelos, tanto, que hizo padre de sextillizos a Pedrito, a todos y cada uno de los cuales, los dotó de dentaduras postizas en miniatura que les colocó el mismo día de su bautizo. ¡Ay, cómo sufría la abnegada mamá dándoles el pecho a tan insaciables tragoncetes!

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Solución al Damero anterior (nº 62)
A. Boyardo, B. Muerte, C. Escofina, D. Líquenes, E. Tánatos, F. Zinc, G. Escapo, H. Rodelas, I. Enredado, J. Manganeso, K. Posees, L. Atanor, M. Teclado, N. Enjundia, Ñ. Alces, O. Momio, P. Útero, Q. Éfeso, R. Regalías, S. Trigal, T. Electas.

Acróstico: B. Meltzer, "Empate a muerte".
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lunes, noviembre 17, 2014

Damero Mardito, nº 62 (noviembre)

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DÉBITOS

Lo que más nos dolió de la muerte de Eduardo —de Eduardito Martínez Grau— no fue su agotadora agonía, ni el desgaste que en su familia produjeron tantas noches en vela, sino que nos dejara a deber en la Peña de Dominó los treinta euros de la mensualidad.

Fue por ello, que una vez difunto, registramos los bolsillos de su pijama por si dábamos con algún billete que solventara su deuda; pero no hubo suerte. Allí, nada más que encontramos un papelito escrito con las que se suponen sus últimas palabras:

Sería egoísta si solo pensara en mí
En mi propio beneficio
En mi exclusivo placer
Pero este desapego
Solo me hace antiadherente
Como la capa de teflón de una sartén
Donde no se pega el huevo frito
Ni la tortilla francesa
Antiadherencia
Impermeabilidad
Bajo la lluvia constante de fuera.

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Solución al Damero anterior (nº 61)
A. Maquilla, B. Jaws, C. Evita, D. Runas, E. Repelús, F. Yaks, G. Embaules, H. Levítica, I. Troche, J. Incuba, K. Ensaladilla, L. Mudable, M. Porrón, N. Olla, Ñ. Inspira, O. Nasón, P. Concede, Q. Illescas, R. Elena, S. Rival, T. Trasgo, U. Oficina.

Acróstico: M. Jerry, "El tiempo incierto".
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lunes, octubre 06, 2014

Damero Mardito, nº 61 (octubre)

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STYLE EXERCISE, XXIV


A dos años de su regreso a Alfoz del Rey y casi treinta de ausencia, aún no se había atrevido a poner los pies en la tasca de Filiberto. Temía que el ahora anciano le recordase una vieja deuda que no alcanzó a pagarle. En total, veinte pesetas con dieciocho céntimos, producto de los vasos de vino tomados la semana antes de ser detenido.

En realidad, salía poco de la fonda donde se alojaba y cuando lo hacía, se cuidaba de llevar puesto un sombrero de grandes alas y una barba postiza hecha con crines de caballo. En el pueblo, claro, nadie reconocía en aquel extraño personaje a Juan José Borrajas, el asesino de don Ramón, el sacerdote que ofició durante tantos años en la iglesia de San Martín. El caso es que cuando abandonaba su encierro para ir a visitar a su hermana --única persona que estaba en el secreto de su vuelta-- los niños lo rodeaban, e impertinentes, le hacían burlas hasta que él los espantaba con un vozarrón de ogro.

En la casona que habitaba Virginia, la vida la marcaba el vaivén del péndulo de un gran reloj de pared. Ambos hermanos compartían el velador donde Virginia había servido un chocolate con picatostes. La mujer se movía sigilosa. Calzaba unas pantuflas de suela de gamuza que al caminar, abrillantaban la cera del entarimado. Tampoco dejaba de bisbisear la oración a santa Apolonia, su favorita, la que conseguía calmarle sus constantes dolores de muelas. Virginia había encontrado en la devoción religiosa y en las obras de caridad, sentido a su existencia.

--Toma todo el chocolate que quieras, Juan José.
--No, no me apetece más. Recojamos la mesa y empecemos la partida cuanto antes.

Apostaban fuerte, pero con garbanzos. Virginia no hubiera tolerado jugar con dinero, sus convicciones morales así se lo dictaban. Mientras barajaban, repartían y analizaban sus cartas, el alto clong clong del péndulo hacía más silenciosas sus meditaciones.

--Debiste haberlo matado antes. Cuando me desgració.
--Tú calla y juega.
--¿Fue duro el presidio?
--Cuarenta en bastos.
--Estaba hecho de la piel del diablo.
--Sí, pero tú no dejas de frecuentar la iglesia y las beatas.
--Algo tendré que hacer. Los inviernos son largos y aquí aún no ha llegado la televisión.
--A ver, haz la cuenta. Creo que he ganado otra vez.

Y así durante tardes, y tardes y tardes...

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Solución al Damero anterior (nº 60)
A. Esófago, B. Sobaco, C. Acuse, D. Lubina, E. Gálgaras, F. Ampliese, G. Reliquia, H. Ígneo, I. Esquilme, J. Lime, K. Tela, L. Rockera, M. Embudo, N. Negus, Ñ. Velluda, O. Opciones, P. Lamente, Q. Aguinaldo, R. Defeca, S. Occidente, T. Riego.

Acróstico: E. Salgari, "El tren volador".
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miércoles, septiembre 03, 2014

Damero Mardito, nº 60 (septiembre)

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Tras el parón primavero-estival, vuelve el Damero Mardito con más fuerza que nunca para alegría de sus sesudos seguidores.


AMAR, SUDAR, FROTAR.

El cajón de la mesilla atiborrado de orfidales y tranquimazines.

Nos pasamos cuatro días sudando, que son cuatro mañanas, cuatro tardes y cuatro noches.

El sonido del chorrito les llegaba desde el baño a los pececillos dorados que asomaban contentos media cabeza fuera del agua. Hablábamos. Ella sentada en el váter y yo tumbado en la cama. La puerta de espejos nos unía. Pssshhhhh – pshhhhh – pssshhhh- plinc-plinc-plinc y luego el fruuub del papel.

Escuchábamos una canción de Claudio Baglioni o de alguno de esos tontos.
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Solución al Damero anterior (nº 59)
A. Arcilla, B. Mosquita, C. Ampuloso, D. Chuvasco, E. Helado, F. Ademán, G. Demoren, H. Oriflama, I. Jofaina, J. Urto, K. Arneses, L. Neblina, M. Despiste, N. Espetón, Ñ. Mango, O. Ayer, P. Incauto, Q. Rezumen, R. Envase, S. Nudoso, T. Ayuden.

Acróstico: A. Machado, "Juan de Mairena".
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miércoles, abril 30, 2014

Damero Mardito, nº 59 (abril)

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Güelcon to la jungla

—Ya sabe usted señoguita que a todas las bailaguinas que pretenden fogmag pagte de mi cuegpo de baile, me las paso antes pog la piedra, ¿vegdad?

—Yo haré lo que usted me diga, don Gorgue, que estoy muy necesitada.

—Pues veamos primego si conoce usted mi obra y luego ageglamos lo de sus dientes… A veg, ¿sabe usted bailag el Bimbó o La Bagbacoa?

—¿Pero así? ¿sin música ni nada, don Gorgue?

—Sienta la música en su cabeza, señoguita.

—Bueno, vale.

Y la Tere comenzó a bailar, a mover el culo con esa gracia natural que poseía y que nos había enamorado a todos en el bloque y a mí con particular fuerza...

Ya hablé de la Tere aquí, haciéndola protagonista de uno de los capítulos de la serie “Honky Tonk Women”. La Tere, aquella muchacha que ante las circunstancias adversas juraba por su hermanito Marcelino, su hermanito muerto con pocos años de edad.

Hace unos días me comunicó mi madre por teléfono que la Tere y su madre, la Pepita, se habían visto obligadas a pedir limosna por las calles, que se le habían acabado todas las ayudas estatales habidas y por haber, y que para intentar paliar su situación de necesidad famélica, los vecinos organizaban colectas para recaudar fondos, ya fueran en metálico como en especie. Tanto es así, que en nuestro almuerzo familiar navideño, tomamos todo lo que sobró (que fue mucho) de género charcutero para hacérselo llegar. Luego mi madre pasó la gorra y yo deposité cinco miserables euros. Cinco euros para la Tere, la muchacha que me tuvo loco de amor una temporada y que ahora, por no tener, no tenía ni dientes. Se les han caído todos.

Luego, la cuestión ha sido ponerse uno a imaginar cómo Georgie Dann puede aliviar las penas de la crisis.

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Solución al Damero anterior (nº 58)
A. Jaraíz, B. Muslo, C. Ayudad, D. Renglón, E. Sepan, F. Escueta, G. Retal, H. Avespa, I. Breca, J. Onteniente, K. Sorver, L. Debate, M. Émula, N. Luctuosa, Ñ. Andas, O. Gañote, P. Aspan, Q. Redondel, R. Tonel, S. Instales, T. Jamón, U. Acupintura.

Acróstico: J. Marsé, "Rabos de lagartija".
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martes, abril 22, 2014