jueves, noviembre 12, 2020

Notas para una posible biografía de Julián de Capadocia, 27

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27

Hubo ocasiones en que los servicios de la Juaqui, la querida amiga de Julián de Capadocia, fueron abonados en especie por algún que otro cliente y de esta manera fue como se encontró un día con una fotocopiadora en su casa, un armatoste inútil al que años después, Julián supo sacar partido cuando comenzó a componer breves ensayos que luego fotocopiaba y encuadernaba con cartulina y grapas. Estos opúsculos, que llegaron a ser numerosos, los repartía entre sus compañeros de trabajo o le daba uno a cualquiera con el que hubiera mantenido una charla, o los regalaba a los viandantes.

Originario de aquella época, obra en nuestro poder un ejemplar de "La oreja como vía de compasión" (1988), numerado con el nº 12 de una tirada de 25, en el que Julián de Capadocia exponía su tesis para aliviar el solipsismo al que el ser humano está condenado. En la introducción, puede leerse:

"Somos compartimentos estancos y entre nosotros. el lenguaje, nuestra única herramienta, tan única porque solo somos lenguaje, se muestra limitada e ineficaz para eso que se llama ponerse en el lugar del otro, en el pellejo del otro, siendo el otro un sujeto que sufre. Esta soledad colectiva solo puede aliviarse por medio de la compasión, no de la solidaridad que es palabra con frías connotaciones; de la compasión por todos los componentes del género humano por el simple hecho de ser humanos. Hasta el más malvado de los hombres, incluso por ello mismo, necesita aún más de nuestra compasión. Para facilitarla, nada mejor que fijar nuestra mirada en alguna de sus orejas. Esa oreja fue en algún momento la oreja de un bebé, un pétalo de rosa de formas espirales que fue acariciado, besado, amado por una madre. Y si no fue así, más compasión merece su poseedor. Tengamos presente esa oreja infantil por mucho que el tiempo la haya deformado porque, ante su visión y de inmediato, una descarga de simpatía hará de la oreja el vehículo que nos transporte a la necesaria compasión que todos estamos obligados a dar y recibir. Por tanto, poned atención a las orejas de los demás". 

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1 comentario:

EL HIJO DEL HERRERO dijo...

En verdad que me había olvidado del esperpéntico Julián de capadocia y conste que es un personaje que me distrae y hasta casi me cae bien. Creo que merece que esa posible biografía se convierta en una realidad a modo de novela en un futuro próximo.