martes, octubre 02, 2012

Damero Mardito, nº 42 (octubre)

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Funesto, el memorioso

En principio fue el Verbo, sí; pero el caso es que la candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, Gregor Samsa se despertó después de un sueño intranquilo, encontrándose sobre su cama convertido en un monstruoso insecto y hubo de recordar aquella tarde remota que su padre lo llevó a conocer el hielo en un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme. Gregor Samsa dudaba: Ser o no ser, esa es la cuestión, porque era insecto y a la vez era pequeño, peludo, suave, tan blando por fuera que se diría todo de algodón, que no llevaba huesos. Quien lo vio fue el orondo Buck Mulligan, que llegó por el hueco de la escalera, portando un cuenco lleno de espuma sobre el que un espejo y una navaja de afeitar se cruzaban. “Pueden ustedes llamarme Ismael”, dijo a los luego presentes, y comunicó: “Hoy a muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé”. Ajeno a esta disquisición, a Gregor Samsa sólo le preocupaba si encontraría a la Maga. La recordaba como si fuera anoche, cuando meciéndose como un navío, llegó a la puerta de la posada profiriendo aquel grito: “¡El Maelstrom!“ ¿Podía nombre más espantoso haber resonado en sus oídos de insecto en situación tan terrible? Nunca lo supo, porque cuando despertó de nuevo, el dinosaurio todavía estaba allí.

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lunes, septiembre 24, 2012

Percepción del objeto artístico

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Hacía tiempo que no me metía en berenjenales artísticos, pero el débito de un regalo a un ser querido me decidió a retomar los trastos de grabar y así, provisto de una buena plancha de cobre, afilado el buril, adquirido el aguafuerte y engrasado el tórculo, me remangué hasta dar fin con la obligada firma a la obra que adjunto arriba. Decidí titularla “Espadas como lirios” en recuerdo de una imagen lorquiana. Tras enmarcarla bajo cristal y ribeteada de negro paspartú, la presenté a la persona a quien iba dirigida, consiguiendo arrancar tanto de ella como de los miembros de su familia encendidos elogios.

Con toda cortesía, buscaron de inmediato el lugar propicio donde colgar el cuadro. Tras algunas vacilaciones, dieron con el sitio adecuado. “Tiene algo de étnico el motivo, ¿verdad?... Algo de estampado textil africano”, comentábamos mientras tomando la debida distancia analizábamos la composición. Pero de pronto, a la hora del té con pastas, me sobrevinieron tres urgentes necesidades, la primera hacer pipí; la segunda, prepararme otro cubatita y la tercera, sincerarme tanto con ellos como con quien en este momento lea esta entrada.

Naaaada de grabado, buril ni aguafuerte. Todo es mentira. Uds. me perdonen: Mentira cochina. Más que nunca, la obra que muestro es ‘fruto del azar’, porque verán, ¿se acuerdan Uds. —al menos la miríada de seguidores que siguen este blog tienen el deber de recordar— de la receta a base de patatas que presenté hace unos meses en este mismo espacio? Si no la recuerdan, yo les ayudo. Se trata de esta que sigue, así que pinchen si miedo: “Patatas estilo cajún”.

Pues en una mala elaboración de la misma se encuentra la génesis de la obra. En concreto en el olvidárseme añadir aceite al aliño patatil, lo que provocó que se me quemaran y consecuentemente dejaran su impronta de chamusquina sobre el papel vegetal de hornear. El estropicio, por el contrario, me sorprendió con esta criatura maravillosa nacida de la casualidad. Por supuesto, en cuanto desvelé la verdadera maternidad a mis anfitriones, la obra pareció perder de golpe todo su valor, por lo que debí consolarlos acudiendo a ejemplos ilustres tales los ready-mades de Duchamp o de Picasso. Aquello pareció aliviarles y puso freno a su deseo de tirar el cuadro a la basura. Sin pensarlo, fue también la casualidad quien nos ofreció la mejor y más importante lección, que el arte no se encuentra en el objeto sino en el ojo de quien lo mira. O lo que es lo mismo, el arte es una función de la mirada antes que de la mano.

(Para quien así lo desee, por 50 eurillos de nada repito el proceso. Gastos de envío no incluidos).
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jueves, septiembre 20, 2012

Solución al Damero Mardito, nº41 (septiembre)

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A continuación, pasamos a desvelar la solución al último Damero Mardito (nº 41, septiembre), aprovechando como siempre el momento para enviar un afectuoso saludo a nuestros distinguidos seguidores. Muchas gracias.

"Habitualmente, entre plato y plato subo a la habitación a retocarme el maquillaje y perfumarme un poco más. Me infunde valor. Me puse un vestido rojo de tirantes muy finos."

A. Neutro
B. Implume
C. Choquero
D. Celtas
E. Injusto
F. Fantomas
G. Rayas
H. Enviudia
I. Numen
J. Cayado
K. Hueste
L. Afina
M. Fútbol
N. Levantar
Ñ. Ombú
O. Reyerta
P. Delta
Q. Émbolo
R. Pompis
S. Imperante
T. Empleo
U. Lijar

Acróstico: Nicci French, "A flor de piel".
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viernes, septiembre 14, 2012

Movilgrafías: Es fácil hacerse alquimista si se sabe cómo.

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Gran confusión es lo que me produjo la lectura de este pasquín con el que hace unos meses empapelaron buena parte de la fachada del edificio que habito. ¿Conferencia, curso, taller?, ¿en qué quedamos? En todo caso, el interés de las también confusas materias a tratar es indudable: Conocimiento científico y práctico de la energía atómica, el secreto de los alkimistas (sic) y el elixir de la larga vida. Todo ello amparado por el atractivo encabezado de los poderes ocultos del ser humano.

Fue una pena que cuando convencido de los beneficios que podría obtener de estas enseñanzas y decidiera reservar mi plaza, el señor de voz cavernosa que se puso al otro lado del teléfono y que se presentó como  Doctor Orlok, me confirmara que todas las localidades estaban ya ocupadas. Debió ser cierta la información porque en mi barrio, de un tiempo a esta parte, ha aparecido un vecino que recoge chinos de la obra de enfrente para convertirlos en oro y una señora hasta hace poco octogenaria, luce ahora con garbo de veinteañera. Sobre la práctica de la energía atómica, corre el rumor de que el Presidente de la comunidad ha decidido instalar en el sótano unas ojivas nucleares de fabricación casera y procurar con su venta en el mercado armamentístico aliviar el estado de languidez en que se encuentran las arcas comunitarias.
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lunes, septiembre 10, 2012

Carta pirática

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Carta del amanuense de la goleta “Mi Toñi y Mi Tamara” (antigua Nuestra Señora del Arcabuz) a Fray Diego de Santa María, prior del monasterio de San Apapucio en Nueva España.

Amigo querido y hermano en Cristo:

El arrepentimiento por mis muchos pecados y el recuerdo de nuestra antigua amistad, impúlsanme a escribirte estas letras, esperanzado como estoy en que me darás cobijo en cuanto tengas noticia de mis cuitas.

Alegrome sobremanera el saber que habías pasado a Indias, trayendo contigo no sólo el prestigiar el nombre del Rey nuestro señor y el del Santo Padre de Roma sino el ampliar con tu ministerio la luz de la cristiana y católica fe en estas tierras donde todo evangélico abono parece ser poco. Otros fueron los motivos de mi partida, mas al cabo, qué pueden importar a un tan generoso corazón como el tuyo. Tal vez mi nombre sea suficiente para abrirte las espitas evocatorias, pues no soy otro que aquel Pablos de Guzmán, el mismo que compartió contigo las duras tablas de Osuna y el mismo que junto a ti se ordenó de menores antes que Fortuna bifurcara nuestros caminos haciéndote a ti varón santo y a mí gran bellaco.

Hágote saber que han sido muchos mis padecimientos —pues a no ser por ellos no hay hombre que por naturaleza se arroje al vicio— siendo el caso que el ir tras las no talares faldas al principio, me llevó luego a perseguir otros bienes no tan mudables, siendo el cabo que tras tanta persecución di con mis huesos —y aquí están mis lomos que no me dejarán mentir— en la máquina infernal de las galeras. Cinco años serví al Rey, primero en los leños movibles, donde conocí el sabor del agua amarga y el aguijón del corbacho y después como marino de condena en una goleta que tomaba por dos veces al año la derrota del Yucatán. Fue en uno de esos periplos donde caímos prisioneros de un grupo de feroces piratas que, no contentos con apoderarse del botín y pasar a cuchillo a toda la oficialidad, orinaron en grupo sobre la efigie de nuestro monarca. Al sabernos condenados, dieronnos libertad, poniendo Satanás tan aliñado el asunto que elegí el camino del piratesco ejercicio, uniéndome a aquella cuadrilla tan infatigable como infame. Hecho pues el cuerpo e inclinada el alma, hice de aquella goleta mi casa; la calavera y las tibias cruzadas pasaron a ser mi credencial y el dilatado océano, mi nación.

De esta forma, y ya van para diez años, entré al servicio de Barbaznôrt, nuestro capitán, el cual tomome como amanuense, pues a la suma de su audacia y arrojo le resta el ser iletrado, grave contratiempo para todo al que como él, presenta barruntos de poeta. A su sombra redacté tanto panfletos amenazantes como tiernos madrigales, viviendo yo una vida regalada pues estaba exento de toda actividad bélica, tanto era el celo del capitán para conmigo.

En poco tiempo, el Caribe y las islas en él dispuestas, no guardaron secretos para mí. Una semana hacíamos veinte presas a despecho del inglés, como otra acosábamos a los galeones que de plata cargados partían de Veracruz, no faltándonos tiempo para asolar puertos y desarmar fortines, tras lo cual, refugiábamos en algún recóndito islote a efectuar prorrateos, a repartir dividendos y a gozar de merecido solaz, que no todo en la vida de un pirata es andar de la ceca a la Meca y como puta por rastrojos.

Mas ya basta. Considero que lo expuesto hasta aquí es suficiente para que tu claro entendimiento se haga cargo de mi peripecia. ¿Cuál es entonces mi intención al escribirte? Pues no otra que solicitarte rápido ingreso en el monasterio que guarda tu santidad, pues deseo como nada en el mundo vestir el hábito de estameña y ceñirme el franciscano cordón. Sí, el tan gran bandido como hasta ahora fui, abomina del siglo, pues he comprobado que nuestras fechorías son juegos de infantes al lado de la disipada vida de nuestros nobles, y así, si los piratas somos roncha y gatera de los dineros ajenos y de la hacienda de Su Majestad, esta gente principal practica tan relajada moral que pueden ser comparados tan sólo a los animales de las selvas. ¿Dónde se ha visto que las condesas forniquen con caballeros de fortuna, que los virreyes mezclen sus humores con los de las indígenas y que todos dilapiden completos tesoros en mercaderías que parecen obras de Satán? Pirata yo y pirata corrido de tal modo que de tener a mano una escoba me pondría a barrer la cubierta. ¿Pasar bajo la quilla a un gerifalte? ¿Hacer andar la tabla a una linajuda doncella? Bah, cándidos ejercicios al lado del mucho mal que a las repúblicas bien concertadas infieren estos bergantes.

Así que amigo querido, ruégote que me facilites el refugio que anhelo, pues horrorizado por el mundo que hace buenos a los piratas, solo podré encontrar la paz entre los muros de tu santo establecimiento donde al menos podré oficiar de monacillo y comer sin remordimientos las frugales viandas. Es la gracia que espero tu mano conceda.

En la demora de tu respuesta, quedo impaciente y huido del buque en algún lugar de Puerto Príncipe. Vale.

t. s. s. q. b. t. m. Pablos.
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jueves, septiembre 06, 2012

Damero Mardito, nº 41 (septiembre)

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Dannayá 

El malgache pertenece al grupo de lenguas borneanas que a su vez pertenece a la familia austronesia. La lengua más similar al malgache es el ma'anyan, hablada en el sur de Borneo. El hecho aparentemente paradójico de que la lengua de Madagascar sea de origen malayo-polinesio se debe a que los primeros pobladores de Madagascar llegaron a la isla por mar desde Indonesia, llevando allí su lengua y su cultura.

Las palabras malgaches se acentúan por lo general en la penúltima sílaba, salvo aquellas acabadas en "ka", "tra" o "na", que se acentúan en la antepenúltima sílaba. Las vocales átonas son a menudo elididas, por lo que malagasy suena de manera similar a la transcripción francesa "malgache". El malgache tiene sólo cuatro sonidos vocálicos, correspondientes a las vocales /a/, /e/, /i/ y /u/ del español. No existe, por tanto, el sonido /o/. La ortografía actual malgache no utiliza todas las letras del alfabeto latino. Entre las vocales, sólo existen cuatro: a, e, i, o. Esta última se pronuncia como la "u" española, mientras que la letra "u" no se utiliza. Tampoco se utilizan las consonantes "c", "q", "w" y "x".

El idioma malgache tiene una literatura escrita que se remonta probablemente al siglo XV. Cuando los franceses se establecieron en Fort-Dauphin en el siglo XVII, se encontraron con un alfabeto arábigo-malgache en uso, conocido como alfabeto Sora-be (literalmente, "escritura de gran tamaño", lo que ha planteado una hipótesis sobre la existencia de otro tipo de alfabeto anterior, en caracteres más pequeños, que se cree que era de origen indio, como el ampliamente utilizado en el sudeste de Asia).
El manuscrito más antiguo conocido en alfabeto Sora-be es un pequeño vocabulario malgache-holandés del siglo XVII, publicado por primera vez en 1908 por Gabriel Ferrand1 aunque el alfabeto parece haberse introducido en la zona sureste de Madagascar a partir del siglo XV.2 Radama I, el primer representante alfabetizado de la monarquía merina unificadora del reino de Madagascar en el siglo XIX, aunque ampliamente versado en la tradición arábigo-malgache,3 optó por la alfabetización en caracteres latinos e invitó a los protestantes de la Sociedad Misionera de Londres para que fundaran escuelas e iglesias... blablablá, blablablá y blablablá...

¡Claro, so listos, que todo esto está tomado de la Wikipedia, ¿o qué pensaban?! 
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lunes, septiembre 03, 2012

Solución al Damero Mardito, nº 40 (agosto)

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A continuación, pasamos a desvelar la solución al último Damero Mardito (nº 40, agosto), aprovechando como siempre el momento para enviar un afectuoso saludo a nuestros distinguidos seguidores. Muchas gracias.

"Apenas puedo escribir por causa de los temblores. El diferencial de la masa es un problema. He estado trabajando con intensidad en la tarea de captar el juego de fuerzas."

A. Jarabesco
B. Jaspe
C. Edenes
D. Niza
E. Superen
F. Embalad
G. Náutica
H. Labrador
I. ADSL
J. Esferad
K. Cartucho
L. Untuosa
M. Afees
N. Cordel
Ñ. Impedid
O. Ombliga
P. Neta
Q. Detalle
R. Aperreo
S. Níspero
T. Tas
U. Eneldo

Acróstico: J. Jensen, "La ecuación Dante".
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Solución al Damero Mardito, nº 39 (julio)

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A continuación, pasamos a desvelar la solución al último Damero Mardito (nº 39, julio), aprovechando como siempre el momento para enviar un afectuoso saludo a nuestros distinguidos seguidores. Muchas gracias.

"Cleopatra, envidiosa de los honores dispensados a Octavia, y porque esta se había hecho muy popular en Atenas, procuró ganarse a aquel pueblo con toda especie de obsequios."

A. Pastiche
B. Leyendo
C. Uranio
D. Tanque
E. Averiado
F. Raspón
G. Coqueto
H. Oboe
I. Vasca
J. Impúber
K. Déspota
L. Achuchó
M. Sahel
N. Poyaso
Ñ. Apeles
O. Roquete
P. Ardides
Q. Lesseps
R. Engrudo
S. Lope
T. Abanico
U. Sosaina

Acróstico: Plutarco, "Vidas paralelas".
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martes, agosto 07, 2012

Placeres Mundanos, nº 26

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Gazpacho: El verano que se bebe.


Comprendo que la afirmación que pienso realizar a continuación llegue a ser molesta, que escueza, que incluso levante ampollas entre los lectores, pero antes que nada me debo a la verdad y ante ella, ante la verdad, no valen titubeos ni paños calientes. La afirmación, digo, no es otra que constatar que soy yo y solo yo quien hace el mejor gazpacho del mundo; por lo que si quieren continuar leyendo esta entrada y poniendo en ejecución su receta, les recomiendo que se olviden de todo cuanto crean saber en torno al gazpacho, que desprecien cuanto hayan visto, leído o probado y que una vez con el pensamiento en blanco, procedan a realizar un gazpacho como el mío, única y efectiva prueba que llevará a todos a confirmar que, en efecto, es este el mejor, el genuino y el único gazpacho mundial merecedor de ser tenido en cuenta.

Y dicho esto, procedamos.


Casi todo el mundo sabe que para hacer un gazpacho ortodoxo —insisto, ortodoxo como un pope ruso— y por lo tanto alejado de vacuas invenciones y postizos, son necesarios unos tomates, pimiento, pepino, ajo (fig. 1), pan del día anterior en remojo (fig. 2) y para su aliño, aceite, vinagre y sal. Ni más ni menos. Todo lo demás son, como digo, caprichos y ganas de molestar.

Elemento A. El tomate.
Es sin duda el tomate el alma gazpachera, así que debemos procurarnos los mejores y los mejores no son otros que esos tomates de variedad corazón de toro (también llamados en otros lugares corazón de doncella) de tan compacto interior y tan delicada piel que hace oneroso su comercio pues cualquier golpecito los arruina. Como conseguirlos no es fácil, optaremos por el tomate gordo y contundente que procura la huerta patria en su diversidad territorial. En mi caso, por cercanía, son famosos los tomates de Los Palacios o de Lebrija... aunque en esta ocasión, los tomates intervinientes —según rezaba la etiqueta del hiper— procedían de algún lugar de Murcia. En todo caso, no fueron malos tomates y sí mucho mejores que esas variedades de rama y de pera que la creencia popular encuentra adecuados para el gazpacho. Pero yo no.

Elemento B. El pimiento.
Los mejores son esos verdes de tono medio brillantes como recién barnizados que también sirven para freír, largos y algo retorcidos como cuernos de cabra. Desprovistos de pepitas y de los hilachos blancos del interior, un trozo como de 15 cm es más que suficiente para emplear en la receta. Más allá de esta cantidad, el gazpacho resultante corre el riesgo de tomar un sabor algo amargo. En resumen, que no nos pasemos con el pimiento.

Elemento C. El pepino.
Mi favorito es el de piel verde oscura atacada por pequeñas verruguillas. El pepino añade frescor y alegría, pero hemos de pelarlo y desproveerlo de culos porque al igual que el pimiento, puede amargarnos el gazpacho y hasta la vida. En cambio, encuentro muy adecuado que el pepino como guarnición se vista del Betis, esto es, pelado y vestido a rayas blanquiverdes.

Elemento D. El ajo.
¿Qué sería de la cocina española sin el ajo? Pues algo impensable, sin duda; algo que siempre lamentó el Conde Drácula. Por lo tanto, no olvidemos este elemento de vertebración patria, pero usémoslo con moderación dada su capacidad arruinante. Con un diente si es pequeño o medio diente si es hermoso, vamos que chutamos.

Elemento E. El pan en remojo.
El pan no solo actúa en el gazpacho como espesante sino como aglutinante, ayudando que todos los participantes se amalgamen, se hagan uno como machos y hembras en tumultuoso fornicio; pero teniendo cuidado que no tome papel protagonista. Una mediana porción tomada con la punta de los deditos será suficiente. ¿El mejor pan al efecto? Pues sin duda un pan ya más que asentado y de ese tipo que se llama de hogaza, o pan de pueblo o pan de payés. Nada de panes industriales tan llenos de aire que parecen globos quebradizos.

Resumiendo. Para la receta que presento, utilicé:
— 1 kg de tomates.
— ½ pimiento verde de freír.
— 1 pepino pelado.
— ½ diente de ajo (era gordo)
— 1 pellizcón de pan remojado.



Una vez reunidos los ingredientes, procederemos a trocearlos (los tomates, una vez lavados, no necesitan ser desprovistos de piel) (fig. 3, 4 y 5), vertiéndolos a medida que los picamos en el vaso de la batidora. Como la mía me la cargué, empleo como vaso una jarra cervecera de cristal.
A continuación, aliñaremos el conjunto con un puñadito de sal gorda, un chorreón de buen vinagre jerezano y un generoso chorrazo de aceite de oliva virgen extra (fig. 6). Llegados a este punto comprenderán que el asunto de las cantidades intervinientes en el aliño lo dejo en sus manos, porque siendo cada uno de su padre y de su madre, hay quien gusta de aliños con preponderancia vinagrera, otros más grasos y grados salinos de mayor o menor medida. Particularmente me hallo entre los que prefieren muy poco vinagre y no mucha sal, procurando que sea el aceite el rey del mejunje.
Es importante dejar que durante un buen rato (pongamos que media horita) las hortalizas troceadas se vayan conociendo entre ellas, que el aliño penetre en los resquicios y actúe como medio conductor de amistad y que todo, en suma, preste su olor y sabor al resto de elementos que habitan en el vaso batidor.

Tras este feliz reposo, enchufamos la maquinita —túrmix o minipimer en lenguaje castizo— y procedemos a hacer papilla lo que antes fue alegre reunión vegetal (fig. 7). Tras el tiempo necesario, que yo marco cuando la superficie del líquido resultante empieza a espumar, probamos, y rectificamos el aliño si procede. Un golpe más de batidora y aquí paz y después gloria, hermano.

Seguidamente, vertemos la mezcla en recipiente adecuado pasándola por un colador grande y de apretada rejilla (fig. 8). Para el filtrado, nos ayudaremos de un cazo con el que practicaremos salerosos movimientos circulares y apretujantes; de esta forma, y en un pispás, conseguiremos un gazpacho cremoso, de suave textura y ajeno a la presencia de trocillos, semillitas y pellejitos. Un gazpacho que es pura seda bebible.
(¡Señora, caballero! No tire a la basura las zurrapas que quedan en el colador. Siempre se las pueden echar de comer al cerdo que acostumbramos criar en un rincón de la cocina).


¿Añadir agua? Miren, yo me conformo con el agua proveniente de los tomates y la que empapaba el pan… en todo caso, si compruebo que el espesor es excesivo añado un culito que sirva para arrastrar al colador los últimos restos de la jarra. Pero nada más. Por favor, por favor, no agüen el gazpacho y mucho menos cometan ese atentado, ese crimen que consiste en añadir cubitos de hielo para “ponerlo más fresquito”. Por supuesto hablo de agua mineral en el caso de que el agua del grifo de la población de Uds. sea una porquería. Tampoco caigan en el error de los que piensan que el gazpacho es como un salmorejo con agua. No, no y requetenó. Gazpacho y salmorejo, aunque primos, distan mucho de ser la variación de una misma cosa.

Para finalizar, metemos el cacharro en la nevera y cuando el contenido alcance la temperatura adecuada, fría pero sin llegar al pre-granizado lo servimos en bol de loza (fig. 9). Como guarnición me conformo con unos sencillos dados de pepino a medio pelar, aunque los añadidos son tan innumerables como los caracteres humanos: hay quien añade pan, uvas, jamón, pescado frito, langostinos a la plancha y hasta remoja trozos de tortilla de patata. En este extremo no hay nada que objetar pues son elementos externos, digamos que periféricos al gazpacho. Otra cosa son esos trukis que desde luego no admito tales la inclusión de ¡la cebolla!, la pizquita de comino o la hojita de yerbabuena e invenciones como la que llevé a cabo el otro día, que fue sustituir el agua del grifo por agua mineral con gas. El resultado, aunque curioso, no llegó a convencerme.

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viernes, agosto 03, 2012

Inciso vacacional: Damero Mardito, nº 40 (agosto)

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Francisco Rubio "el Mosca"

Bernardo Fuentes, para mitigar el aburrimiento que embargaban sus interminables tardes de soledad, se compró un canario y su correspondiente jaula, esperando que los cantos del pajarillo amenizasen sus horas de soltería. 

El ave era desde luego preciosa, al igual que la jaula de dorado latón provista de todos los accesorios: bebedero, comedero, bañerita, columpio y hasta un hueso de calamar para que su habitante se afilase el pico. Bernardo resolvió pronto el dilema que representó poner un nombre al canario, y fue así que lo bautizó como 'Currito', nombre, la verdad, no demasiado original pero sí muy en relación con su convencional personalidad. Una vez instalado en el rincón más alegre y luminoso del saloncito, 'Currito' no tardó mucho tiempo en trinar bellas melodías que sorprendieron a su amo por su brillantez, volumen y limpieza de ejecución. Bernardo, por fin, se sintió casi feliz. 

Bernardo también disfrutaba limpiando la jaula y reponiendo el alpiste de 'Currito'. Nada le satisfacía más que comprobar como día a día, el pajarillo, además de perfeccionar su canto, desarrollaba un plumaje sano, un pico fuerte y unos ojos como cabezas de alfileres de cristal negro. “Vamos a ser muy amigos, Currito; lo que me apena es que tengas que estar encerrado... Verás, un día de estos voy a cerrar las puertas y ventanas del saloncito y te dejaré que vueles libre en recompensa por las horas maravillosas que proporciona tu compañía”. Y fue así que decidido y en poco tiempo, Bernardo llevó a cabo su proyecto.

Una tarde de esas templadas del mes de septiembre, abrió la jaula dorada de 'Currito'. El canario tardó unos minutos en abandonar su encierro; pero una vez en el exterior, revoloteó por toda la habitación con un vuelo torpe que le hacía golpearse contra los muebles y cortinajes. Bernardo estaba aterrado y 'Currito' muy asustado porque después, mientras se hallaba sujeto a duras penas en un brazo de la lámpara del techo, defecó varias porciones de excremento blanquiverde que fueron a parar justamente sobre la pantalla del televisor, el objeto más preciado en la vida de Bernardo. “¡No, Currito, no te hagas caquita encima de la tele, por favor te lo pido, que es la otra cosa que me acompaña y alivia mi soledad!” Pero claro, el pajarito no atendía a razones, y continuó expulsando cagarrutas con una velocidad y volumen asombroso dado lo pequeño de su cuerpo hasta hacer que el televisor pareciera un blanco merengue paralelepípedo. 

Esto ya no gustó nada a Bernardo, que entendiendo inútiles sus recriminaciones, gritos y aspavientos, se vio obligado a tomar de la cocina un potente espray insecticida que roció sobre 'Currito' en tan exageradas dosis que lo dejó tieso. Cayó fulminado sobre el propio televisor, mientras Bernardo no se asfixió de milagro. La soledad no elegida es terrible, sí. 

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