lunes, marzo 07, 2011

Gran Diccionario Visual, vocablo nº 29

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edivicio. m. Inmueble en cuyas diversas plantas se han establecido burdeles, casas de juego, puntos de venta de drogas y entidades bancarias.
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viernes, marzo 04, 2011

Placeres Mundanos

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Un viaje a lo básico: PAN

Pues sí queridos mamíferos, hace unos días y nunca mejor dicho, me metí en harina e hice pan... pan como el disparo vocal de un niño antiguo: ¡Pan! ¡pan! Pan de los de mojar pan, pan con su corteza y con su miga, pan como Peter Pan, pan contundente y sabroso, pan así como pueblerino, de los de echarlos al buche con un simple chorrito de aceite... Pan, en suma, que salió buenísimo y arrancó de los comensales los más vibrantes elogios. Así que aplicándome que el verdadero placer se encuentra en compartir las alegrías, paso a contarles el proceso para que también Uds. se sientan por un momento seres primigenios y cuasi telúricos, cercanos a esos antiguos dioses rurales que velaban por los cereales y los hombres.

Veamos entonces cómo fue la mecánica que elegí entre las muchas que existen:

Para hacer un kilo de pan se necesita harina (aplausos). Es fundamental (más aplausos). En concreto 750 gramos. Yo empleé en este primer experimento HARINA DE FUERZA ‘Harimsa’, aunque claro está, las posibilidades de conjunción con otras harinas u otras marcas son infinitas. Hasta podemos lograr un cinematográfico y goyizado ‘Pa negre’… pero de momento no nos metamos en dibujos. Harina de fuerza de panadería y no se hable más. Ojo, nada de harina de repostería, de freír, de pescao, ni cosas de ésas, eh. Trigo puro y de propiedades fortachonas.

Lo segundo que hace falta es la levadura, a no ser que queramos hacer pan ácimo para cuando llegue el Yom Kippur. Pero como imagino que no es el caso mayoritario, me vinieron muy bien al efecto 2 (DOS) sobrecitos de Levadura Panadera —pa-na-de-ra, ojo— que fabrica la casa Maizena. De momento eludamos los berenjenales levadúricos de lo natural y vayamos a lo comercial. Tercero: Una cucharada sopera de sal y para terminar, 400 centilitros de agua tibia. ¡Ojo, no caliente ni fría: tibia. Como el hueso de las pienna! (Fig. 1)


El primer paso es echar en un bol lo suficientemente grande (servidor empleó una honda ensaladera) la harina junto con la sal y la levadura en polvo, revolviendo el conjunto con una manita. De hecho, toda esta primera parte se puede hacer con una sola mano, como el amor propio. Después se va incorporando poco a poco el agua meneando con garbo la zarpa (o una espátula si tememos convertir la cocina en una película de Charlot, Fig. 2) hasta conseguir una pasta lo suficientemente consistente como para sacarla del bol y echarla sobre la encimera que previamente habremos enharinado (Fig. 3). Ahora viene lo divertido. Algo así como 30 minutos de amasado.

Primer amasado: Amasa que te amasa amasa que te amasa amasa que te amasa, etc.

Transcurrida la fase, que podemos amenizar escuchando por la radio la retransmisión de algún desfile de la Pasarela Cibeles, hacemos una pelota con la pasta resultante y la metemos en el famoso bol antes utilizado. Lo tapamos con film plástico (Fig. 4) y esperamos entre 1 y 2 horas, dependiendo de la temperatura y humedad en la que nos encontremos inmersos, que es el tiempo que la masa necesita para doblar su tamaño. Servidor estuvo espera que te esperarás hora y media, y cuando quitó el plástico, aquello ¡oh, maravilla!, parecía el suflé gigante de Woody Allen en "The sleeper" (Fig. 5). El resultado fue una masa esponjosa y suaaaave, que de nuevo llevé a la enharinada encimera para una nueva sesión de masaje (masaje viene de masa, supongo).

Segundo amasado: Amasa que te amasa amasa que te amasa amasa que te amasa, etc.

Al final, se le da forma de nuevo bolondro y ahora... ¡NO se tapa con plástico! NOOO. Se cubre la pelota con un trapo (limpio) de algodón y a ser posible blanco que da más buen rollo (Fig. 6). Allí tendremos la masa 15 minutos al cabo de los cuales la destapamos yyyyy... Síii, lo que temían:

Tercer amasado: Amasa que te amasa amasa que te amasa amasa que te amasa, etc.


Tras ello y con los bíceps del tamaño de testículos de morsa, volvemos el pelotón a sus mantillas y esperamos UNA HORA a que de nuevo se ponga cachondo. Una vez transcurrido este tiempo reglamentario y tras un breve magreo de un par de minutos ya estamos en condiciones de moldear el material (Fig. 7 y 8). Yo me incliné por fabricar CUATRO piezas en forma de semiesferas aplastaditas, o sea, como las tetas de Josefina Bonaparte. Sobre cada una de ellas marqué con un cuchillo una profunda cruz, dotando como de carácter eucarístico el futuro alimento (Fig. 9).

Aunque no se lo crean, ya hemos terminado con la parte muscular. Ahora viene la cocción:

1) Se precalienta el horno a 220 grados. Cuando alcanza tal temperatura, colocamos las piezas sobre una bandeja ensabanada con papel vegetal de cocina. También, en algún lugar del mini-infierno, pondremos un recipiente con agua para humedecer el ambiente, igual que sucede con las señoras cuando me ven en deshabillé. Allí estará todo VEINTE minutos (Fig. 10).

2) Pasado este tiempo, bajamos la temperatura a 190 grados y prolongamos la cocción 15 minutos más, sin dejar de echar alguna miradita al interior no sea que nos pasemos. Finalizado el proceso, el pan está listo, damas y caballeros.

Pero no se precipiten que se queman: Sacamos el pan, esperamos un ratito que se enfríe un poco, lo espolvoreamos con harina… y a ver quién es capaz de aguantarse sin pegarle al producto un pellizco como a culo de moza en agraz (Fig. 11). El resultado, ya digo, exquisito y espectacular; la consecución de un producto que, abierto en cuña, presentaba matices dalinianos (Fig. 12); con el añadido claro está, de que lo hecho por uno sabe hasta mejor (siempre que ése uno no sea mi cuñada JP, claro. Grrrrr).

Ciertamente, la posibilidad de hacer pan en casa no es despreciable. Y es que tal y como se está poniendo el asunto laboral me veo montando una tahona para apaciguar el plañido de mis churumbeles, que, famélicos, me piden alimento alzando al cielo sus manitas huesudas. Pero mientras analizo el negocio, recréense con la última imagen: El mismo pan al día siguiente, ‘asentao’, cortado en rebanadas, tostado y ajiaceitado. Una exquisita y sencilla delicia a la que sólo faltó hacer dormir en su superficie unos filetillos de esas magníficas anchoas de Albacete.

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miércoles, marzo 02, 2011

Damero Mardito, nº 23 (marzo)

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Espera a la primavera, Bandini.

Es sin duda este mes que se inicia el preferido por el que esto escribe. ¡Hay tantas cosas bellas que acontecen en marzo! Renace la primavera, el azahar estalla en los naranjos, las señoritas guardan abrigos y bufandas en sus hondos armarios para retomar ligeras prendas coloristas y, en suma, la atmósfera se embalsama de un tierno erotismo… Por eso, al que esto escribe, le da por pensar en la pertinencia o no pertinencia de machacarse la cabeza para resolver un Damero en vez de salir a las calles a contemplar la floración de las muchachas.

Pero ¡cáspita! no sean agonías. A poco que organicemos nuestro tiempo, ambas actividades pueden ser compatibles. Aunque ante la obligación de elegir entre una de ellas, no lo duden, resuelvan el Damero. Quedan muchas primaveras por llegar a sus vidas.

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¿Dónde conseguir el Damero de este mes? Pues como siempre, gratis total, en su kiosco habitual. Aquí:
El Damero del Vecindiario
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martes, marzo 01, 2011

Crónicas Porcinas, 4

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Navidad

Ayer creí que iba a ser mi día de suerte y que lo mismo me tocaba la lotería. Y es que es algo raro estrenar una tarrina de Tulipán en el bar de abajo. He calculado que es un suceso que ocurre cada tres meses y que cuando pasa, me pasa también algo bueno (iba a decir que el estreno se acompaña de un hecho prodigioso). Por ejemplo, la última vez, que fue a principios de septiembre, me enteré que uno de mis hermanos, volviendo de una playa, había salido ileso de un accidente de coche.

Pero esta vez no sucedió nada, a no ser que sea algo el que estando ocupados todos los periódicos del bar y yo con un triste suplemento inmobiliario entre las manos, se acerque el Tratante de Mulas y me ceda el Marca antes de marcharse. No debe ser mala persona el Tratante de Mulas. Al menos no me interfiere en el asunto de los periódicos porque su lucha, su lucha sorda, es exclusiva para conseguir el ABC. Es, por otro lado, uno de los pocos que ha anunciado las fiestas pero a su manera, o sea, cambiando de nuevo de politono. Antes tenía uno con una voz que llamaba a un taxi a gritos: taxiiiiiiiii, taxiiiiiii. Una voz que parecía emitida por un loro horrendo desde un balcón lejano. Luego cambió el tono por uno clásico de timbre telefónico. Ahora lleva uno que es un fragmento del anuncio antiguo de las muñecas de Famosa. Hay gente a la que no le preocupa ganarse una reputación de no sé qué a base de politonos.

Pero salvo su excepción y la de unos pocos más, la llegada de la navidad apenas se nota en el bar de Marisa. Mejor dicho, no se nota nada. Hace años que decidió no colgar adornos ni pintar en los cristales felices fiestas con la nieve falsa de espray ni poner bote de navidad ni nada. El bar de Marisa es un bar ateo. Un bar seco. Como ella dice, para poner bolas y muñecos de papanoel todo el mundo está dispuesto, pero para descolgar el día ocho de enero lo colgado el quince de diciembre no se apunta nadie. Pero lo que tampoco quiere Marisa es que su bar se convierta en el de al lado, que es un bar de camareros indolentes, de camareros sin jefe, de camareros que se beben los botellines de cerveza delante de la clientela con un cigarrito en la oreja. Allí la decoración navideña, como no la quitan, está presente todo el año, hasta en pleno verano con todo el calor. Lo único que cambia es que cuando llega la navidad, enchufan las lucecitas.

En el bar de Marisa otro de los pocos que pone la nota navideña este año es Prince, el aparcacoches nigeriano. Prince entra cargado con las bolsas del hiper que trae una furgoneta para dejarlas en la cocina. Prince hace muchas cosas: aparca coches, descarga bolsas, pone y quita los veladores de la terraza, avisa de que llegan los municipales. Luego a mediodía, Marisa le da de comer en la barra unos platazos enormes de macarrones con tomate. Prince venía hoy con un gorro de papanoel y una barbita blanca postiza atada con una gomilla. Es curioso. Un negro con un gorro de papanoel es un negro con un gorro de papanoel, pero un blanco con un gorro de papanoel es un imbécil. Prince, cargado de bolsas, se encontró con la gente que miraba en la tele lo de la lotería con las tazas de café a medio camino de las bocas y que formaba un tapón entre las mesas y la barra. Le fueron dejando paso a la vez que le palmeaban la espalda y lo felicitaban por el ocurrente disfraz y lo invitaban a sus acostumbradas tostadas con foigrás. Ahora en navidad lo invitan mucho más porque se les ablanda el corazón a los cabrones. Uno de ellos es precisamente el Tratante de Mulas, que aunque Prince diga que no tiene ganas, se la deja pagada. Con la lista de tostadas pagadas que tiene, Prince podría alimentar a su familia nigeriana hasta la cuarta generación por lo menos. Si yo fuera Prince soñaría la noche de navidad que bajaba de un avión en el aeropuerto de Lagos vestido de papanoel y que desde lo alto de la escalerilla arrojaba a la multitud de negros sacos llenos hasta los topes de tostadas con foigrás. Y los negros se mataban, se cortaban a machetazos las piernas y los brazos, se decapitaban, se prendían fuego después de llenarse de gasolina unos a otros y acababan bañados en sangre por conseguir un saco de esos y poder traficar. A lo mejor aparecía en su sueño la mujer y los dos hijos que dice que tiene allí. Pero no. Se despertará y todo seguirá igual en su piso patera y en el bar de Marisa.

Como para no tomarle manía a las fechas. Cuando hoy esperaba el cambio y el vasito de agua, he oído por quince veces lo de quien juega por necesidad pierde por obligación, veinte veces la pregunta qué, cómo vas a pasar las navidades, a gusto o con la familia y treinta y dos veces la despedida de los funcionarios, ea, pues ya hasta el año que viene, Marisa. Jejejé jajajá jijijí. También me fui. Hice el último gurruñito con una servilleta de papel y me fui. Al salir me di cuenta del detalle de una pequeña maceta con una pequeñísima flor de pascua. Estaba en el rincón que forma la cristalera con el ángulo de la puerta, al lado de un paragüero sin paraguas. Era de un rojo bellísimo, de un rojo de imposible intensidad. De un rojo vibrante y cálido, como una verdadera llamita de esperanza.

es.humanidades.literatura
22/dic./2008
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jueves, febrero 24, 2011

Movilgrafías: Carnaval.

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Llegan las carnestolendas y las gentes joviales, animosas, optimistas, se lanzan a las calles dispuestas a disfrutar con la impostura de los disfraces y la orgiástica permisividad de las fechas.

En una tienda de mi barrio, que en estos días llena sus escaparates de falsos atavíos con los que entregarse al regocijo, no falta el que aquí muestro, el de concupiscente enfermera que vestida como para rodar un film porno del sub-género hospitalario y armada con tremenda jeringa —con una quevedesca ‘melecina’ que es como en castellano del Siglo de Oro se denominaba tanto a artefacto como a contenido— parece que se dispone a efectuar y admitir toda clase de divertidas sevicias.

La disoluta criatura, maestra en el arte de aplicar enemas a la que no falta detalle, sonríe a la cámara con la expresión de estar diciendo: “Sí, sí, la ropita cuesta 11,99 euros, pero a ver cuántas de las que me miran tras el cristal son capaces de rellenar el uniforme como yo lo relleno…”
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lunes, febrero 21, 2011

Gran Diccionario Visual, vocablo 28.

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sindigato. m. Asociación laboral que vela por los intereses de los mininos que trabajan en el mundo del espectáculo.

(N. del E.: Sentimos que en el grabado que ilustra la entrada, la que debería ser garra de felino semeje más bien la mano del Hombre Lobo. Son asuntos de diseñadores gráficos a los que somos ajenos.)
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jueves, febrero 17, 2011

Solución al Damero Mardito, nº 22 (febrero)

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A continuación, pasamos a desvelar la solución al último Damero Mardito (nº 22, febrero), aprovechando como siempre el momento para enviar un afectuoso saludo a nuestros distinguidos seguidores. Muchas gracias.


"Rechazados o aceptados de mala gana en Turín, se vinieron a afincar en diversas localidades agrícolas del Piamonte meridional, introduciendo allí la industria de la seda."

A. Pelusa
B. Llenad
C. Endosar
D. Vire
E. Istmo
F. Encinta
G. Llave
H. Sigilo
I. Inca
J. Suegra
K. Tenazas
L. Edén
M. Molicie
N. Afilad
Ñ. Preste
O. Encantada
P. Rascarán
Q. Iridio
R. Ordalía
S. Dado
T. Ídolos
U. Chuminada
V. Ordenad

Acróstico: P. Levi "El sistema periódico".
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lunes, febrero 14, 2011

Placeres Mundanos

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"La tentación de Jansson", más allá de IKEA

Aprovechando que hoy celebran los enamorados del mundo el día de San Valentín, y pensando en los caballeros heteros que frecuentan este lugar ¿por qué no sorprender a su amada con un papeo en condiciones en vez de regalarle flores de plástico, bisutería de tienda de chinos y baratijas parecidas? Como supongo que tras la cena vendrá lo otro —porque si no viene, ¿para qué diablos meterse en la cocina?— propongo una recetita ligera que vi en la tele hace unos días, en origen (porque lo que sigue no es más que una adaptación, una mala traducción para paladares carpetovetónicos) una cosa sueca que lleva el aparatoso nombre de “La tentación de Jansson”, individuo, este Jansson, que debía ser de buen conformar a tenor de la simpleza del guisote.

Sin alejar de la cabeza nuestro objetivo, esto es, perseguirla hasta el catre, comenzaremos por filetear 2 buenas cebollas (fig. 1) que acto seguido cuasi caramelizaremos en una sartén, utilizando un taruguito de mantequilla como médium freidor (no vendría mal en este momento espolvorear sobre la cebolla una pulgarada de azúcar. Fig. 2)


Mientras se realiza la suaaaave fritanga a fuego lentíiiiisimo procederemos a pelar, lavar y cortar, como en una peluquería, del orden de 4 patatas medianas. Al efecto, servidor utiliza un artefacto picador/rallador que me fue regalado por mi prima Consuelito, la de Alemania, y que parece uno de esos utensilios del ‘TeleTienda’ o de la ‘Tienda en Casa’. Aparato, por otro lado, que junto a su facilidad de manejo es capaz de dar a las patatas el corte deseado, o sea, el que las reduce a ‘patatas paja’ (fig. 3), por lo que de no poseer Ud. cacharro parecido le recomiendo que se arme de paciencia y corte las patatas en rodajas finiiiiitas, finiiiiitas, tan finiiiiitas como pueda.

Tras el proceso, mantendremos un rato las patatas en remojo para que eliminen el almidón y esas cosas raras que exudan los tubérculos, aprovechando el patataluvio para engrasar con mantequilla un molde para horno que puede ser de cristal, de barro o metálico como el del ejemplo (fig. 4)



Ahora viene el asunto de los estratos. Quiero decir que una vez bien pochada la cebolla y lavadas y escurridas las patatas, comenzaremos el proceso de llenar el molde siguiendo este orden: Primero, pondremos en el fondo una generosa capa de patatas-paja con una pizquita de sal (fig. 5), sobre ella verteremos la translúcida cebolla (fig. 6) y sobre tan suave colchón repartiremos de forma ordenada los filetes de anchoa que puedan contener 2 latitas (fig. 7). Las que yo utilicé, de la acreditada casa “El Consorcio” —sí, como los ex-Mocedades que cantaban eso del txakatxa del tren, por emplear una onomatopeya euskárica— tenían la ventaja de ser bajas en sal; un 50% menos de sal según se anuncia en el embalaje, lo cual aleja el peligro de la salazón en demasía del resultado final.



Terminamos cubriendo las anchoas con otra capa de pajipapas, vertiendo finalmente sobre tal estratigrafía una botellita de nata líquida ligera especial para cocinar, o sea, la Président y dejémonos de eludir marcas (fig. 8) Añadimos otra pizca de sal —mucho ojo al respecto—, pimienta recién molida y unos daditos de mantequilla.

Previamente calentamos el horno y una vez alcanzada la temperatura adecuada (230º/240º) introduciremos el preparado y lo dejaremos allí como unos 40 minutos, tiempo que aprovecharemos para preparar una ensalada verde de lechuga, cebolleta, pepino y rúcula más el añadido cromático de unos rabanitos a medio pelar (fig. 9)

El resultado final de esta “Tentación de Jansson” es tal el que muestra la última borrosa foto (tuve que hacerla con el móvil porque la cámara se me quedó sin batería)…


Lo que venga después ya es cosa suya, querido amigo, aunque me permito recomendar para acompañar el plato la ingesta de algo fuertecillo —sólo para ella, ojo, Ud. dele a la gaseosa no vaya a terminar la aventura en gatillazo—, por ejemplo de un Acquavit, un aguardiente de pera, un buen vodka… cualquier cosa que consiga ponerla beoda de manera rápida, ya sabe. Eso sí, antes de pasar a la acción no olviden someter sus dentaduras a una limpieza en profundidad so pena de acompañar los actos con una doble y embarazosa halitosis producto de las anchoas y los rábanos.

Si finalmente les sale bien la jugada, no me den a mí las gracias, désenlas a Jansson y a su conformista tentación. Suerte.
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jueves, febrero 10, 2011

Crisis, what crisis?: Corrección.

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Podemos imaginar que la autoría del cartel se debe a una dependienta del establecimiento, una modesta tienda de mi barrio acosada por la competencia oriental. Una dependienta muy joven, de las que dejó el colegio en cuanto terminó la enseñanza obligatoria y luego hizo un “módulo” de peluquería. Una dependienta que cobra un sueldo muy bajo y se lleva 10 horas metida en el local. Una dependienta a la que, claro, llaman Vane, Yeni o Fani.

Ya es más complicado adivinar quién propuso la corrección. ¿El propietario?, ¿una amiga del colegio algo empollona?, ¿un cliente de equivocada jactancia? Desde luego, la caligrafía que convierte el papel en un palimpsesto está trazada por la misma y juvenil mano, la que de manera involuntaria anuncia la liquidación, el fin de la esintencia/existencia en singular, no ya de edredones y juegos de sábanas, sino del propio negocio.
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lunes, febrero 07, 2011

Agudeza visual

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¿Eres, desocupado lector, poseedor de una mirada perspicaz? Trata de adivinar entonces qué elemento común une a los caballeros que aparecen en la imagen superior. Tienes 3 minutos para resolver el enigma. Si una vez hallada la solución persistes en tus ganitas de hacerte escritor, ya sabes qué es lo primero que debes irte a comprar, so garrulo, ¡con ese pedazo de cabezorro que tienes! ¡calabazo!
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