miércoles, enero 13, 2010

Boligrafía 3


Una de las ventajas de la boligrafía es que admite variantes. En efecto, la boligrafía puede surgir tanto en mitad de una charla telefónica —con independencia de que el aparato desde el que hablamos sea fijo o móvil— como durante una reunión de Comunidad de Vecinos, especialmente en las traseras de las páginas que componen el Orden del Día y en el momento en que los cargos electos discuten, vociferan o, con sencillez, parlotean de sus cosas. (Si como decía Sartre*, el infierno son los demás, si éstos son vecinos, el tormento se multiplica por siete.)

Pero también hay boligrafías que nacen a la vez que la escritura, en una de esas pausas en que la mano que escribe se toma un recreo, un Kit-Kat, y sale al patio del margen y con su autonomía acostumbrada gesta y crea un símbolo, un signo tipográfico, un arabesco o como, en este caso, un personaje que lleva el añadido de poseer el don del habla. “Lo siento, Johnny”, dice este sujeto que lo mismo puede ser un mendigo de los años de la Gran Depresión que un cowboy finisecular. Lo importante, en suma, es que parece sinceramente atribulado, que su pesar hacia lo que haya podido ocurrirle a Johnny no es un mero formulismo, sino que su gesto denota la honradez de unos buenos sentimientos. Johnny ha debido apreciarlo como amigo.

*¿Era Sartre o era Eluard? Bah, qué más da un charlatán que otro.





2 comentarios:

la abuela bloguera dijo...

cuando sólo se escriba con teclados, cuando eso de escribir a mano, con un boli, se vea como una arcaica solución improvisada de exóticos antepasados...

Fleischman dijo...

La verdad es que hace mucho que no escribo a mano, tal vez porque se me da fatal dibujar. Te ha quedado chulo el cowboy conmiserativo.