sábado, junio 22, 2019

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Los aforismos de don Julián de Capadocia, 01.

La sala de cine es enorme, con un aforo que parece ilimitado. En cambio, las dimensiones de la pantalla no son extraordinarias. Es una pantalla más bien pequeña. Frente a ella se organiza el graderío en una disposición tan inclinada que permite la visión de la película que se proyecta desde cualquier lugar y sin molestia alguna para los espectadores. La gente entra y sale de la sala a oscuras, iluminada apenas por los reflejos de la pantalla, el haz de luz del proyector y las linternas de los acomodadores. Al acceder a la sala desde las filas más altas, los nuevos espectadores son recibidos por ellos, que los ayudan a organizarse en grupos, u ocupan butacas solitarias. Lo mismo se reúnen varios amigos que al rato alguien se levanta y se dirige a un grupo de familiares, siempre en sentido descendente. O se sientan emparejados. O solos. Nadie permanece mucho tiempo en su asiento. Cuando deben cambiar de lugar, reclaman el servicio del acomodador. Los acomodadores tienen mucho trabajo. Se mueven con eficacia por los pasillos del graderío sorteando a los vendedores ambulantes de refrescos, atienden a los que ingresan en la sala, reubican a los que así lo solicitan, acompañan a los que son señalados hasta la salida. Aunque no lo admite el reglamento, aceptan propinas de los que desean retrasar el descenso.

La película se proyecta de manera continua y no se conoce la duración de su metraje. En la pantalla aparecen paisajes y animales, niños que se deslizan por un tobogán, obreros que construyen un rascacielos, un camaleón que devora un saltamontes, fragmentos de filmes expresionistas, las pirámides de Egipto, orquestas caribeñas, un anuncio de detergente, un volcán en erupción, una troupe de saltimbanquis. A los sonidos naturales se superponen bandas sonoras de películas memorables. Un hombre se afeita a los acordes de un adagio, una mujer decapita a un cordero mientras suena un motete barroco. Un bebé sonríe cuando escucha la voz de Audrey Hepburn. Desde un balcón, Mussolini aparece gritando sobre una cantata de Bach. Los espectadores siguen la proyección tan fragmentariamente como la proyección misma. Los acomodadores, incansables, se afanan en ubicar a cuantos entran y en tocar el hombro a los que deben salir de la sala siempre oscura. Los señalados parecen no enterarse, remolonean en las primeras filas, buscan monedas en sus bolsillos. Hasta el tercer o cuarto aviso no abandonan su butaca y se dejan acompañar por el acomodador hasta la pequeña puerta situada a la derecha de la pantalla. Cuando el acomodador los despide, los señalados se resignan al fin, levantan una mano como saludando. Mientras, sin detenerse en momento alguno, continúa la proyección, y en las gradas, prosigue el trasiego del gentío innumerable --espectadores, vendedores, acomodadores-- que abarrota la sala y la llena de ruido y de furia.
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jueves, enero 03, 2019

2018: Resumen del año lector.

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Este año ha sido más abundante en títulos, pero solo porque muchos de ellos eran volúmenes de una delgadez anoréxica. A diferencia de otras ediciones, acompaño cada título con un breve comentario.
Hale, ahí suelto mi ristra de libros atados unos tras otros como chistorras...
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1. “La mitad del alma” Carme Riera.
No me acuerdo de nada. Creo que era una novela romántica o algo.

2. “Historia de la filosofía moderna” Varios autores.
La filosofía –que nunca estudié de manera reglada—comenzó a interesarme hace unos años. Este es un sencillo libro de divulgación para el autodesburramiento.

3. “La gran pesquisa” Tom Sharpe.
Divertido, irónico, como todo lo de Sharpe. Algo anticuado también.

4. “Tractatus lógico-philosophicus” Ludwig Wittgenstein.
Un corto ensayito tras un título tan largo y pomposo. Esto es otra liga. Solo alcancé a entender un 5% de lo que expone. El autor es fascinante.

5. “Como la vida misma” Luis Juan Hurtado.
Memorias de un jubilado ubetense prologadas por Antonio Muñoz Molina. Literatura pop en todo su sentido. Muy interesante y muy amena.

6. “Mi credo” Herman Hesse.
Compilación de escritos espirituales del autor alemán. Debió ser una buena persona.

7. “Un andar solitario entre la gente” Antonio Muñoz Molina.
Inclasificable producción de AMM. A pesar de sus trancas y barrancas, a mí me causó mucho placer leer esta prosa moliniana. De lo mejor de este año, ea.

8. “El juego de los abalorios” Hermann Hesse.
Novela críptica, filosófica y espiritual, donde abundan los pasajes tediosos y las escenas entre maestro sabelotodo y alumno atontolinao, ambos con túnicas.

9. “Los Watson” Jane Austen.
Proyecto fracasado de novela. Señoritas que quieren casarse con jóvenes apuestos. Nada memorable.

10. “El festín de Babette” Isak Dinesen.
¡Mejor la peli, dónde va a pará! Mininovelita muy concentrada y olvidable.

11. “Epicuro” Carlos García Gual.
Descubrimiento luminoso de este profesor, extraordinario ensayista. Epicuro es la figura que he tomado como base para edificar mi propio pensamiento, quitando, poniendo y modificando. Libro imprescindible para entender al denostado griego.

12. “Una rubia imponente” Dorothy Parker.
Una chuminá.imponente.

13. “Demian” Hermann Hesse.
Relectura de mi novela favorita de Hesse. Pero hay que leerla por primera vez con 18 años o por ahí. Aguanta el tipo. Muy buena.

14. “Kew Gardens y otros cuentos” Virginia Woolf.
Lo primero que me echo a las gafas de Mrs. Woolf y a fe mía que no ha sido bocado de mi gusto. Una cosa translúcida, evanescente, flotosa como un fulard de gasa.

15. “La secta del perro” Carlos García Gual.
Ensayo y compilación del profesor García Gual sobre los cínicos, esos individuos tocapelotas que fueron los antisistema del mundo clásico.

16. “Historia de nuestra familia” María Rubio Pizarro.
Memorias de una prima de mi madre, tal vez uno de los miembros más singulares de entre sus parientes por ser hija de la emigración a los Estados Unidos en los años 20.

17. “El atrevimiento de mirar” Antonio Muñoz Molina.
Recopilación de reflexiones del ubetense ante diversos cuadros de distintas épocas. Nadie como AMM escribe sobre pintura en España. Magistral.

18. “La montaña mágica” Thomas Mann.
¡El Gordo, ha salido el Gordo por fin! Obra maestra de la literatura.

19. “Trabajo sucio” Eva Vaz.
Único poemario leído durante este curso lector. Gran cantidad de versos dedicados a sus propios dientes y a su vida sexual. Me encantó.

20. “De qué hablo cuando hablo de escribir” Haruki Murakami.
Mi primer Murakami. Interesante ensayo onanista en torno a la propia escritura.

21. “Ejercicios de admiración” Emil Cioran.
Diversos y agudos retratos trazados por esta alegría de la huerta de varios contemporáneos. A pesar de todo, resulta bondadoso con la mayoría.

22. “Tokio Blues” Haruki Murakami.
Primera novela que leo de este japo. Gran novela, magnífica novela. Qué bien.

23. “La vida eterna” Fernando Savater.
Especie de continuación de su anterior “Las preguntas de la vida”, que fue el libro fundamental que me llevó a interesarme por la filosofía. Savater no es solo un grande y ameno divulgador de este saber, sino un escritor principal.

24. “El cumpleaños de los niños” Truman Capote.
Novela corta del cáustico autor. Bueno, no estuvo mal. Ni bien. ¿Qué ocurría?

25. “Carta a mi padre muerto” José María Gironella.
Desgarros varios del olvidado autor, ejercicio de sinceridad y expiación, sobrecogedor a veces e interesante siempre. Muy buena esta carta.

26. “Breve historia de la filosofía” Justus Hartnack.
Alguien dijo que la filosofía es la historia de la filosofía. Nuevo volumen divulgativo, pero en este caso, bastante aburrido.

27. “La sombra del ciprés es alargada” Miguel Delibes.
Primera novela del vallisoletano, ganadora de un Nadal. Psch, psch y más psch.

28. “Una historia africana” Javier Reverte.
Novela corta que parece escrita con el solo objetivo de ser adaptada al cine o a serie de televisión. Supongo que la otra intención es puramente alimenticia.

29. “Don Quijote” Miguel de Cervantes.
Enésima relectura. Debí tener yo muy mal cuerpo este verano para que me afectasen tan poco las tribulaciones de mis grandes amigos el Flaco y el Gordo. Ojalá que no vuelva a ocurrir en la próxima ocasión.

30. “Tres vidas de santos” Eduardo Mendoza.
Relectura. Tres historias agrupadas de diverso tono, y todas apreciables. Recomendable por completo.

31. “El asombroso viaje de Pomponio Flato” Eduardo Mendoza.
Relectura también. El Mendoza más mordaz para el seguidor más devoto. Muy diver.

32. “Historia de la filosofía” Varios autores.
En realidad, se trata de un libro de texto; en concreto de COU. Para sistematizarme un poco y dejarme de tanta dispersión.

33. “Principios elementales de filosofía” Georges Politzer.
Manual dedicado a asociaciones de obreros para su formación. Muy interesante, pues se carga de un plumazo toda la filosofía especulativa y espiritual. Sólida base para internarse en la dialéctica materialista que inició Hegel y desarrolló Marx.

34. “La mujer y el pelele” Pierre Louÿs.
Una delicia de los tiempos simbolistas y decadentes que se desarrolla en esta ciudad y que ha sido mito recurrente para escritores y cineastas. Fue una agradable sorpresita.

35. “De la naturaleza de las cosas” Lucrecio.
El largo poema en prosa del latino Lucrecio, epígono máximo del epicureísmo. Libro tan denostado como su inspirador. La biblia de esta escuela helenística.

36. “La edad de la penumbra” Catherine Nixey.
Pretendido estudio sobre la destrucción del mundo clásico a manos de los cristianos. El problema es que el libro es muy tendencioso y puramente anecdótico. Bah.

37. “Colegio Menor Santa Ana” Francisco Cacho Agudo.
Memorias colegiales/adolescentes. Compendio de remembranzas de un internado en aquella época que conocimos casi todos. Crónica de la gesta que supuso el aprovechamiento de becas por parte de las clases más humildes. Gente admirable.

38. “Meditaciones” Marco Aurelio.
Si Lucrecio fue el autor de la biblia epicúrea, el emperador se encargó de reflejar en máximas y pensamientos el evangelio estoico. Hay muchos puntos en común entre ambas escuelas, pero los estoicos tienden a ser más siesos.

39. “Sueños ferroviarios” Francisco Romero Peña.
Caóticas memorias de jubilata, pero en esta ocasión el autor es un maquinista de la Renfe. Redacción a lo bruto, sin desbastar, de las que concentra quince adjetivos superfluos en cada frase, tal vez el único atractivo –lo naïf—de este amasijo de anécdotas.

40. “Siddharta” Hermann Hesse.
Relectura de esta novelita que funciona como un cuento de hadas con simbología budista. Hay que leerla con la edad apropiada.

41. “El banquete” Platón.
Uno de los más famosos diálogos platónicos, donde Sócrates ejerce de mero personaje portavoz de las teorías del autor. Platón era un poco pelma y a mi juicio, andaba bastante equivocado.

42. “Tiempo” Rüdiger Safranski.
Ensayo sobre un tema que me interesa sobremanera: la naturaleza y la percepción del tiempo. Muy interesante, muy recomendable para todo aquel prisionero perpetuo del presente.

43. “El epicureísmo” Emilio Lledó.
Otra vuelta de tuerca a esta escuela de pensamiento por medio de la siempre cariñosa escritura de Lledó. Complemento ideal para el tema.

44. “Perro ladrando a su amo” Javier Sachez.
Novela galardonada con no sé qué premio. Una historia inverosímil en cualquier caso. Creo recordar que hubo alguna metáfora afortunada entre sus páginas.

45. “Filosofía para la felicidad: Epicuro” Varios autores.
¡Pero qué pesao con el Epicuro de los cojones! Pues sí, un compendio más para gozo de cuantos pretenden hollar el suelo del Jardín y ser lechones de su piara (como dijo Horacio, cuando tacharon de cerdo a su maestro).

46. “Las mil y una noches de Hortensia Romero” Fernando Quiñones.
Toda la gracia de Cádiz concentrada en el relato de una prostituta. Tal vez su lenguaje, lleno de formas dialectales pueda restar interés al foráneo. Muy divertida.

47. “Aforismos sobre el arte de vivir” Arthur Schopenhauer.
Otro highlight del presente curso lector. Observaciones de un sabio sobre la condición humana y que me han animado a seguir conociendo más acerca de la obra de este cascarrabias del copón.

48. “Derecho natural” Ignacio Martínez de Pisón.
Una cosa prescindible por completo, poco digna de figurar en la bibliografía de este autor. Con novelas así se comprende que la literatura interese cada vez menos.

49. “Spinoza” Joan Solé.
Breve semblanza sobre la vida y obra de mi tito Benito, ese hombre bueno que dotó al malaje racionalismo de calidez y panteísmo.

50. “Ordesa” Manuel Vilas.
Una estafa. 

¡Y e... Y es... Y esto es todo, amigos!


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martes, diciembre 25, 2018

Cuento de Navidad, 2018

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CUENTOFLASHBOTEPRONTO NAVIDEÑO PARA CONTAR A LOS NIÑOS EN LA CAMA


EL PERRITO


--Ven, perrito, ven... Toma, perrito...

El que así hablaba era un mendigo que establecía su limosneo en la puerta de un supermercado. En un cuento de navidad que se precie (porque lo que sigue se desarrolla una fría mañana de 24 de diciembre), siempre debe aparecer un mendigo, con el objetivo de que cuando se produzca el prodigio, el milagrito correspondiente, contraste con su vida desgraciada.

--Ven, perrito, ven... Toma, perrito...

El mendigo (del que adelantaremos su nombre: José Alfredo, que es un nombre que no le cuadra a un mendigo al uso; pero ya se explicará el porqué de este nombre tan impropio de pedigüeño) le ponía al perrito cerca del hocico una salchicha que había sacado de un paquete de salchichas de marca blanca. El perrito era de esos alargados que son conocidos popularmente como "perros salchicha", por lo que esta circunstancia se hacía paradójica: un perrito salchicha que comía salchichas.

Al final, el perro --todo ojos negros como grandes bolas de vidrio-- se comió no una sino tres salchichas mientras agitaba la cola. Era un perro asustado, abandonado o extraviado, con cara de buena persona. El mendigo le acercó una cuarta salchicha, pero el perrito dijo que nones. Ya tenía la pequeña barriguita llena. Ese momento de rehusarla es el que observó una cajera del super que salió un momento a la puerta a fumarse un cigarro. Conocía más o menos al mendigo. Es la que le daba pimientos y tomates pochos al acabar la jornada.

--Oiga, un momento --le dijo, --me parece que ese perrito es el de la foto del cartel que hay en la esquina. Se ha perdido y dan una recompensa a quien lo encuentre. Voy a ver.

La cajera, que era una muchacha dispuesta y que hacía muy bien los mandados, se acercó al sitio que indicó y al rato volvió con el papel en la mano. Allí, bajo una fotografía en blanco y negro, ponía: "Extraviado perrito de raza teckel por esta zona del barrio. Se llama Cuqui y lleva un collar con los colores de la bandera de Bosnia Herzegovina. Se recompensará". La parte baja del papel estaba cortada en tiritas con un número de teléfono impreso.

--¿No le parece que es él? --preguntó la muchacha dirigiendo miradas alternas al cartel y al perro.

--Sí, parece que es el mismo. Y es verdad que el collar tiene los colores de la bandera de Bosnia Herzegovina (aclaremos que José Alfredo, antes de abandonarse a la calle por una sucesión de tribulaciones, fue profesor de vexilología en una facultad de Geografía e Historia) --Pero yo no tengo teléfono para llamar. Si me hace usted, el favor...

--No se preocupe, llamo yo y si eso, nos repartimos la recompensa.

Así lo hizo y ambos quedaron a la espera, pues resulta que el dueño del perro vivía cinco manzanas más allá y dijo que marchaba a buscarlo enseguida. Para entonces, el perrito Cuqui (que se había bebido media botella de agua vertida en el plato de las limosnas) dormía acurrucado entre las piernas del mendigo.

--Tengo que volver a la caja, pero estaré pendiente. Ah, y lo de la recompensa lo he pensado mejor, se la queda usted, nada de repartos.

--Muchas gracias, señorita, que Dios se lo pague.

Al cuarto de hora, se presentó el dueño (un hombre apuesto con aspecto de recién duchado y con una cascada de caracolillos de pelo que le caía por la nuca). Cuando vio a su perro, abrió los brazos y comenzó a decirle: "¡Cuqui, Cuqui!, ¿dónde te habías metido, granuja?, ¡llevamos cindo días buscándote!... (el perro, despertado por las voces, no dio muestras de contento. Ni saludó, ni sacó la lengua, ni meneó el rabo, ni nada). Muchas gracias, señor, por haberlo cuidado".

--Solo le he dado agua y unas cuantas salchichas. Tenía hambre y sed. Llamó una cajera.

Pero la cajera no presenció nada de esta escena, pues el encargado del supermercado la destinó al almacén como castigo a su breve huída para fumar.

--Bueno, sujételo un momento, porque para darle las gracias, le prometo que va a tener usted una buena cena de Nochebuena.

Y dicho esto, el hombre se metió en el supermercado, saliendo al rato con una bolsa de las pequeñas llena de envases de mortadela (de la normal y con aceitunas), chopped (de cerdo y de ternera), tres paquetes de salchichas --¡más salchichas!-- y otro de queso en lonchas. Pero ojo, todo de marca blanca y no precisamente Hacendado. También puso en la bolsa media docena de huevos y una pieza de pan.

--Ea, pues esto junto con los diez euritos que le doy --no se los gaste usted en vino, hágame el favor--, conforman su recompensa. ¡Cuqui, ven con el amito y deja ya en paz a ese hombre, que nos espera mami en casa!

Y es entonces, en este momento exacto, cuando se produjo el esperado milagro. Lo inefable, lo prodigioso. Al perrito Cuqui le fue dado el don de la palabra durante tan solo diez segundos, pero que supo aprovechar muy bien, pues dijo con voz contundente de barítono --asombrosa para lo pequeño de su tamaño--: "Yo no me voy contigo a ningún lado, mamarracho. Yo me quedo en compañía de este hombre para el resto de mis días" (tras la dos frases volvió a su guau guau habitual). La sorpresa fue de tal magnitud que el hombre salió huyendo despavorido.

Con Cuqui y los estuchados de embutido, José Alfredo --que era un hombre bueno que no se extrañaba ante los imposibles-- pasó una de las más felices nochebuenas que recordaba en años. La primera de las doce que ambos vivieron juntos en buen amor y compaña antes de que una malhadada tarde, un camión lleno de escombros los atropellara en marzo de 2030 con resultados fatales.

T H E       E N D

viernes, septiembre 21, 2018

"El rey recibe", Eduardo Mendoza

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La presentación ayer de la nueva novela de Eduardo Mendoza, "El rey recibe", fue tumultuosa y cálida; esto último, en el doble sentido de ser acogedora y de provocar la sudoración, algo visible en el continuo abaniqueo de muchas señoras que formaban parte del nutrido público. El efecto se puede apreciar en la fotografía que a continuación se muestra: la aparición de la vera efigie de san Eduardo entre dos cogotes recalentados:
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Aparte de la temperatura y el gentío, el natalicio hispalense discurrió por los caminos más amables y siempre dentro de la socarronería que marca el discurso del cervantino autor. En este caso, la presentación fue dirigida por un joven entusiasta de la obra mendocina, que más que un maestro de ceremonias, parecía el presidente de un Club de Fans. Con todo, el muchacho era simpático y, aunque verborreico, supo sacarle el jugo guasón a Mendoza, que en ningún momento perdió la sonrisa ni la melodía irónica en sus intervenciones, lo que se tradujo en un casi continuo carcajeo por parte del respetable.

Según se explicó, esta novela quiere ser la primera entrega de una proyectada trilogía o tetralogía --porque aún no está claro el asunto-- que vendrían a ser unas memorias literaturizadas a través del personaje llamado Rufo Batalla (trasunto del propio Mendoza) y que quieren abundar, más que en lo íntimo/personal, en los acontecimientos de los que ha sido testigo, desde el último franquismo a la actualidad.

Bueno, ya la leeremos y opinaremos, imagino que bien. 

El caso es que tras los largos parlamentos tanto del barcelonés como del muchacho nativo, el tiempo se hizo escaso y se decidió anular el espacio de preguntas del público para ganarlo al protocolo de la firma de libros, que, como así fue, se suponía largo. La suerte, para quien esto redacta y sus acompañantes, fue que nos acoplamos en los primeros puestos de la cola.

Eduardo Mendoza nos atendió en una mesa dispuesta para ello. Es un hombre --aparte de cansado de tanto barullo-- de mundo, distinguido, alto, delgado, de indudable atractivo para las mujeres. Vestía un traje gris y una camisa blanca sin corbata, pero con puños abrochados con gemelos que contrastaban su decadente chic con unas flamantes zapatillas deportivas. Es un evidente coqueto.

Llegándome el turno de la firma (la cola se movía rápida, pues incluso una señorita de la organización, para ganar tiempo, iba marcando con un marcapáginas los libros de los que aguardaban en la página donde debía firmar), el encuentro fue tan automatizado y rápido que al menos por mi parte, tuvo como punto positivo el no soltar demasiadas de las habituales patochadas. Me limité a saludarlo y a comentarle que le pediría a los Reyes Magos su última novela, así que le solicité me dedicara mi ejemplar de "Una comedia ligera", mi libro preferido. "También es el mío", me contestó con la boca guiñada. Tras hacer un repaso a las influencias del libro y citar a Jardiel Poncela y Woodehouse, escribió la escueta dedicatoria, estampó su firma y al estrecharnos la mano, me despedí de él farfullando con osadía y no menos cachondeíto: "Muchas gracias y ¡arrivederci, pollo!" Esta despedida en clave, le arrancó una risilla. Menos mal.


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miércoles, enero 03, 2018

2017: Resumen del año lector

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Haciendo juego con la insipidez de este año en cuanto a lo privado, la lista de lecturas es igualmente sosaina, pues dejando aparte el trabajo que me estoy tomando de elaborar un listado de personajes y sus relaciones que intervienen en las Novelas Contemporáneas de don Benito el Garbancero (inigualable hasta la fecha su relación cantidad/calidad) que vengo publicando en la Wikipedia, y la intención didáctica de los textos de filosofía, muy pocos títulos sobresalen hasta alcanzar el alto grado de ser memorables.

Sin más dilación, ahí va la anual listita (el asterisco supone relectura de la obra designada):



1. “La cena” Herman Koch
2. “Muertes y maravillas” Rafael Téllez
3. “Filosofía y lenguaje” Emilio Lledó
4. “El llanto irisado” Rafael Cansinos Assens
5. (*) “¿Por qué no soy cristiano?” Bertrand Russell
6. “Los almajos” Juan Villa
7. “Sevilla en los labios” Joaquín Romero Murube
8. (*) “La desheredada” Benito Pérez Galdós
9. “La deshumanización del arte” José Ortega y Gasset
10. (*) “El amigo Manso” Benito Pérez Galdós
11. “La soledad del aguacero” Rafael Téllez
12. “El silencio” Carlos Castilla del Pino y otros
13. “Las formas de la luna” Felipe Benítez Reyes
14. (*) “El doctor Centeno” Benito Pérez Galdós
15. “Ser feliz como Epicuro” José Jiménez Ortega
16. “De la mano de los griegos” Jorge Faral
17. “El juego de los muertos Eloy M. Cebrián
18. “El surco del tiempo” Emilio Lledó
19. (*) “Tormento” Benito Pérez Galdós
20. “Manifiesto comunista” Karl Marx
21. “Filosofía” Manuel Calvo Jiménez
22. (*) “La de Bringas” Benito Pérez Galdós
23. “Máximas mínimas” Enrique Jardiel Poncela
24. “Zapatos para pisar la lluvia” Teresa Guzmán Carmona
25. “La filosofía en el tocador” Marqués de Sade
26. “Aristóteles, la necesidad de comprender” Jonathan Lean
27. (*) “El Principito” Antoine de Saint-Exupéry
28. “La vida negociable” Luis Landero
29. “Canadá” Richard Ford
30. “La filosofía estoica” J. M. Rist
31. “Los miserables” Victor Hugo
32. "El jardín de la casa de mi madre" Miguel Ángel Moyà
33.. “El nacimiento de la filosofía” Giorgio Colli
34. “Relatos con codeína” Óscar Maif
35. “La Biblia de neón” John Kennedy Toole
36. “Historia de la filosofía medieval” Rafael Ramón Guerrero
37. “Un mundo feliz” Aldous Huxley
38. (*) “Ser feliz como Epicuro” José Jiménez Ortega
39. (*) “Filosofía” Manuel Calvo Jiménez
40. “Cuentos de mujeres” Carlos Gallego Brizuela
41. “4,3,2,1” Paul Auster
42. “La merienda del caníbal” Francisco Manuel Espinosa
43. (*) “El mundo de Sofía” Jostein Gaarder
44.“Días de Nevada” Bernardo Atxaga

Destaco, por razones obvias, aparte de las relecturas, los títulos de mis amigos Óscar Maif, Eloy M. Cebrián y Carlos Gallego; amen de "Los almajos", la entrega que completa la asombrosa trilogía de Juan Villa. El 8Mil que ascendí este verano fue "Los miserables" de don Victor Hugo, novelón al que poco puedo añadir sino rendida admiración. En cuanto a poesía --género que a cada año que pasa, va ocupando más sitio-- no debo olvidarme de los poemarios de Rafael Téllez y, en especial, del libro de Miguel Ángel Moyà, cuya publicación en mitad de circunstancias adversas, fue posible gracias a la amistad de muchos y al coraje de unos pocos. En cuanto a la esperada novela de Auster "4,3,2,1", confieso que hubo un momento en que llegó a aburrirme. Mucho mejor a mi entender, "Canadá" de su compatriota Richard Ford.

Lo positivo, en cambio, es que por abajo, ningún libro ha merecido el premio "Babuchazo de Muermo Triple Cero" que entrego cada año. Ya digo, todo ha sonado en tonos medios con las correspondientes excepciones de notas agudas pero agradables.

Y aquí lo dejo, que ya me cansa tanto escribir y tanta cháchara.

Feliz 2018 a todos los seguidores de este giliblog.

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jueves, diciembre 28, 2017

"La merienda del caníbal"



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"Si de verdad se aman a sí mismos y a sus seres presuntamente queridos déjense de colonias, de zapatillitas y corbatitas y obséquiense y obséquienles con un morrocotudo regalo de Reyes, lo más granado de la obra de Sap reunido y pulido, ilustrado por él mismo, en un único volumen que acaba de salir calentito de la imprenta, una delicia para paladares exquisitos, una golosina para gourmets literarios: "La merienda del caníbal". Pinchen sin miedo en el enlace".

(Óscar Maif, ilustre prologuista)




sábado, noviembre 11, 2017

Con Chiquito en el corazón

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Observé que con este hombre indefinible nacido después de los dolores –más que humorista, me parece un constructo extraño al que los surrealistas se lo hubieran comido a pellizcos– se cumplía una regla: no todos sus seguidores tienen imaginación; pero sí les falta toda imaginación a sus detractores.

Viendo hace un rato una entrevista que le hizo Buenafuente en su programa, advertí que una de las cualidades de Chiquito fue predisponernos a ser felices por un rato, tan buena acogida tenía su gestualidad y su verborrea aplicadas a unos chistes tan malos como desarrollados en un continuo macguffin. La otra, la otra cualidad, fue renovar, enriquecer la lengua española como nunca antes había sucedido y como ningún literato o académico lo había hecho. Y así resultó que un día, de la noche a la mañana, una buena parte de la población de este país, sin distinción de clases, edades ni “sensibilidades”, desde Agamenón a su porquero, desde un jovencillo Puigdemont a un solemne juez del Supremo, se levantó de la cama ejecutando mímicas chiquitescas y adoptando sus expresiones y su delirante vocabulario, incluyendo esa asombrosa palabra, esa chispa de genio, que es “fistro”, la solución a todos los problemas lingüísticos porque todos los significados están contenidos en ella.

Ya sólo por eso, Chiquito era grande, tan grande que si su estatura se hubiera medido en bondad y modestia, hubiera podido jugar de pívot en la NBA; porque además –algo que muchos hubieran explotado con petulancia–, se daba en él la circunstancia de no mantener débito artístico con nadie: el producto que nos ofreció fue absolutamente original y sorprendente, lleno de inocencia, porque al final resultó que el pecador de la pradera, el torpedo sersuarl, el de las caiditas de Roma, las guarreridas españolas y el del hamatoma diodenarl y la Meletérica, era tan limpio de alma como el fistro de su corazón. Siendo así, ¿quién no iba a quererlo?

Un beso en tu calva de hombre bueno, Chiquito, gracias por todo lo que nos diste y hasta luegooorl, Lucaaar.

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jueves, noviembre 09, 2017

La filosofía en babuchas de paño

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Creo que llegado a estas alturas (o más bien bajuras) de la vida, de mi vida, es el momento de comenzar a elaborar a modo de decálogo unas conclusiones acerca de esta cosa rara del vivir y del cómo vivir; de resumir en breves sentencias lo que entiendo fundamental de mi posición moral en el mundo; de intentar la exposición sintética de mis principios metafísicos y éticos, algo que, claro está me lleva a recordar la célebre frase de Groucho Marx: “Estos son mis principios, pero si no les gustan, tengo más”.


Por supuesto, estos diez puntos iniciales están sujetos a reformulación, a ampliación o reducción de su número, etc, según pasen y actúen el tiempo y la existencia en mí mismo, en mi mismidad, como diría mi amiga Vichoff. Claro que también, cada uno de los puntos deben justificarse, desarrollarse, glosarse. Pero esto viene después, porque lo primero es ensayar la síntesis expositiva. Supongo que a tenor de ellos, de estos puntos, se hace evidente la influencia importante de las enseñanzas epicúreas, cimiento donde se basa el todavía frágil edificio de este decálogo. No pasa nada.



Punto 1. Solo existe la vida. La vida hay que celebrarla.

Punto 2. Somos azar y tiempo presente. No hay destino ni providencia.

Punto 3. Somos un cerebro. Somos un lenguaje. Nada más y nada menos.

Punto 4. Dios es una invención importante, pero irrelevante como personaje. No merece atención.

Punto 5. El fin es ser felices por medio del disfrute de los placeres naturales.

Punto 6. Hay que procurar el estado de serenidad y de ausencia de dolor.

Punto 7. No hay que creer. Hay que pensar. Hay que estudiar.

Punto 8. Solo la ciencia abre el camino del conocimiento.

Punto 9. Las virtudes más apreciables son la bondad y la alegría.

Punto 10. El propósito debe ser alcanzar la fraternidad biológica.
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Addenda: La pretensión de redactar un decálogo es contraria a los principios contenidos en este decálogo.

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martes, octubre 31, 2017

"Relatos con codeína" de Óscar Maif.

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Estimados mamíferos:

Celebremos todos la aparición en el mundo de las letras (y en el mercado de Amazon) el libro que acaba de publicar mi amigacho Óscar Maif, "Relatos con codeína", un delicioso compendio de narraciones que he tenido el honor de prologar, algo que indica el nivel de bonhomía que tiene el autor del volumen. Facilito el enlace para acceder a su compra:

https://www.amazon.es/Relatos-codeina-Oscar-Maif/dp/1978341695/ref=sr_1_1?s=books&ie=UTF8&qid=1509452291&sr=1-1&keywords=oscar+maif

¡Por favor!, ¿quién por menos de 8 eurillos va a resistirse a disfrutar de unos buenos ratos de lectura?... ¡Encarguen cuanto antes su ejemplar porque me lo van a agradecer!

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domingo, octubre 22, 2017

Opus Tessellatum

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En recuerdo de Francisco Rodríguez Galán, Curro.

El alcalde de San Nicolás del Puerto, la metrópolis de mi poblado consorte, lusófilo e iberista, llegada la hora de pavimentar la plaza de la localidad, contrató a una cuadrilla de silenciosos operarios portugueses que en muy poco tiempo la dejaron como si fuera una propia de Setúbal.

Eran un maestro y dos ayudantes que trabajaban de rodillas a una velocidad vertiginosa y que hacían de las teselas cúbicas elementos de un espectáculo de prestidigitación o de trileros. De vez en cuando, llegaba un camión volquete y los abastecía de piedras como si fueran riñones atacados de litiasis. Abstraidos en su labor, obcecados y enrocados en sus mandiles de cuero, nunca se supo si intercambiaron alguna frase con los lugareños. Eran portugueses, sí, vecinos peninsulares; pero allí resultaban tan exóticos como un trío de guacamayos.

Como la plaza quedó bonita, el alcalde, con buen criterio, extendió su idea decorativa al bulevar del Cerro del Hierro y allá que fueron los paisanos de Saramago a continuar su obra emprendedora y empedradora. Lo malo es que entre los diversos mosaicos que labraron sobre el blanco pavimento --una cigüeña negra, el skyline del paisaje kárstico y algún que otro arabesco--, y al ser el poblado de origen minero, plasmaron en piedra oscura un pico y una pala.

Por tal causa, desde que se inauguró el paseo, me he abstenido de circular por esa parte del bulevar. El pico y la pala dan muy mal fario y como es sabido que todo lo malo se pega, hasta que otros operarios no sustituyan tales herramientas simbólicas por una litrona y una butaca, yo por ahí no paso.
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23 nov. 2013.
Fotografías de Fernando Ugía.