lunes, diciembre 22, 2014

Damero Mardito, nº 63 (diciembre)

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 Vocaciones sin vacaciones


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La vocación de hacerse mecánico dentista, se despertó en Pedrito Ormaechea desde la edad más temprana, pues nada más tener acceso a ese material inédito y moderno que fue la plastilina, se dedicó a hacer moldes de los dientes que extraía a todos los borricos muertos que se encontraba por el campo. ¡Y no solo borricos! En pocos meses y gracias a la técnica de rellenar los moldes de plastilina con una aleación de estaño y plomo, Pedrito atesoró una valiosa colección de dientes y muelas de ovejas, cabras, vacas, perros y de los citados burros.

Fue el dominio y perfección de tal arte lo que le llevó a considerar el fabricar para su abuela Domitila (propietaria de una administración de Loterías) una dentadura postiza completa confeccionada con dientes de origen ovino y vacuno y con la inclusión de colmillos de un perro de aguas. Toda vez que los dientes metálicos los atornilló en unas láminas de plástico azul (porque las había recortado de un cubo de fregona) que hacían las veces de encías, el efecto que causaba el conjunto en la boca de la anciana señora, era sorprendente, pero a la vez, funcional, así que fue tanto el éxito de la dentadura postiza, que muchos vecinos desdentados le encargaron sendos modelos donde el bueno de Pedrito no dudó —siempre a gusto del cliente— en combinar muelas y caninos de diversos animales. Incluso a su primo Paquito Morilla, el delantero centro del equipo local de fútbol, el Centellas C. F., le sustituyó sus incisivos cariados por unos de liebre que le daban un cómico aspecto pero que eran inmejorables para efectuar una de sus grandes pasiones, esto es, roer los huesos de los pollos asados.

Con el tiempo, ¡oh, el tiempo, esa cosa tan jodidamente inaprehensible!, Pedrito Ormaechea obtuvo el deseado título de mecánico dentista, abrió un gabinete-taller en una selecta calle de la localidad y se casó con Antoñita Moreno, alias la Coneja, llamada así no por sus dientes sino por su facilidad para parir pequeñuelos, tanto, que hizo padre de sextillizos a Pedrito, a todos y cada uno de los cuales, los dotó de dentaduras postizas en miniatura que les colocó el mismo día de su bautizo. ¡Ay, cómo sufría la abnegada mamá dándoles el pecho a tan insaciables tragoncetes!

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Solución al Damero anterior (nº 62)
A. Boyardo, B. Muerte, C. Escofina, D. Líquenes, E. Tánatos, F. Zinc, G. Escapo, H. Rodelas, I. Enredado, J. Manganeso, K. Posees, L. Atanor, M. Teclado, N. Enjundia, Ñ. Alces, O. Momio, P. Útero, Q. Éfeso, R. Regalías, S. Trigal, T. Electas.

Acróstico: B. Meltzer, "Empate a muerte".
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lunes, noviembre 17, 2014

Damero Mardito, nº 62 (noviembre)

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DÉBITOS

Lo que más nos dolió de la muerte de Eduardo —de Eduardito Martínez Grau— no fue su agotadora agonía, ni el desgaste que en su familia produjeron tantas noches en vela, sino que nos dejara a deber en la Peña de Dominó los treinta euros de la mensualidad.

Fue por ello, que una vez difunto, registramos los bolsillos de su pijama por si dábamos con algún billete que solventara su deuda; pero no hubo suerte. Allí, nada más que encontramos un papelito escrito con las que se suponen sus últimas palabras:

Sería egoísta si solo pensara en mí
En mi propio beneficio
En mi exclusivo placer
Pero este desapego
Solo me hace antiadherente
Como la capa de teflón de una sartén
Donde no se pega el huevo frito
Ni la tortilla francesa
Antiadherencia
Impermeabilidad
Bajo la lluvia constante de fuera.

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Solución al Damero anterior (nº 61)
A. Maquilla, B. Jaws, C. Evita, D. Runas, E. Repelús, F. Yaks, G. Embaules, H. Levítica, I. Troche, J. Incuba, K. Ensaladilla, L. Mudable, M. Porrón, N. Olla, Ñ. Inspira, O. Nasón, P. Concede, Q. Illescas, R. Elena, S. Rival, T. Trasgo, U. Oficina.

Acróstico: M. Jerry, "El tiempo incierto".
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lunes, octubre 06, 2014

Damero Mardito, nº 61 (octubre)

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STYLE EXERCISE, XXIV


A dos años de su regreso a Alfoz del Rey y casi treinta de ausencia, aún no se había atrevido a poner los pies en la tasca de Filiberto. Temía que el ahora anciano le recordase una vieja deuda que no alcanzó a pagarle. En total, veinte pesetas con dieciocho céntimos, producto de los vasos de vino tomados la semana antes de ser detenido.

En realidad, salía poco de la fonda donde se alojaba y cuando lo hacía, se cuidaba de llevar puesto un sombrero de grandes alas y una barba postiza hecha con crines de caballo. En el pueblo, claro, nadie reconocía en aquel extraño personaje a Juan José Borrajas, el asesino de don Ramón, el sacerdote que ofició durante tantos años en la iglesia de San Martín. El caso es que cuando abandonaba su encierro para ir a visitar a su hermana --única persona que estaba en el secreto de su vuelta-- los niños lo rodeaban, e impertinentes, le hacían burlas hasta que él los espantaba con un vozarrón de ogro.

En la casona que habitaba Virginia, la vida la marcaba el vaivén del péndulo de un gran reloj de pared. Ambos hermanos compartían el velador donde Virginia había servido un chocolate con picatostes. La mujer se movía sigilosa. Calzaba unas pantuflas de suela de gamuza que al caminar, abrillantaban la cera del entarimado. Tampoco dejaba de bisbisear la oración a santa Apolonia, su favorita, la que conseguía calmarle sus constantes dolores de muelas. Virginia había encontrado en la devoción religiosa y en las obras de caridad, sentido a su existencia.

--Toma todo el chocolate que quieras, Juan José.
--No, no me apetece más. Recojamos la mesa y empecemos la partida cuanto antes.

Apostaban fuerte, pero con garbanzos. Virginia no hubiera tolerado jugar con dinero, sus convicciones morales así se lo dictaban. Mientras barajaban, repartían y analizaban sus cartas, el alto clong clong del péndulo hacía más silenciosas sus meditaciones.

--Debiste haberlo matado antes. Cuando me desgració.
--Tú calla y juega.
--¿Fue duro el presidio?
--Cuarenta en bastos.
--Estaba hecho de la piel del diablo.
--Sí, pero tú no dejas de frecuentar la iglesia y las beatas.
--Algo tendré que hacer. Los inviernos son largos y aquí aún no ha llegado la televisión.
--A ver, haz la cuenta. Creo que he ganado otra vez.

Y así durante tardes, y tardes y tardes...

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Solución al Damero anterior (nº 60)
A. Esófago, B. Sobaco, C. Acuse, D. Lubina, E. Gálgaras, F. Ampliese, G. Reliquia, H. Ígneo, I. Esquilme, J. Lime, K. Tela, L. Rockera, M. Embudo, N. Negus, Ñ. Velluda, O. Opciones, P. Lamente, Q. Aguinaldo, R. Defeca, S. Occidente, T. Riego.

Acróstico: E. Salgari, "El tren volador".
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miércoles, septiembre 03, 2014

Damero Mardito, nº 60 (septiembre)

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Tras el parón primavero-estival, vuelve el Damero Mardito con más fuerza que nunca para alegría de sus sesudos seguidores.


AMAR, SUDAR, FROTAR.

El cajón de la mesilla atiborrado de orfidales y tranquimazines.

Nos pasamos cuatro días sudando, que son cuatro mañanas, cuatro tardes y cuatro noches.

El sonido del chorrito les llegaba desde el baño a los pececillos dorados que asomaban contentos media cabeza fuera del agua. Hablábamos. Ella sentada en el váter y yo tumbado en la cama. La puerta de espejos nos unía. Pssshhhhh – pshhhhh – pssshhhh- plinc-plinc-plinc y luego el fruuub del papel.

Escuchábamos una canción de Claudio Baglioni o de alguno de esos tontos.
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Solución al Damero anterior (nº 59)
A. Arcilla, B. Mosquita, C. Ampuloso, D. Chuvasco, E. Helado, F. Ademán, G. Demoren, H. Oriflama, I. Jofaina, J. Urto, K. Arneses, L. Neblina, M. Despiste, N. Espetón, Ñ. Mango, O. Ayer, P. Incauto, Q. Rezumen, R. Envase, S. Nudoso, T. Ayuden.

Acróstico: A. Machado, "Juan de Mairena".
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miércoles, abril 30, 2014

Damero Mardito, nº 59 (abril)

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Güelcon to la jungla

—Ya sabe usted señoguita que a todas las bailaguinas que pretenden fogmag pagte de mi cuegpo de baile, me las paso antes pog la piedra, ¿vegdad?

—Yo haré lo que usted me diga, don Gorgue, que estoy muy necesitada.

—Pues veamos primego si conoce usted mi obra y luego ageglamos lo de sus dientes… A veg, ¿sabe usted bailag el Bimbó o La Bagbacoa?

—¿Pero así? ¿sin música ni nada, don Gorgue?

—Sienta la música en su cabeza, señoguita.

—Bueno, vale.

Y la Tere comenzó a bailar, a mover el culo con esa gracia natural que poseía y que nos había enamorado a todos en el bloque y a mí con particular fuerza...

Ya hablé de la Tere aquí, haciéndola protagonista de uno de los capítulos de la serie “Honky Tonk Women”. La Tere, aquella muchacha que ante las circunstancias adversas juraba por su hermanito Marcelino, su hermanito muerto con pocos años de edad.

Hace unos días me comunicó mi madre por teléfono que la Tere y su madre, la Pepita, se habían visto obligadas a pedir limosna por las calles, que se le habían acabado todas las ayudas estatales habidas y por haber, y que para intentar paliar su situación de necesidad famélica, los vecinos organizaban colectas para recaudar fondos, ya fueran en metálico como en especie. Tanto es así, que en nuestro almuerzo familiar navideño, tomamos todo lo que sobró (que fue mucho) de género charcutero para hacérselo llegar. Luego mi madre pasó la gorra y yo deposité cinco miserables euros. Cinco euros para la Tere, la muchacha que me tuvo loco de amor una temporada y que ahora, por no tener, no tenía ni dientes. Se les han caído todos.

Luego, la cuestión ha sido ponerse uno a imaginar cómo Georgie Dann puede aliviar las penas de la crisis.

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Solución al Damero anterior (nº 58)
A. Jaraíz, B. Muslo, C. Ayudad, D. Renglón, E. Sepan, F. Escueta, G. Retal, H. Avespa, I. Breca, J. Onteniente, K. Sorver, L. Debate, M. Émula, N. Luctuosa, Ñ. Andas, O. Gañote, P. Aspan, Q. Redondel, R. Tonel, S. Instales, T. Jamón, U. Acupintura.

Acróstico: J. Marsé, "Rabos de lagartija".
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miércoles, marzo 19, 2014

Damero Mardito, nº 58 (marzo)

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Los naranjos ya florecen, que es lo importante.

De todas las opciones posibles, Petrusko Mamuasel, diseñador de batas de boatiné para amas de casa, eligió la más sencilla para liquidar al perro de su vecino: el envenenamiento. Como su vivienda se encontraba en un piso superior y una de sus terrazas --verdadero jardín colgante babilónico, tal era el esplendor de sus geranios y clavellinas-- daba al patio donde el molesto perrazo se pasaba el día y la noche ladrando, ideó un sistema para envenenarlo que le pareció discreto y muy poco comprometido. 

Lo primero fue hacerse con un saco de comida para perros sin importarle que para conseguir un solo Whiska, tuviera que comprar el saco de 5 kilos. Ya en casa y con el incesante ladrar que llegaba desde abajo metido en el cerebro, se dio cuenta de que no tenía las herramientas necesarias para efectuar en el Whiska la operación proyectada, así que apresuradamente se dirigió a una ferretería para hacerse con una segueta y un taladro-miniatura de precisión. Otra vez de vuelta a su domicilio, abandonado el trabajo de hilvanar una bata encargada por doña Pilar de la Hoz, marquesa de Setefilla, dispuso sobre la mesa el arsenal y efectuó en el Whiska un corte transversal y el hueco destinado a contener el veneno... ¿pero qué veneno? El recuerdo de una antigua lectura, hizo que se decidiera por el mercurio aunque desconocía si los efectos letales de la ingesta de mercurio actuaban de manera inmediata en el organismo de un perro o si por el contrario, la muerte tardaba en llegar días, o peor aún semanas o meses. 

Se acordó que en el trastero aún albergaba un vetusto calentador de agua de 80 litros que nunca decidió ceder al chatarrero. Con destornilladores y llaves al principio y a puros martillazos después, logró extraer la cápsula que contenía el preciado mercurio y que en tal cacharro formaba parte del termostato. Después, ya en la mesa de trabajo, rellenó en Whiska de líquido metal y pegó los dos hemisferios de cola blanca. Cuando esta se secó bien pasadas dos horas, volvió a la ferretería donde antes compró el taladro y la segueta y adquirió en esta ocasión un carrete de sedal de nailon. En la punta del hilo ató el Wiska, se asomó a la terraza, llamó al perro ("Perrito, perrito; ven, perrito"). El can se puso como loco en cuanto lo divisó, se transformó en un monstruo que fabricaba espuma que era expulsada de sus fauces a razón de medio litro por segundo. Pero, a medida que el Whiska emponzoñado fue descendiendo en tanto Petrusko Mamuasel iba soltando sedal, su insufrible ladrar aminoró hasta que la curiosidad por lo que bajaba lo convirtió en silencio. Finalmente, el perro mordió, nunca mejor dicho, el anzuelo, a la vez que el modisto dejaba escapar un hondo suspiro de satisfacción. 

¿Qué el perrazo tardaría en fallecer un día o un mes? Daba igual. Poco le importaba esperar el feliz desenlace, porque tenía para escuchar mientras confeccionaba sus batas, la discografía completa de Marifé de Triana. 


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Solución al Damero anterior (nº 57)
A. Jarrete, B. Capuz, C. Apilan, D. Rácano, E. Resma, F. Oficial, G. Leguleyo, H. Landó, I. Estampad, J. Lechuga, K. Mojarra, L. Asedian, M. Rúcula, N. Deseos, Ñ. Esquisto, O. Manolo, P. Acusan, Q. Delfín, R. Enlosado, S. Requena, T. Anemia.

Acróstico: J. Carroll, "El mar de madera".
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martes, marzo 04, 2014

Historias Mínimas: El Gordolaspapas.

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   Alguno empezó a hablar de hacer un circo en el patio chico del bloque 8 y como la idea nos pareció muy buena, el sitio perfecto y teníamos por delante todas las vacaciones de verano para planearlo, lo hicimos. Hicimos el circo.

Como pensábamos cobrar la entrada al espectáculo a los niños y niñas que no participaran en el proyecto, como primera medida y antes de decidir siquiera qué números circenses ofreceríamos, el Pedrín fabricó con unas tablas y unos clavos que encontró entre los escombros que rodeaban nuestro barrio, una taquilla que dispusimos en la entrada al patio. Era una taquilla enorme, destartalada, propia para vender entradas de lo que fuera en Pakistán.

Luego discutimos qué números de circo podíamos representar y aunque ninguno de ellos fue espectacular, sí, en conjunto, la función llegó a ser variada. Cubrimos con cartones el suelo de albero que haría las veces de pista, y sobre ellos y hasta quedar satisfechos, ensayamos una especie de entremés protagonizado por unos pistoleros del oeste que discutían hasta acabar todos muertos a tiros (lo meritorio resultaba el saber morir bien; el caer al suelo de manera apropiada era algo muy apreciado por los niños).

Después, haciendo las veces de domador, el Paco o el Luis o no sé quién saldría con su perro, que sabía dar la pata. También habría un número de payasos, el Ñoño representaría su curiosa imitación de un niño llorando y hasta el Quico de la Pepa demostraría sus habilidades como acróbata haciendo el pino-puente y caminando unos metros con las manos, bocabajo. También Miguel Ángel el Gordo quiso participar de alguna manera, pero no lo aceptamos por eso, por torpe, por tontorrón. El gordolaspapas.

Pero de todos los números que proyectamos, el más formidable iba a ser el que yo protagonizaría, el de mago, puesto al que me presenté de voluntario ya que tenía un juego de Magia Borrás que me habían traído los Reyes Magos las navidades anteriores y estaba deseando asombrar a un público que supondría entregado. No fue una idea afortunada.

El día del debut la expectación creada en los bloques del barrio fue enorme. Decidimos que la función comenzaría por la tarde, con la fresquita del jazmín y la fragancia de los dompedros, y que la entrada costaría una peseta. Cuando el Pedrín se dispuso tras la taquilla para atender a la cola que se había formado y le llegó el turno al Miguel Ángel el Gordo, se quedó con su moneda de cinco pesetas y le dijo que no tenía cambio, que se buscara una peseta. Miguel Ángel el Gordo, se fue corriendo a pedirla a casa de su abuela. El gordolaspapas.

El griterío de los diez o doce niños que se sentaban en el poyete corrido que rodeaba el patio cesó en cuanto el Julián anunció el comienzo del espectáculo. Todos los números: el entremés de los pistoleros, el domador, el llorón, el contorsionista y los payasos, se fueron desarrollando más o menos dentro de lo previsto, logrando al finalizar los mismos, entusiastas aplausos. Después salí yo y dispuse mis artilugios de mago sobre una vieja mesa plegable. El truco consistía en desplazar y hacer desaparecer una pequeña botella de plástico bajo unos cilindros de cartón verde, sin que el público advirtiese, claro está, que en realidad eran dos botellas las que entraban en juego. El caso es que yo había ensayado mucho el efecto; pero entre que no me enteraba bien de las instrucciones que venían en el librito y que aquellos tubos de cartón no encajaban como debían, mi actuación fue un desastre que no solo provocó la rechifla del respetable sino que aumentó mi furia al comprobar que ni dando porrazos en los elementos con la varita mágica para desatascarlos, aquello funcionaba. Al final, tiré de una patada la mesa con todo lo que tenía encima, acción que, por supuesto, hizo aumentar el pitorreo del público y mi desesperación, consiguiendo que entrara en una espiral de indignación que solo detuvo mi llanto de impotencia. Abandonado en un rincón, me alivié el sofocón enjugándome las lágrimas con el pañuelito de imitación seda que también se incluía en la maldita caja de magia Borrás. La rabia me impidió que saliera a saludar en la apoteosis final.

Allí terminó todo. Nunca más hubo circo ni número de mago. Mi carrera como prestidigitador acabó... como por arte de magia, sin tener oportunidad de conocer la gloria. Fue tan corta como el gozo de Miguel Ángel el Gordo, que apareció con su peseta en la mano cuando ya se desocupaba el patio. “¿Tú quieres ver el circo?”, le preguntó el Pedrín mientras desmontaba la taquilla; “”, contestó el Miguel Ángel el Gordo esperanzado en contemplar una función privada. “Pues dame la peseta”. Y cuando el Miguel Ángel se la entregó, el Pedrín se puso las manos abiertas en las orejas, agitó los dedos, sacó la lengua, le hizo burla, y le dijo: “Ea, pues ya has visto el circo”.

El gordolaspapas. La vida ya era salvaje.
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jueves, febrero 13, 2014

Damero Mardito, nº 57 (febrero)

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Comanda de recuerdos.

Al libro nuevo le falta el roce (el roce hace el cariño) de la madera pulida por el uso, como la empuñadura de una gubia o una escofina ennoblecida por la mano que trabaja. ¿Madera y papel no son acaso la misma materia? 

No es hasta pasado un tiempo --y si tiene suerte-- que el libro nuevo pierde su frialdad a base de ojos, de gafas, gracias al fervor único de la mirada que lee. Son los que más me gustan. Libros usados, manoseados, releídos, de los puestos de viejo y de las bibliotecas de barrio. Libros como la machadiana guitarra del mesón, libros resabiados que contienen entre sus páginas como en un pequeño museo de la cotidianeidad, ceniza de cigarrillos, arena de playa, dedicatorias amorosas, pelos púbicos y antiguas estampitas de Primera Comunión. Libros en suma como la farsa monea, que de mano en mano van y ninguno se los quea (porque en la Feria del Libro Usado y de Ocasión cada año veo los mismos). 
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Solución al Damero anterior (nº 56):
A. Palco, B. Ímpetu, C. Entrecot, D. Recoveco, E. Regalo, F. Emplate, G. Bóveda, H. Ítem, I. Secoya, J. Impuesto, K. Obeja, L. Unto, M. Lumpo, N. Ocultad, Ñ. Sayón, O. Accedemos, P. Machete, Q. Ahorro, R. Numen, S. Tempura, T. Empeño, U. Sultán.
Acróstico: Pierre Bisiou, "Los amantes".
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lunes, febrero 03, 2014

Maravillas del Mundo, 19

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Tiempos de cuerpos pellejudos

Para Carlos Olrac

Cuentan los mayores que las hambrunas padecidas por la población entre los años 2137 y 2141 fueron tan severas, que el estar gordo no solo se consideró un estado envidiable sino que constituyó, tanto para hombres como para mujeres, un prestigioso estatus sexual.

Dado que la creencia popular atribuía la extrema delgadez de los ciudadanos al descenso drástico del consumo de pizzas de Casa Tarradellas y del chopped-pork de la firma Casademont, producto del conflicto aduanero entre Freedom Catalonia y el territorio conocido entonces como Recorte Hispánico, junto con el espectacular encarecimiento de los aranceles que propició el Tercer Bloqueo, la venta por correo de estas tabletas masticables se multiplicó por mil en cuanto llegó ese periodo previo a la estación veraniega conocido como “Operación Bikini” y que consistía en engordar ocho o diez kilos en tiempo récord; algo por completo inconcebible para nuestras tatarabuelas.

En cualquier caso, esta tabletas —en realidad, un ultraconcentrado de mayonesa y grasa liofilizada de foca— provocaron el entusiasmo entre las personas con poco peso, o como rezaba su publicidad, gentes de “cuerpos pellejudos”, sobre todo entre mujeres y jovencitas, pues para gran parte de ellas, el ser consideradas delgadas contribuyó a generar muchos trastornos psicológicos (el éxito de estas pastillas engordantes vino a coincidir en el tiempo con el proceso incoado al célebre modisto Petrusko Mamuasel por contratar exclusivamente a modelos de más de ochenta kg de peso para mostrar sus creaciones).

Ni que decir tiene, que en tiempos de tan extremas carestías, se le encontró pronto otra utilidad a las deliciosas tabletas y fue utilizarlas para cebar a los gatos y perros que habían pasado a ser la fuente habitual de proteínas de la depauperada población, con lo que se propició un bucle alimentario ventajosísimo tanto para consumidores como productores.  Se calcula que durante el peor año de aquella crisis, el nefasto 2140, llegaron a venderse cincuenta mil toneladas de estas pastillas, hecho fundamental que hundió los mercados fridocataláunicos y que a la larga produjo la reabsorción de sus comarcas en la actual Gran Hispanidad, que con tanto acierto dirige nuestro Conductore, el Hermano Wang Fernández. ¡Gloria a Wang!, ¡Gloria a Wang!, ¡Gloria a Wang!
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Últimas “Maravillas del Mundo” publicadas:

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miércoles, enero 22, 2014

2013. Resumen del año lector

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Para algunos ojos ajenos, pertenezco a ese grupo de codiciosos que anota en un cuaderno las lecturas que se van sucediendo en el año y escribe junto al título del libro y el nombre del autor, si se trató de una relectura, si el libro lo saqué de la biblioteca, si lo leí en formato electrónico… Pero no creo que nada de esto lo haga por codicia (aunque en la compulsión lectora se adivine una neurosis de coleccionista, una neurosis más que podría corregir un psicólogo competente) sino como constatación de cuán frágil es la memoria y, hasta llegado el caso, cómo lo trastabillea todo.

Leyendo listas de años pasados, el asombro no cesa al advertir que de la mayor parte de lo leído no recuerdo nada. Libros enteros quedan resumidos en una escena, en el gesto de un personaje o en una línea de diálogo. ¿Dónde queda lo demás, se almacena en algún sitio? Confío en que toda esta sustancia que no recordamos --que se va depositando como una especie de limo en el fondo de un charco-- sea la materia de la que estamos formados.

Hala, pues a ver quién tiene estampitas repes (el asterisco indica relectura y el numerito rojo, lectura en formato electrónico).



LECTURAS DEL AÑO 2013

1. “El libro de los abrazos” Eduardo Galeano

2. “Crónica sentimental en rojo” Francisco González Ledesma

3. “Papá Goriot” Honoré de Balzac

4. “El día de mañana” Ignacio Martínez de Pisón

5. (*) “Otra vuelta de tuerca” Henry James

6. “Intemperie” Jesús Carrasco

7. “Retrato de un hombre inmaduro” Luis Landero

8. “Imán” Ramón J. Sender

9. “Todo lo que era sólido” Antonio Muñoz Molina

10. “HHhH” Laurent Binet

11. “La marca del meridiano” Lorenzo Silva

12.  “El baile” Irène Némirovsky

13. “Una arrolladora simpatía” Juan Antonio Ríos Carratalá

14. “David Golder” Irène Némirovsky

15. “El mirador: Irène Némirovsky” Elizabeth Gille

16. “Un momento de descanso” Antonio Orejudo

17. “El caso Kurílov” Irène Némirovsky

18.  “El hombre de los círculos azules” Fred Vargas

19. “Absolución” Luis Landero

20. “A sangre y fuego” Manuel Chaves Nogales

21. “Mientras escribo” Stephen King

22. “Maneras de perder” Fefa Martí Maldonado

23. “Las leyes de la frontera” Javier Cercas

24. “La guerra de los mundos” H. G. Wells

25. “Antes del fin” Ernesto Sábato

26. (*) “Don Quijote, 1” Miguel de Cervantes

27.  “El médico rural” Felipe Trigo

28. (*) “Misericordia” Benito Pérez Galdós

29.  “El inocente” Ian McEwan

30. “En las antípodas” Bill Bryson

31. “El fotógrafo que hacía belenes” Eloy M. Cebrián

32. “Madrid, 1605” Eloy M. Cebrián

33. (*) “Cervantes” Fernando Díaz-Plaja

34. (*) “Don Quijote, 2” Miguel de Cervantes

35. “Asesinato en primavera” Alfredo Jiménez Núñez

36. “Etimologicón” Javier del Hoyo

37. “Juan Belmonte, matador de toros” Manuel Chaves Nogales

38. “Hot sur” Laura Restrepo

39. “Leyenda del César Visionario” Francisco Umbral

40. “Los invitados” Alfonso Grosso

41. “Azul… / Cantos de vida y esperanza” Rubén Darío

42. “Aforismos” Fernando Pessoa

43. “Cuando ella era buena” Philip Roth.


De todos los títulos y dejando aparte las relecturas, el podio de este año lo ocuparían:

6. “Intemperie” Jesús Carrasco
39. “Leyenda del César Visionario” Francisco Umbral
43. “Cuando ella era buena” Philip Roth.

Por contra, el premio "Babuchazo de Muermo Triple Cero" va dirigido aaaaa:

16. “Un momento de descanso” Antonio Orejudo.
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jueves, enero 16, 2014

Damero Mardito, nº 56 (enero)

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El niño de la porra

El niño José María tenía un disfraz de policía militar con correajes y casco blanco con las letras PM y una porra de plástico. Tenía además una equipación de romano, pero no de romano convencional, ya que en vez del casco con cepillo, el suyo según él era de etrusco porque llevaba una protección sobre la nariz. Este pequeño detalle nos resultaba fascinante, ¡cuánto envidiábamos el casco etrusco de José María!

Era unos años mayor que todos nosotros y por esa causa no participaba en nuestros juegos. Salía del bloque ocho de la mano de sus padres y en el patio formábamos un pasillo por el que se paseaba casi sin mirarnos vestido con su ropa de policía militar o con su casco etrusco con orgulloso pavoneo. El detallito aquél de la protección nasal nos traía a todos de cabeza. Cuánto nos hubiera gustado dejar de ser simples indios, vaqueros o romanos y convertirnos en etruscos aunque tuviéramos que admitir a José María en nuestras filas.
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Solución al Damero anterior (nº 55):
A. Nevaba, B. Cosquillas, C. Obviedad, D. Naipe, E. Cambreo, F. Oprimid, G. Samba, H. Traje, I. Romboide, J. Intonso, K. Narguile, L. Ázoe, M. Payador, N. Odiada, Ñ. Lápiz, O. Velay, P. Ovada, Q. Empiece, R. Rampa, S. Eyacola, T. Secada.
Acróstico: N. Concostrina, "Polvo eres".
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sábado, enero 04, 2014

Reyes Magos... ¡Abrid paso al Tío Camborio!

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¿No habrá que decidir de una vez la abolición y la puesta fuera de la ley de este trío de personajes apolillados, rancios, pasados de moda y hasta adictos al antiguo régimen que son los Reyes Magos?

Una sociedad dinámica no puede permitirse esta rémora, la existencia de tradiciones y obsolescencias que impidan el progreso social, por lo que la natural popularidad que ha adquirido el orondo y simpático Papá Noel o Santa Claus ("Santa", como ya lo llaman los niños modernos de este país), la consideramos del todo positiva.

Mas a ello, a esta lucha iconoclasta por derribar polvorientas personalidades, habría que añadir una constatación y es cómo en otras sociedades avanzadas ya gozan de sus propias criaturas obsequiadoras que desde una primigenia extracción rural, han conquistado con éxito el ámbito urbano. Son los casos del Olentzero de los niños y niñas vascos y vascas y del Tiò de Nadal de los niños y niñas catalanes y catalanas.

Es por eso que desde esta prestigiosa tribuna, anunciamos al mundo la creación de un personaje que no solo sustituirá en sus funciones a los tres mamarrachos de Oriente y hará las delicias de los niños y niñas andaluces y andaluzas, inaugurando una nueva tradición que pronto se llamará secular sino que dotará a esta Comunidad Autónoma de una seña identitaria y diferencial que tanto necesita. 

Hemos decidido bautizar a este personaje como el Tío Camborio -nombre que aúna lo cañí con un leve bouquet lorquiano- y representarlo, como pueden observar en la imagen (pinchen sobre ella para estudiarla con detalle), con falda de volantes, chaquetilla corta y sombrero cordobés, dotandolo además de unas barbazas venerables que -aunque lo hacen parecido a Jorge Cafrune- presta a su efigie un no sabemos qué de bondad y cercanía a los más pequeños. Esperamos que este entrañable Tío Camborio, personaje que agrupa en sí todo el gracejo de esta tierra de María Santísima, sutituya en pocos años a los fachas de los Reyes Magos.



Nosotros, por si acaso, ya le hemos escrito nuestra carta. Somos la vanguardia.
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