martes, septiembre 08, 2009

"La nave de los locos" Pío Baroja

Un año después de que Benito Pérez Galdós (BPG) pusiera fin con Cánovas a su serie de los Episodios Nacionales, o sea, en 1913, Pío Baroja (PB) publicaba la primera entrega de Memorias de un hombre de acción, cuarenta relatos de mayor o menor extensión, escritos en épocas diversas y agrupados luego en veintidós volúmenes. Uno de ellos es La nave de los locos.

El objetivo tanto del bigotudo como del de la boina capona será similar: Novelar el siglo XIX transcurrido en unos territorios que algunos han dado llamar España. Pese a todo y como no podía ser menos, las diferencias entre ambos proyectos son sustanciales, siendo la primera de ellas que la escritura de BPG es la propia del siglo que retrata mientras que la de PB está ya despegada y desapegada del realismo/naturalismo decimonónico (Baroja nunca sintió aprecio por BPG, ni como persona ni como escritor, el otro ya era un antiguo). En todo caso, ambos trabajos y ambas posturas, lejos de repelerse, se complementan y ultiman, por lo que juzgo que el interesado que con atención se meta entre pecho y espalda las dos series, tendrá una visión de lo que fue el desdichado siglo XIX bastante completa. ¿Alguien conoce a tal esforzado? Debe haber pocos, sin duda.

Pero como digo, las diferentes maneras de atacar el asunto pueden resumirse en (¡Atención escolares, que lo que sigue os puede servir de chuleta el día de mañana!):



A) BPG escribe, justamente, para la burguesía liberal a la que pertenece. Confía en la regeneración humana por el progreso desde una mirada amable y confianzuda en la bondad social. Antepondrá el pueblo sobre el individuo. Por el contrario, PB es un anarquista que escribe para él. Su concepción pesimista está presente en cada una de sus páginas y hace primar las acciones individuales entendiendo que son unos pocos animosos y valientes los que rigen los destinos de la indolente masa.

B) Los personajes de BPG serán protagonistas directos o espectadores de los más significados hechos históricos: Trafalgar, las batallas de Bailén o Arapiles, el abrazo de Vergara, los cuescos de Fernando VII, las cachondeces de la Isabelona o la Revolución del 68. Por el contrario, las criaturas de PB siempre se encuentran lejos de estos focos, de tal manera que más que protagonistas son receptores de las consecuencias, inmersos en la intrahistoria unamuniana.

C) BPG tiene un afán didáctico, PB siempre se muestra escéptico.

D) BPG es urbano, PB rural.

E) BPG centra su crónica en Madrid, es madrípeto, mientras que PB es madrífugo y desarrolla sus novelas en la periferia. De hecho, en esta de La nave de los locos, la estancia de meses del protagonista en la capital, la resuelve el escritor muy de pasada en pocos renglones. Muy importante también es el ámbito internacional. En efecto, PB se ocupa de la influencia de otros países sobre España (influencia tanto ideológica como política y económica) y especialmente durante el periodo de las guerras carlistas. En cambio BPG no lo hará hasta que estudie la revolución septembrina. Como dijo PB de su colega: "Para él, España durante la primera parte del siglo XIX fue un feudo separado de Europa." Home, si el muchacho lo dice...

F) BPG es riguroso en cuanto a hechos y fechas. La cronología de PB es descuidada o, simplemente, falta o es errónea. El tío pasa de todo lo que no sea pura y dura acción.

Pero yendo ya al meollo del asunto, o sea, a la reseña, diré que La nave de los locos (clásico asunto pictórico tratado por cientos de artistas y que en esta ocasión es metáfora de España) es una novela que, a pesar de encontrarse en medio de una especie de trilogía, antecedida por Las figuras de cera y seguida de Las mascaradas sangrientas, se puede leer de manera independiente sin conflictos comprensivos que no vayan más allá de unos cuantos pasajes.

Desarrollada la acción al final de la primera guerra carlista, se estructura en dos historias paralelas cuyos protagonistas son por un lado don Eugenio Aviraneta -personaje real que fue pariente de Baroja-, conspirador a tiempo total, mantenedor de complejísimas relaciones diplomáticas y labores de espionaje desde diversos países extranjeros (no se olvide que en aquel conflicto llegaron a intervenir en ambos bandos fuerzas polacas, alemanas, italianas, austríacas... como una especie de Brigadas Internacionales) y por el otro lado, un tal Alvarito, muchachuelo que debe cruzar España en busca de una persona. Estas jornadas de Alvarito se componen de una primera parte cuyo escenario es el territorio vasconavarro y una segunda donde se relata el trayecto entre Vitoria y Cañete (Cuenca.) En medio de aquella geografía desolada y asolada nos vamos a ir encontrando con un desfile de tipos que poseen hasta enorme interés antropológico, pero sobre todo, con descripciones de las consecuencias bélicas de una notable ferocidad y relatos de los hechos más terribles (imposible no recordar los grabados goyescos de Los Desastres de la Guerra) con normalidad cotidiana. Tremendo todo e insospechado porque parece que por "guerra civil" sólo hay referencia a la del 36. Y desde luego, no. Hubo más y de una crueldad pasmosa.

Lo cierto es que para mi ignorancia histórica me ha venido muy bien esta lectura tan llena de sucesos que debieron ser famosos unos y pintorescos, otros. Por ejemplo, no tenía ni idea que cuando Napoleón proyecta la fragmentación de España, atenderá un arbitrio de uno de sus senadores, un tal Garat, que proyecta para "Vasconia" -a cuyos habitantes por entonces se les atribuía origen fenicio- la escisión en dos estados independientes y agrupados bajo la denominación de Nueva Fenicia y que serán, al sur, Nueva Sidón, y al norte Nueva Tiro. Oye, pues ya que el asunto quedó en nada, podría ser un bonito tema de conversación en una herriko-taberna, ¿no?

Para terminar, apuntar que Baroja, a pesar de la mucha documentación que manejó para armar su puzzle, escribe "a sentimiento", según le da y como le viene, importándole un huevo las cuestiones de ritmo, tempo y demás zarandajas. O sea, su estilo acostumbrado. La verdad es que no creo que pudiera afrontar la lectura de Memorias de un hombre de acción al completo y con entusiasmo, pero tres o cuatro novelitas no estarían mal. De momento con esta Nave ya he cumplido tanto como lector novato como aprendiz de reseñador. En mi disculpa no lo olviden: "En el fondo, toda opinión, toda tesis, es un alegato de defensa de sí mismo, de lo bueno y de lo malo que uno tiene." (Pío Baroja.)