miércoles, diciembre 02, 2009

"Si esto es un hombre" Primo Levi


En 1944, Primo Levi, judío, turinés, químico e inexperto partisano, fue detenido por la milicia fascista, entregado al ejército alemán y posteriormente internado en el Lager (campo de trabajo) de Buna-Monowitz, dependiente del distrito de Auschwitz en Polonia. Allí permaneció diez meses. Fue uno de los 20 supervivientes de su grupo de 650 judíos italianos. Su experiencia la narró en una trilogía de la que "Si esto es un hombre" (1956) es la primera parte. Las otras dos son "La tregua" (1963) y "Los hundidos y los salvados" (1986).

"Si esto es un hombre", aunque publicada como digo en 1956, fue escrita en realidad diez años antes. Posteriormente (1976), la edición se amplió con un compendio de respuestas a las preguntas más frecuentes que dirigieron a Levi los asistentes a sus charlas y conferencias. Esta edición es la que servidor ha leído.

Bien.

Llegados a este punto debo reconocer que el tema me desborda, que me siento incapacitado para reseñar una crónica de estas características. Por lo tanto, solicito la ayuda de los cientos de reportajes, películas, fotografías, entrevistas, etc. etc. que hemos visto y escuchado hasta la saciedad. ¿Los tenemos en mente? Bien, pues esto es lo que cuenta Primo Levi. Quiero decir que en su novela/crónica no vamos a encontrar nada que ya nos sorprenda ni, tal vez, nos apabulle. Su originalidad, a mi juicio, consiste en lo templado de la narración, algo realmente meritorio cuando se está describiendo el infierno de los hombres. De hecho, no atiende a razones bélicas ni políticas, incluso a veces se muestra exculpatorio. Se limita a analizar el comportamiento de nuestra especie cuando se ve desprovista de convencionalismos sociales y el individuo queda reducido al estado de ganado. A Häftling, a hombre-animal.

Todo este proceso será minucioso y pensado hasta el último detalle. Por eso se comprende que aunque, paradójicamente, todo en el Lager (aparte de lleno de eufemismos) es gratuito: la ropa, la comida, la medicación, nada de ello se adquiere con facilidad. Un ejemplo es el del mercado negro de cucharas. Obtener una cuchara cuesta privaciones, turnos de trabajo, raciones de comida; pero hasta que no lo comprendas, comerás como un perro (cuando el campo se liberó había cientos de miles de cucharas almacenadas). Por otro lado, todo se puede robar pero, a la vez, no existe conciencia de robo. Levi, en este caso, divide a los hombres en dos categorías bien distintas: los salvados y los hundidos. Nada más. Otras parejas de contrarios, los buenos y los malos, los sabios y los tontos, los cobardes y los valientes, los desgraciados y los afortunados, son bastante menos definidas, parecen menos congénitas, y sobre todo admiten gradaciones intermedias más numerosas y complejas. En cambio, si sorprende, que en el Lager haya prisioneros felices, perfectamente adaptados. Pese a todo, Levi no cree en la más obvia y fácil deducción, que el hombre es fundamentalmente brutal, egoísta y estúpido, tal y como se comporta cuando toda superestructura civil es eliminada, y es que el Häftling no es más que el hombre sin inhibiciones. De la misma manera, el Lager no es un castigo ya que para los Häftling no se prevé un término, y el Lager no es otra cosa que un género de existencia a ellos asignado, sin límites de tiempo, en el seno del organismo social germánico.

Una anécdota. En el insoportable babel de lenguas, también se escucha el español; pero no por parte de internos españoles, que no había en la Buna, sino por el cohesionado (y temido) grupo de los sefarditas de Salónica. A estos tipos no había quién les chistara.

Tras las amplias dosis de crudeza, señalo algo que me dejó muy mal sabor de boca. En sus respuestas en el epílogo del libro, Primo Levi, llega a mostrar cierta simpatía exculpatoria por el régimen soviético, a suavizar el gulag frente a los campos nazis.
Y para terminar, que ya es hora, copio dos fragmentos de texto que creo podrían aplicarse universalmente en todo tiempo y lugar, algunos bastante cercanos, por cierto:

"La mayor parte de los alemanes no sabía porque no quería saber o más; porque quería no saber. En la Alemania de Hitler se había difundido una singular forma de urbanidad: quien sabía no hablaba, quien no sabía no preguntaba, quien preguntaba no obtenía respuesta. De esta manera el ciudadano alemán típico conquistaba y defendía su ignorancia, que le parecía suficiente justificación de su adhesión al nazismo: cerrando el pico, los ojos y las orejas, se construía la ilusión de no estar al corriente de nada, y por consiguiente de no ser cómplice de todo lo que ocurría ante su puerta."

"Hay que desconfiar, pues, de quien trata de convencernos con argumentos distintos de la razón, es decir de los jefes carismáticos: Hemos de ser cautos en delegar en otros nuestro juicio y nuestra voluntad. Puesto que es difícil distinguir los profetas verdaderos de los falsos, es mejor sospechar de todo profeta: es mejor renunciar a la verdad revelada, por mucho que exalten su simplicidad y esplendor, aunque las hallemos cómodas porque se adquieren gratis. Es mejor conformarse con otras verdades más modestas y menos entusiastas, las que se conquistan con mucho trabajo, poco a poco y sin atajos por el estudio, la discusión y el razonamiento, verdades que pueden ser demostradas y verificadas."

Chimpón.

2 comentarios:

jaguarfidel dijo...

Bien Francisco Manuel esta vivencia tan cruel que padeció Primo Levi, si la pudo contar, casi todos los que no la pudieron contar murieron como sabemos en tantísimos campos de concentración que aun en el día de hoy ni se sabe ni se sabrá.
En estos campos ocultos y a la vez llamados campos de exterminios intelectuales, se les llevo a Judíos de alto nivel en conocimientos nacidos en Alemania donde se experimento con los cerebros de cada cadáver dándoles unos impulsos eléctricos para ver su comportamiento y estudio de siquiatría. Los propios nazis estaban tan obsesionados con la sabiduría, que querían saber por que la raza aria no tenía tantos talentos, por lo tanto esto fue muy oculto, es como se puede ver la testarudez entre tanta crueldad.
Gracias por tú articulo.

El Abuelito dijo...

De la trilogía de levi conozco Los hundidos y los salvados, demoledor ensayo que deshace y disecciona tópicos y preguntas -inevitables- ante horrores tan absolutos.
En este tema profundicé hace años, queda en la estantería aún sin leer esta obra de don Primo: llegó un momento en que no pude leer más acerca del exterminio.
Respecto al tema del conocimiento o no del pueblo alemán sobre lo que estaba pasando, le recomiendo dos libros: "Los verdugos voluntarios de Hitler", de D. Jonah Goldhagen, y "Aquellos hombre grises" (Edhasa, no recuerdo ahora el autor). Ambos, aunque sostienen posiciones diferentes, demuestran la imposibilidad de la prtendida ignorancia colectiva.