miércoles, diciembre 09, 2009

Experimentos con la suerte


He decidido con firmeza que pisar este círculo de madera —en realidad, los restos de un viejo poste eléctrico o telefónico cortado a ras de acerado— me proporcionará buena suerte y protección a lo largo del día y, por el contrario, que si lo eludo al tomar por causa de fuerza mayor otra ruta en mi pedrestre camino laboral, se abatirán sobre mí toda clase de desdichas.

Lo curioso, lo extraordinario, es que nada de esto parece funcionar de forma lógica. Quiero decir, que no noto especial influencia en el devenir diario tanto si piso el círculo como si no lo piso, independientemente además si lo hago con el pie izquierdo o con el pie derecho. Es más, en muchas ocasiones, lances de buena suerte (como puede ser estrenar una tarrina de Tulipán en el desayuno del bar) se presentan cuando tomo un camino alejado del círculo y que en cambio, cuando lo he pisado con convicción, he advertido incordios como pueden ser unas repentinas ganas de mear.

Sospecho, por tanto, que el círculo de madera no ejerce especial influencia en una existencia tan emocionante como la mía, lo que me lleva a considerar no sin horror que su naturaleza no es de amuleto sino de zahír borgiano y que su imagen persistente y perpetua me turbará de por vida.

Sea como fuera, sigo pisando el círculo.

2 comentarios:

la abuela bloguera dijo...

Yo me siento sometido a este tipo de mierdas muy a menudo. Siento que me he liberado un poco ahora, pero no, no creo.

ALEJANDRO CASTROGUER dijo...

Muy agudos siempre tus comentarios, amigo Francisco.