jueves, noviembre 19, 2009

Boligrafía 1


Sucede que a veces, junto a los acostumbrados símbolos y a las caligrafías que reiteran una palabra, aparece en la boligrafía —dibujos que se realizan a la vez que se conversa por teléfono— algún detalle naturalista: la cabeza de un caballo, un pez, un paquete. O es, como en este caso, el perfil de un individuo anónimo el que surge como una psicoplastia en el papel. No tiene su aparición, por supuesto, importancia alguna. Sólo inquieta, o maravilla no ya la posibilidad sino la absoluta certeza de que en el mundo, tal vez a cientos de miles de kilómetros o ahí al lado mismo, existe un hombre cuyo perfil se ajusta milimétricamente al dibujado. Uno solo (no hay dos caras iguales), que desconoce por completo que alguien lo retrató con maestría involuntaria mientras por teléfono comentaba no sé qué cosa de comprar unas zanahorias y de arreglar un enchufe… Y a todo esto, ¿alguien conoce a este sujeto?

3 comentarios:

Fleischman dijo...

No tengo el gusto, pero he pensado en Fellini cuando lo he visto, no en el director, sino en que podría ser uno de sus figurantes estrafalarios.

Miguel dijo...

¿Certeza absoluta?¿Son las fisonomías como los libros de la Biblioteca de Babel de Borges, que existen todos los posibles?

Y lo más importante: ¿compraste las zanahorias o te olvidaste pensando en este señor? :-)

la abuela bloguera dijo...

La reflexión de que alguien que no te conoce en absoluto, en la otra punta del mundo, te está dibujando.
Hacer esta reflexión en el water, pensar que te están dibujando mientras haces caca, que te dibujan sentado en la taza, con los pantalones bajados, haciendo fuerza. Sentir muy violada tu intimidad por esa especia de providencia cósmica