lunes, marzo 05, 2012

Damero Mardito, nº 35 (marzo)

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Potaje de oreja


Reconocía nuestro amigo Basurto su vicio y sus consecuencias, y es que le resultaba imposible leer si al mismo tiempo no estaba comiendo. Entiéndasenos: no es que se llevara el libro a la mesa familiar durante el almuerzo o que abriera el periódico en el bar a la hora del desayuno. No. Su vicio era más complejo y a lo que creemos, menos habitual. Verán: Para Basurto, el acto de leer debía producirse siempre en el mismo sitio, esto es, su sillón favorito. Pero necesariamente debía ejecutarlo comiendo —en general un bocadillo— porque ya no entendía la lectura si el ritmo del relato o la eufonía de los versos no venían acompañados por la sonoridad mezclada de la masticación y de la garganta deglutiente. Este ritual era la causa de que las páginas de todos sus queridos libros se encontraran llenas de manchas. Manchas de grasa, de aceite, manchas coloreadas por el pimentón del chorizo y también por restos de pan endurecidos que se acumulaban en los intersticios.

Asumía Basurto que se le pudiera acusar de sucio e indolente pero en su defensa podía argüir que había acabado especializándose. A la larga, la acción subconsciente hizo que determinados autores lucieran en sus escritos manchas en exclusiva sin relación aparente; y así, con sorpresa, observó que las novelas de Faulkner se encontraban repletas de la rosada grasa del salchichón. A Proust lo reconocía por el ketchup de las hamburguesas; a Quevedo por la amarilla mostaza; a García Márquez por la permanencia olorosa de las manchas de chistorras... y así todos. Pero fue Galdós el que mejor representó esta regla: Sistemáticamente, las páginas de sus Novelas Contemporáneas fueron maculadas por el aceite de sus bocadillos de sardinas. La conexión es clara, ¿existe mejor acompañamiento para "Fortunata y Jacinta" que la áurea pringue de unas sardinas en conserva?

P.D.: A nuestro amigo Basurto nunca le prestaban libros.
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¿Dónde conseguir el Damero de este mes? Pues como siempre, gratis total en su kiosco habitual. Aquí: El Damero del Vecind(i)ario
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7 comentarios:

Anónimo dijo...

Pobre madre. Que se mejore.
Y como siempre, la palabra F , así como la R llevan años de cárcel.
Un abrazo,

AG

Sap. dijo...

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Hombre, en ese tipo de palabros es donde está la gracia del asunto. Si todo fuera convencional, el individuo que resuelve el damero no quedaría tan satisfecho.

Gracias por tu interés.

:-)

El Abuelito dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
El Abuelito dijo...

Autores hay que saben a mojama, a cebolla rancia y hasta a pulpo seco... Alabo el instinto del señor Basurto!

Sap. dijo...

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Gracias, Abuelito. Como siempre, es un placer recibirlo en esta casa que es la suya.

:-)

Anónimo dijo...

Mi relación, o mi sincronía de la comida con los libros se resume en: siempre leo en el desayuno y a veces cuando cocino. También necesito leer algo cuando como solo por ahí; pocas veces.
Algunos libros deben tener la huella de una mancha de mermelada, siempre de albaricoque, o de aceite, siempre de aceite virgen extra.
Me ha gustado como siempre, Sap.
Hermi

Sap. dijo...

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Gracias Hermi por tu colección de manchas :-))) Ahora intenta resolver el Damero Mardito mientras desayunas.

;-)