lunes, junio 20, 2011

Crónicas Porcinas, 1

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El comienzo

Todos los días laborables procuro desayunar en el bar que se encuentra en los bajos comerciales del edificio donde trabajo. Soy tipo de barra, no me gusta dar la imagen desvalida de los solitarios que ocupan una mesa. Allí, en la barra, me acodo y si tengo suerte pillo alguna banqueta. El bar está siempre repleto a esa hora, desayunos baratos, abundantes y honrados y una camarera de carnes que incitan a la antropofagia. Es además la mujer más simpática que he conocido nunca. La mezcla ideal. Poco sacrificio sería vender a mis hijas (de tenerlas) a un lupanar de Bombay si con ello consiguiera un efectivo filtro de amor.

Uno de los atractivos de este bar es que ofrece al cliente un rico surtido de periódicos. Bajo el colorista expositor de snacks, descansa el grupo que forma El País, El Mundo, ABC, Diario de Sevilla, Marca, más la correspondiente prensa gratuita. Mi vicio lector agradece que estos periódicos amenicen la ingesta. Hay días de suerte en que los tengo todos a mi disposición y puedo elegir; otros en cambio, los encuentro ocupados por clientes curiosos y es así que más de una vez me he tenido que conformar con la lectura del Alfa y Omega, el suplemento religioso del ABC, o una guía inmobiliaria.

El caso es que llevaba unas semanas observando a un nuevo parroquiano en el que se daba toda la sintomatología del lector compulsivo. Yo con mi periódico y él con el suyo trasegando tostadas y dándole mecánicas vueltas al café, fabricando al unísono pequeños maelstroms. Qué bonito. Pero esta armonía se rompió hace poco, cuando encontré vacío de prensa el rincón de la barra. Hice un recorrido visual por el recinto y en efecto, observé que ningún periódico estaba huérfano de ojos, de gafas. Mal rollo. Mi sorpresa fue que el parroquiano que digo (al que a partir de ahora llamaré el Cerdito, no sé por qué) leía un periódico tan tranquilo mientras apoyaba el codo sobre otros dos. Sin dilación, ya que mi comida y bebida estaban servidas, me acerqué a él y con toda corrección pero agarrando una esquina del Marca le dije: "¿Me permite? ¿este Marca es el de la casa, verdad?" La contestación me dejó preocupado: "Sí, es el de la casa, pero me lo voy a leer luego".

La respuesta, clara, nítida, demostró que aquel Cerdito era un acaparador y yo un débil abochornado. El Cerdito continuó bebiendo su absurdo zumo de naranja sin apreciar las heridas que, desde la otra punta, le ocasionaba mi mirada refulgente de odio. Casi media hora y nada, me tuve que marchar sin haberme echado una sola letra a las antiparras. Luego, cada vez que hemos coincidido, lo he seguido aborreciendo por partes. Empecé a odiar su sempiterno polo negro, su barba entrecana, sus brazos peludos, sus orejas como zapatos, el gesto de su mano al esparcir azúcar sobre una tostada y he terminado conjuntándolo todo y haciendo del grupo un amasijo vil. Cerdito marrano.

Pero, ¡ah!, si la venganza es un plato que se sirve frío, a determinadas alturas del mes, el mío estaba helado. Hoy, seis de octubre, ha sido el día en que a ese Cerdito le ha llegado su San Martín. Veamos: Bajé puntual a las diez y media. Todos los periódicos estaban ocupados pues en el rincón famoso solo quedaba un atrasado diario provincial. Me conformé y emprendí la lectura mientras la camarera me servía anteponiendo la visión de sus tetazas que son metáfora de leche y miel. Andaba yo inmiscuido en el relato de un crimen barriobajero cuando se presentó el Cerdito. Como siempre, dirigió la primera mirada al rincón periodístico y claro está, lo encontró vacío. En toda la barra era yo el único lector, el resto de periódicos como digo estaba disperso por entre las mesas del fondo del local. Con enorme satisfacción comprobé cómo le cambiaba la expresión al Cerdito, al Cerdito Acaparador. Antes de pedir nada a la portentosa camarera, estuvo largo rato husmeando con su hocico de gorrino los alrededores. No había para él el mínimo papel libre. Derrotado, hubo de sentarse a fagocitar la tostada que en su boca se transforma en bazofia inmunda.

Sólo yo y mi periódico teníamos ojos para él. Me observaba esperando cualquier gesto mío que indicara el fin de la lectura. Cada veinte o treinta segundos se levantaba y emprendía una nueva ronda por el comedor trasero y salía nervioso a la terraza exterior. Nada. Todo ocupado. Cerdito Nerviosito. Mientras, yo pasaba páginas regodeándome en la lentitud. El Cerdito tragaba su quina merecida, sufría como nunca y solo le hubiera faltado pedirme por favor que concluyera cuanto antes con su martirio. Ignoraba que ya tenía preparado mi plan. Cuando por fin terminé la última página e inicié el movimiento final de plegar el periódico, el Cerdito se bajó de la banqueta echando chiribitas por los ojos. Pero a medio metro lo dejé estupefacto pues apuré el último sorbo de café, pedí un vasito de agua y comencé una nueva lectura en falso. Imposible que yo pueda pasar a palabras el abatimiento del Cerdito y el cómo regresó a su lugar con los puños apretados con rabia demoníaca. Cerdito malo, Cerdito malo.

Volvió otra vez a su patrullaje pero todo era inútil. Sólo obtenía mayores dosis de escarnio. No hay nada para ti, Cerdito de polo negro ¿no lo entiendes? A pesar de todo debo confesar que tengo un fondo de bonhomía, pero insuficiente para impedir la estudiada lentitud que empleé para pedir el cobro, sacar el dinero de la cartera y esperar el cambio apoyado en las hojas que había requetesobado. Al Cerdito, pendiente de toda la operación, se le caían sus babitas porcinas. Terminó el proceso y vino hacia mí, seguro ya de mi marcha y esperando que depositase el periódico en su rincón original. Cerdito tonto. No fue así pues con toda elegancia y amparado en el doblez de la barra que ocultaba mis movimientos, dejé el periódico tirado en el suelo haciéndolo vecino de las servilletas arrugadas. Con placer cercano al éxtasis de la carne que parece promesa en la camarera, vi cómo el Cerdito --era su irremediable condición porcina-- se agachaba hasta el suelo para recogerlo.

Ahora me remuerde la conciencia. Debí haberle puesto los pies sobre la espalda paquidérmica y sin embargo, no lo hice. Soy buena gente.
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2 comentarios:

Boctulus dijo...

Interesante!

Como estas ? quiero ofrecer un empleo que consiste en escribir articulos a publicarse en tu blog.

Se paga por Paypal

Si fueras tan amable deja este comentario por si alguien mas le interesa ;)

Mi correo es pagoporpost@gmail.com y se me debe explicitar *en que blog* estaria publicandose el articulo -gracias!

Curiosa dijo...

Que machote joder que machote, por fin,,, eres un héroe. que Orgullosa me siento ja ja ja . otra otra otra.....