miércoles, marzo 17, 2010

"Shot the piano player" David Goodis



Ya el propio título, “Disparen SOBRE el pianista”, en vez del, entiendo, “Disparen AL pianista”, anuncia lo que nos vamos a encontrar en esta novela: La traducción más perruna y descabellada que jamás ha salido de cerebelo humano, y no lo digo por su origen argentino y su natural abundancia de sacos, frazadas, autos, encintados y cosas así, sino por otra abundancia, la de lo literal, la de los muchos pies de las muchas letras. Lo positivo de tal exceso es que tras la sorpresa y el darse a los diablos del comienzo, caemos en la cuenta y aprovechamos lo hilarante de algunas situaciones, siendo que al final acabamos pasándolo bien. No pasa nada por tanto, porque al igual que un buen guión no hay director malo ni actor pésimo capaz de cargárselo, así ocurre con esta novela de David Goodis, un oscuro escritor de pulp y chinquichanca de Hollywood que murió en la más perfecta de las miserias y olvidos antes de ser rescatado por los modernos de turno, en este caso por Truffaut, que hizo, justamente, versión cinematográfica y libérrima del texto.

La historia que plantea “Disparen sobre el pianista” (aceptemos el sobre aunque venga del juzgado) no es muy original que digamos. Se desarrolla en Filadelfia, en un bar honky tonk donde cada noche, un pianista con pasado en la línea del Piano Man de Billy Joel y oscuros secretos, ameniza los tragos de los borrachos y las putas del lugar. Su problema, o mejor dicho, uno de sus mayores problemas ya que su vida es toda ella un problema, resulta ser su hermanito, que perseguido por una pareja de gángsteres incansables a causa de unos negocios fallidos con la mafia, logra meterlo a él mismo en el ajo y ser consecuentemente perseguido con la misma saña.

La exposición de estas peripecias no deja tregua al lector. Lo que se llama acción trepidante con lenguaje directo, ausencia de adjetivos y verbos a punta pala. O sea, una novela escrita siguiendo las sacrosantas reglas del pulp. A pesar de todo, lo que puede distinguir a Goodis de otros maestros del género ya lo dice alguien mejor que yo: “En los melancólicos antihéroes de Raymond Chandler hay, siempre, una pizca de esperanza, una mirada piadosa, la búsqueda ideal. El Spade de Dashiell Hammett, duro y cínico, sabe que a pesar de todo es posible obtener un poco de justicia. Los personajes de Goodis, en cambio, están marcados desde su nacimiento: nada ni nadie puede alterar el curso de sus destinos. Un destino que jamás lleva hacia la luz. Un destino que es muerte, autodestrucción, autohumillación, culpa, impotencia, derrota y desolación.” (Alberto González Toro). Esto es, una perfecta traslación a la escritura de la propia vida de Goodis, un judío que firmó 17 novelas con su nombre y, lo más célebre tal vez, el guión de “Sendas tenebrosas” (1946), film que protagonizaron Bogart&Bacall.

Desconozco si es fácil o difícil conseguir en la actualidad un ejemplar de la obra, pero sin duda merecería la pena informarse e intentarlo porque juzgo que es novela de mucho entretenimiento y gusto, y con la que se aprenden un par de cosas al menos, cómo escribir con agilidad y cómo traducir a la pata la llana. En versión electrónica que es la que servidor ha leído, no hay problema en encontrarla, por lo que, por supuesto, la pongo a disposición de todo aquel que la solicite.

2 comentarios:

la abuela bloguera dijo...

Buen prescriptor de literatura estás hecho. Menuda pieza. Qué elemento!

Joder, estas particulas neutras: pieza, elemento Las hemos llenado de contenido, las hemos contaminado de connotaciones. Recuperemos su pureza ¿no? Pieza, venga, como parte de un todo, soldado del equilibrio, carente de voluntad, pero paradojicamente voluntarioso.

Josemaría García Toledo dijo...

Perfecto Sap. Acepto tu ofrecimiento, a ver si aprendo de una vez a escribir sencillo.