sábado, noviembre 11, 2017

Con Chiquito en el corazón

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Observé que con este hombre indefinible nacido después de los dolores –más que humorista, me parece un constructo extraño al que los surrealistas se lo hubieran comido a pellizcos– se cumplía una regla: no todos sus seguidores tienen imaginación; pero sí les falta toda imaginación a sus detractores.

Viendo hace un rato una entrevista que le hizo Buenafuente en su programa, advertí que una de las cualidades de Chiquito fue predisponernos a ser felices por un rato, tan buena acogida tenía su gestualidad y su verborrea aplicadas a unos chistes tan malos como desarrollados en un continuo macguffin. La otra, la otra cualidad, fue renovar, enriquecer la lengua española como nunca antes había sucedido y como ningún literato o académico lo había hecho. Y así resultó que un día, de la noche a la mañana, una buena parte de la población de este país, sin distinción de clases, edades ni “sensibilidades”, desde Agamenón a su porquero, desde un jovencillo Puigdemont a un solemne juez del Supremo, se levantó de la cama ejecutando mímicas chiquitescas y adoptando sus expresiones y su delirante vocabulario, incluyendo esa asombrosa palabra, esa chispa de genio, que es “fistro”, la solución a todos los problemas lingüísticos porque todos los significados están contenidos en ella.

Ya sólo por eso, Chiquito era grande, tan grande que si su estatura se hubiera medido en bondad y modestia, hubiera podido jugar de pívot en la NBA; porque además –algo que muchos hubieran explotado con petulancia–, se daba en él la circunstancia de no mantener débito artístico con nadie: el producto que nos ofreció fue absolutamente original y sorprendente, lleno de inocencia, porque al final resultó que el pecador de la pradera, el torpedo sersuarl, el de las caiditas de Roma, las guarreridas españolas y el del hamatoma diodenarl y la Meletérica, era tan limpio de alma como el fistro de su corazón. Siendo así, ¿quién no iba a quererlo?

Un beso en tu calva de hombre bueno, Chiquito, gracias por todo lo que nos diste y hasta luegooorl, Lucaaar.

:-*
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4 comentarios:

Manuel Carrasco Rubio dijo...

Confieso que durante mucho tiempo ni era seguidor ni me gustaba su humor. Tardé tiempo en darme cuenta de su exclusividad y genialidad. Quizás desde que percibí por algunas entrevistas, que se trataba de un hombre bueno, algo que, a mi corto entender. siempre ha de ser valorado como cualidad sobresaliente.
Coincidió por aquello inicios que, un atardecer, yo regresaba de Madrid de una reunión de trabajo. Caminaba a lo largo de un andén para subir al AVE, cuando el rodar de una maleta me hizo volver la vista atrás. Me seguía Chiquito a corta distancia, en un largo tramo y en soledad. Seguí sin más en busca de mi vagón.
Ahora me queda el pesar de, como decía Bécquer en una de sus poesías: ¿Por qué no hablé yo aquel día?

Francisco Manuel Espinosa Carrasco dijo...

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No soy nada mitómano fuera de los literatos, pero Chiquito de la Calzada merecía ser una excepción. Le hubiera pedido un autógrafo.

:-)

Luis González dijo...

Hola Manolito desde el IES UNIVERSIDAD LABORAL de ALbacete. Los alumnos del curso 2º Bachillerato están visitando tu glog para aprender a gestionar estas páginas. Gracias por tus interesantes entradas y comentarios.
Saludos!

Francisco Manuel Espinosa Carrasco dijo...

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Pues os quedo muy agradecido por vuestra visita a mi domicilio virtual que, deseo, haya sido de provecho docente.

Un abrazo y saludos a la muchachada.

:-)