lunes, septiembre 24, 2012

Percepción del objeto artístico

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Hacía tiempo que no me metía en berenjenales artísticos, pero el débito de un regalo a un ser querido me decidió a retomar los trastos de grabar y así, provisto de una buena plancha de cobre, afilado el buril, adquirido el aguafuerte y engrasado el tórculo, me remangué hasta dar fin con la obligada firma a la obra que adjunto arriba. Decidí titularla “Espadas como lirios” en recuerdo de una imagen lorquiana. Tras enmarcarla bajo cristal y ribeteada de negro paspartú, la presenté a la persona a quien iba dirigida, consiguiendo arrancar tanto de ella como de los miembros de su familia encendidos elogios.

Con toda cortesía, buscaron de inmediato el lugar propicio donde colgar el cuadro. Tras algunas vacilaciones, dieron con el sitio adecuado. “Tiene algo de étnico el motivo, ¿verdad?... Algo de estampado textil africano”, comentábamos mientras tomando la debida distancia analizábamos la composición. Pero de pronto, a la hora del té con pastas, me sobrevinieron tres urgentes necesidades, la primera hacer pipí; la segunda, prepararme otro cubatita y la tercera, sincerarme tanto con ellos como con quien en este momento lea esta entrada.

Naaaada de grabado, buril ni aguafuerte. Todo es mentira. Uds. me perdonen: Mentira cochina. Más que nunca, la obra que muestro es ‘fruto del azar’, porque verán, ¿se acuerdan Uds. —al menos la miríada de seguidores que siguen este blog tienen el deber de recordar— de la receta a base de patatas que presenté hace unos meses en este mismo espacio? Si no la recuerdan, yo les ayudo. Se trata de esta que sigue, así que pinchen si miedo: “Patatas estilo cajún”.

Pues en una mala elaboración de la misma se encuentra la génesis de la obra. En concreto en el olvidárseme añadir aceite al aliño patatil, lo que provocó que se me quemaran y consecuentemente dejaran su impronta de chamusquina sobre el papel vegetal de hornear. El estropicio, por el contrario, me sorprendió con esta criatura maravillosa nacida de la casualidad. Por supuesto, en cuanto desvelé la verdadera maternidad a mis anfitriones, la obra pareció perder de golpe todo su valor, por lo que debí consolarlos acudiendo a ejemplos ilustres tales los ready-mades de Duchamp o de Picasso. Aquello pareció aliviarles y puso freno a su deseo de tirar el cuadro a la basura. Sin pensarlo, fue también la casualidad quien nos ofreció la mejor y más importante lección, que el arte no se encuentra en el objeto sino en el ojo de quien lo mira. O lo que es lo mismo, el arte es una función de la mirada antes que de la mano.

(Para quien así lo desee, por 50 eurillos de nada repito el proceso. Gastos de envío no incluidos).
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9 comentarios:

María dijo...


Abstente de llevarles un urinario firmado la próxima vez, que te veo las intenciones ;-)))

(Fuera de coña, has inventado una técnica, que lo sepas. Cualquier día hago yo otra prueba armada de papas y papel de hornear).

Manuel Carrasco Rubio dijo...

Esto es como para decoonarse de risa. Como hubiera disfrutado de haber estado presente.

Anónimo dijo...

He aquí la afortunada de tener la magnifica obra en el salon de su casa.Suerte la mia que gracias al cristal del enmarcado no deja salir el olor a patata quemada,jajaja.
Fuera de coña realmente resulta una obra curiosa y muy original. ¡por fin! tengo un cuadro del artista, de nuevo muchas gracias por el detalle.

BK BK dijo...

Jajaja pero qué cachondo eres.... y yo qué pardilla: al principio pensaba que habías reproducido en cobre lo que te salió por casualidad -había leído la entrada del olvido del aceite en las patatas-. Pero yo creo que sí es arte. Es agradable de mirar. Además, si en Arco consideran arte una defecación canina (caca de perro, para entendernos) teñida de rosa (si le echas frikies de vegetales el perrito la tiñe de forma natural); tu cuadro patatero lo es mucho más.

Sap. dijo...

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María, Sr. Carrasco, Pato y Beká:

Gracias por deteneros en este punto del inmenso piélago internetero y dejar escritas vuestras amables consideraciones.

Con vuestro apoyo, seguiré escribiendo gilipolleces.

:-)

El Abuelito dijo...

¡Cuán reveladora anécdota, rica en contenido e interpretaciones, de ninguna de las cuales sale airosa nuestra visión, henchida de vanidad, del arte moderno...! Con su permiso me la apropio y la contaré a las amistades cuando venga a cuento, pues es aleccionadora como pocas...!

Anónimo dijo...

>Con vuestro apoyo, seguiré escribiendo gilipolleces.

Tu humildad te ennoblece. Si bien no desearía que quedara disminuida tu capacidad de crear entradas dignas de atención ni la nuestra de apreciarlo.

Esta entrada también es buena. La forma de conseguir un resultado no menoscaba el resultado.

No te detengas.

;-)

azx

Sap. dijo...

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Abuelito, Ud. sabe que al entrar en este blog, toma posesión de su casa.

:-)

Sap. dijo...

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Me alegra verte por aquí, amigo azx.
En efecto, como reza el viejo principio jesuítico: "El fin justifica los medios" (aunque tanto el fin como los medios sean casuales).

:-)