viernes, julio 30, 2010

Damero Maldito, nº 16 (agosto)


Sol, sudor y bolas de nieve

A poco que nos abstraigamos en los días que se avecinan (y para ello nada mejor que este Damero) de todo cuanto representa la servidumbre agosteña de vernos rodeados por desvergonzada gente en bañador, nos daremos cuenta de lo poco que falta para concluir el presente año. Así que para ganar tiempo, unamos nuestras voces en un estentóreo ¡Feliz Navidad y Próspero 2011!

Consígalo completamente gratis donde siempre, aquí: El Damero del Vecind(i)ario



miércoles, julio 28, 2010

Boligrafía 4

La presente boligrafía, suma al misterio inherente al género el tener un origen bien documentado pues ha surgido hace apenas unos minutos durante conversación telefónica mantenida con un individuo que decía llamarse J. M. Ramírez, sujeto que ruega le facilite un CD con copias de una serie de apartamentos que debe registrar en el Catastro Municipal. Tan engorroso contratiempo no explica ese amanecer protagonizado por un ¿sonriente? sol.

lunes, julio 26, 2010

viernes, julio 23, 2010

Movilgrafías: "Ilusiones palmípedas"

 
 
 
El Hermano Pato, tras recibir la noticia de que lo iban a hacer abuelo, se fue de farra con los Hermanos Cerdos y los Hermanos Pollos para celebrarlo.

Las claras del día, tras las yemas de la noche (esto era un chiste, ojo), lo sorprendieron en plena calle.
Antes de quedarse dormido por los efectos del vodka, pensó que cuánto le gustaría que al nietecillo o nietecilla le pusieran de nombre Julio o Julia. "Para luego llamarlo Julito o Julita", se dijo.

lunes, julio 19, 2010

Movilgrafías: "Algo suntuoso"



Este inodoro para discapacitados goza de un diseño potente. Pero lejos de romper con barreras arquitectónicas, su gran alzada lo hace, incluso, mayestático; apropiado para perorar ante un auditorio que se disputaría ferozmente cada uno de los centímetros cuadrados del cubículo. Su solemne conjunto de barras, su mecanismo de palancas, lo hace también artilugio gimnástico o aparato de tortura. Depende.
Lástima que fuera una simple micción (efectuada de puntillas) la que nos ocupó. De seguro que un tiempo entretenido en aguas mayores nos hubiera reportado una grata experiencia.

miércoles, julio 14, 2010

"El conspirador" Humphrey Slater



Hum. Interesante individuo este Humphrey Slater, autor de “El conspirador”, novela que me atrevo a recomendar como evasiva lectura veraniega. Y digo interesante porque Humphrey Slater (1906), escritor británico de tan escasa como apreciada obra, fue un caballero que a mediados de los años veinte era un prometedor artista abstracto, que a principios de los treinta, como tantos mozalbetes de familias distinguidas, se afilia al Partido Comunista y que acto seguido, catapún, se hace un activista de padre y muy señor mío. Más tarde y al igual que Orwell, haciéndose eco de la llamada de España, se enrola en las Brigadas Internacionales y para acá que se viene a soltar soflamas que poco le durarán porque es allí, en los frentes bélicos de la Guerra Civil, donde testigo de las purgas y los tejemanejes antitroskistas, terminará desengañado de sus convicciones políticas. En poco tiempo, Slater pasó de ser un hombre de partido que propagaba su doctrina por Europa a dedicar sus esfuerzos a la lucha anticomunista, fundando entre otras cosas revistas de señalado signo contrario con la colaboración de su antiguo camarada, el larguirucho Orwell (me apuesto el cuello que en este exagerado vaivén, y como es habitual, debió mediar un asunto de faldas o de cuernos, que viene a ser lo mismo).

Finalmente, en 1958, Slater decide viajar a España para revisitar los lugares en los que estuvo durante la contienda. En su correspondencia anota que ha comenzado a escribir sus memorias. Es lo último que sabemos de él, ya que Slater en la, repito, España de 1958, hizo ¡puf! Desapareció. Se desvaneció. Nunca más se supo de este hombre.

La novela, de poco más de 200 páginas, publicada por Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores y con traducción de dos viejos amigos, Montserrat Gurguí y Hernán Sabaté, es un relato de acción rápida (lo de acción trepidante es que aparte de visto sería exagerado) que desde un comienzo a propósito edulcorado y algo ñoño, muy british, con muchas granjas, sánwiches de pepino y trajes de tweed, desembocará en la emocionante peripecia —algo previsible a veces— de sus protagonistas, el ambicioso comandante Lightfoot, miembro de la Guardia de Granaderos, pero que alberga secreta querencia por los soviéticos, y Harriet, su joven y bella esposa, teniendo como fondo principal el Londres de comienzos de la Guerra Fría. Inquietantes intrigas, intensos disimulos, órdenes tajantes son también reflejo de la propia biografía del autor que tan bien conoció estos entresijos… Y hasta aquí llegué porque no puedo contar más. Apuntar tan sólo que existe una versión cinematográfica en la que los principales papeles fueron encarnados por dos Taylor, Isabel y Roberto, pero de la que nada puedo decir porque no la he visto. Si alguien del público la pudiera tararear le quedaría muy agradecido…
 

viernes, julio 09, 2010

miércoles, julio 07, 2010

"Jarrapellejos", Felipe Trigo

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Para contrarrestar estos tiempos de literatura muelle y bobalicona, presentada a modo de cagaditas de caniche envueltas en papel de regalo y con lacito de celofán, nada mejor que meterle mano a esta novela que publicó en 1914 Felipe Trigo, autor de enorme éxito en su tiempo, de fantástica biografía, erotómano, dandy decadente y finalmente, suicida de los de volarse los sesos de un pistoletazo.

En efecto, Jarrapellejos, título fonéticodescriptivo que con la conjunción de sus jotas ásperas y sus erres como dientes de sierra nos resume lo que vamos a encontrar en su interior, un momento histórico (el caciquismo), un territorio y unas gentes que, para seguir con el símil fónico, se albergan en las duras zetas finales de lo atroz, lo feroz y lo soez, es una inmersión en aquella España negra y profunda que fue inagotable fuente de literatura de cordel y romances de ciego, una invitación a sumergirnos en la vileza que puede alcanzar el género humano y a empaparnos de sangre hasta las corvas y los codos. ¡Crímenes, violaciones, evocaciones de París, incendios pavorosos, deshonras calderonianas, sportmans de exquisitos modales, cárceles pueblerinas, tinto calentorro de pobres, champán helado de señoritos! ¡y moscas, muchas moscas!

Ciertamente, y a poco que nos sobrepongamos al lenguaje decimonónico y altisonante en exceso de Trigo —que se colorea con transcripciones dialectales y se hace más sintético conforme avanza la acción, menos mal—, la figura del protagonista, Pedro Luis Jarrapellejos, cacique de la localidad extremeña de La Joya, dueño de vidas y haciendas, campechano y paternal con los que oprime hasta la humillación e implacable con los que se atreven a contradecirle o a negarle un favor sexual, será el hilo —qué hilo ni qué hilo, ¡la soga de esparto!— que nos conducirá a través del infortunio cuasi africano de las hambrunas, el paludismo y las plagas de langostas (escena ésta de las langostas que abre vigorosamente la novela) que soportan aquellos desgraciados a los que tanto él como sus esbirros y la caterva de señoritos de casino, empobrecen y expolian hasta obligarlos a vender a sus mujeres para que sean preñadas como burras, su actividad favorita, porque la presunción de ser los padres naturales de los hijos de las pastoras, las criadas o las labriegas es el mayor prestigio anejo al poder.

Como pueden adivinar, en Jarrapellejos no encontrarán ni sosainas medias tintas ni comiditas light para adelgazar; no, nada de eso. Sobre el discurso regeneracionista de Trigo a la manera de un Joaquín Costa priman las eyaculaciones del estupro, el adulterio de los hambrientos, el asfixiante sometimiento a la cerril Iglesia y la corrupción perpetua del régimen encarnada en un marionetista en la oscuridad, o sea, todo lo que inocentonamente pretendió arreglar la futura República sin resultados. El huevo de la serpiente que eclosionaría veintipico años más tarde, ya se estaba gestando aquí, en el reseco vientre de la España depauperada.

Eso sí, no dejen de sentir inquietud si deciden emprender pronto la lectura de esta novela porque en estos días en los que somos tantos los que soportamos calorazos saharianos, aunar las temperaturas delirantes que nos mortifican con la lectura de Jarrapellejos puede acarrear fatales consecuencias. Cuidadín porque podemos convertir nuestro entorno en un nuevo Puerto Hurraco. Mántengase alejados de los cuchillos cebolleros y del trabuco del bisabuelo.

Abundando y acabando, comento que hace ya sus añitos el director Antonio Giménez Rico realizó una versión cinematográfica de la novela. Aprovechando la inercia de la lectura, procuré verla hace unos días. Aguanté diez minutos. Desestímenla. Menuda mierda de película.

Felipe Trigo en la Wiki:

Jarrapellejos en pdf:
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viernes, julio 02, 2010

Damero Maldito, nº 15 (julio)


Alguien dejó dicho por ahí, por algún lado, que el verano es el mejor amigo de los pobres. Así que para participar de la alegría de los menesterosos con la llegada de la nueva estación, la entrega de este damero juliano viene acompañada por un ortodoxo crucigrama que podrán encontrar en el mismo archivo. Disfrútenlo. Sean pobres, pero pobres felices, pobres veraniegos.
¿Que dónde descargarlo? Pues como siempre, aquí: Damero Maldito